20 octubre 2011

El PKK vuelve a recuperar su trayectoria más sangrienta (El Periódico)

En agosto de 1984 el PKK estrenó su sangriento historial atacando dos puestos militares. Turquía acababa de salir del periodo de la Junta Militar con una nueva Constitución –muy conservadora y, aunque reformada, aún en vigor– que negaba todo derecho a los entre 12 y 15 millones de kurdos que habitan en Turquía. Para la enferma mente del entonces presidente turco, el general Kenan Evren, los kurdos eran turcos que hablaban mal su lengua y la palabra kurdo no era sino una onomatopeya, el sonido que producían las botas al caminar sobre las níveas cumbres de la zona. El problema de esta teoría, entre otros, es que muchos kurdos no podían siquiera permitirse comprar botas, eran la porción más pobre y abandonada de Turquía. Les sobraban los motivos para luchar.
Aun así, el líder del PKK, Abdulá Öcalan, un hombre que nunca ha destacado por su valentía, esperó a hallarse resguardado en Siria para ordenar a sus seguidores declarar la guerra al Estado turco. Los 90 vieron los peores combates en esta contienda que ya se ha cobrado unas 45.000 vidas, con constantes violaciones de derechos humanos por parte del PKK y del Ejército, que recurrió a la guerra sucia y a la quema de pueblos.
Oportunidad perdida
Sin embargo, la captura de Öcalan en 1999 –quien, temiendo por su vida, ordenó a sus hombres retirarse a Irak– y el inicio de las reformas democratizadoras abrieron una ventana a la esperanza. En los últimos años han abierto medios de comunicación en kurdo, los nacionalistas kurdos han logrado su propio grupo parlamentario y se ha establecido un diálogo entre el Gobierno y la cúpula del PKK. En el 2009 se estuvo a punto de lograr un acuerdo de paz, pero la lentitud del Gobierno y el maximalismo de los nacionalistas de ambos bandos dieron al traste con la oportunidad.
Tras las elecciones de junio, el PKK –que vive fuertes tensiones internas entre el ala más radical y la dirección más moderada– ha incrementado sus ataques y ha recuperado la práctica de secuestrar a maestros y trabajadores.
Un centenar de miembros de las fuerzas de seguridad y una veintena de civiles han muerto en atentados de los últimos meses. El de ayer –tras un ataque el martes en el que fallecieron 5 policías y 4 civiles, incluyendo una niña de 2 años– fue el mayor en casi dos décadas y el quinto más letal del PKK; el cuarto si se tiene en cuenta que uno en 1993 –en el que 33 soldados fueron ejecutados sin piedad– fue cometido por el ala radical del PKK por encargo del llamado Estado Profundo turco, las oscuras instancias que dirigían la guerra sucia.

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