06 noviembre 2011

La encrucijada de la deuda Europea: así no vamos bien

Andrés Mourenza
Puedo entender que durante la época de bonanza, la gente no hiciera caso de los 'radicales' cuando criticábamos el despilfarro en ciertas infraestructuras inútiles y el abuso en la construcción de líneas de Alta Velocidad; cuando opinábamos que el Plan Bolonia, si se aplicaba mal -como se ha hecho-, iba a suponer un encarecimiento de los estudios y una elitización de la universidad; cuando decíamos que las políticas económicas y laborales dictadas por la UE no nos beneficiaban en absoluto; puedo entender que, entonces, muchos se fiasen más de aquellos economistas, tecnócratas y políticos que nos tachaban de agoreros y de ignorantes sobre Economía.
Lo que no me entra en la cabeza es que después que esos mismos economistas, tecnócratas y políticos no hayan sabido ver las dos crisis (si bien parte de una misma) que se nos han venido encima en los últimos años, sigamos en manos de ellos y apliquemos, para salir de la crisis, las mismas recetas que nos arrojaron a ella.
La crisis de la deuda europea no se va a resolver dando a Grecia nuevos paquetes de 'ayuda', porque estas ayudas no son sino préstamos que se entregan a Grecia a un interés superior que a otros estados. Valga recordar que en mayo de 2010, la deuda soberana helena se situaba en el 110 % del PIB (igual que la italiana actualmente), mientras que ahora -varios 'rescates' europeos mediante- la deuda griega supone más del 160 % del PIB. Gracias a la llamada condonación del 50 % de su deuda acordada el pasado 27 de octubre (que no es tal condonación, pues exige la recapitalización pública de varios bancos afectados, otro día lo explicaremos con más detalle) se prevé que la deuda de Grecia vuelva a reducirse al 120 %... ¡en 2020! Es decir, Grecia habrá perdido una década para volver al punto de partida. Estará igual o incluso peor, porque entre tanto, a cambio de recibir los préstamos europeos y del FMI, habrá tenido que poner de rodillas a su economía a base de recortes sociales.
Señores... esto no va a funcionar. Incluso desde una lógica económica liberal, las exigencias que se están haciendo a Grecia carecen de sentido. Sin inversión privada (pues los inversores internacionales 'recelan' de la inestabilidad griega y los locales tienen los dedos pillados por la falta de liquidez); sin un Estado que promueva la inversión productiva pues se le exige superávits presupuestarios primarios (actualmente es de 3.000 millones de euros) para poder dedicarse a pagar la deuda y sus intereses; con un desempleo galopante; con los sueldos y las pensiones congelados para los más afortunados, reducidos para el resto; con las pequeñas y medianas empresas en quiebra... ¿cómo carajo pretenden que su tan alabado "Consumo" no vaya a pique? La economía se estancará y, de este modo, el Estado recaudará cada vez menos impuestos o elevará los indirectos (como ya está haciendo), ahogando a las familias de clase media y baja. Y se verá obligado a hacer nuevos recortes, dedicando todo su esfuerzo económico a pagar la deuda y los intereses de ésta hasta que, más pronto o más tarde, termine por declararse en suspensión de pagos.
Tras tres días en Grecia observando la tragicomedia política y las impresentables presiones que se han hecho sobre el ya ex gobierno de Papandreu (¿o qué es sino un chantaje la amenaza europea y del FMI de no entregar el dinero de préstamos ya pactados anteriormente -a cambio de un tremendo precio político y social para los griegos- si Papandreu no retiraba el referendo sobre el acuerdo del 27 de octubre?) he podido ver cómo la situación es muy grave en Grecia. No sólo las dificultades económicas han aumentado para la gran parte de las familias trabajadoras, la pobreza y la miseria se están extendiendo con rapidez. Y si continuamos aplicando las mismas medidas, no sólo Grecia sino también Portugal, Irlanda y España seguirán el mismo camino.
Actualmente estamos en manos de dirigentes con muy poco o ningún contacto con la economía real de los millones de personas sobre las que gobiernan, y lo digo con cierto conocimiento de causa, pues en los últimos siete años he conocido a unos cuantos políticos de diversas nacionalidades. Son gente, la mayoría, que jamás ha trabajado en un empleo que podría considerar habitual la gran parte de la población. Que en su vida han sabido lo que significa trabajar en un empleo precario, o el drama del paro, o el embargo de su vivienda. Gente que, o bien ellos o bien sus hijos, se han educado en en escuelas y universidades no ya privadas, sino extremadamente elitistas. La madrugada del sábado, después de la votación de la cuestión de confianza al gobierno de Papandreu, comentaba mi colega Yannis Chryssoverghis que casi todos los políticos griegos que han dirigido Grecia en los últimos años han cursado sus estudios o sus doctorados en la London School of Economics. ¿Qué les enseñan en tan afamada escuela?
Horas antes, mientras esperaba para entrar en el parlamento, conversaba con un periodista brasileño que me decía: "En cierto modo, esto es hasta gracioso para nosotros. Es lo que pasó en Latinoamérica en los noventa: la crisis económica, las recetas del FMI, las presiones exteriores, la caída y crisis de gobiernos...". Si los planes de choque ya se demostraron fallidos en Sudamérica hace no mucho tiempo, ¿por qué seguimos nosotros la misma receta?
Escrito en Atenas el 5 de noviembre de 2011
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MÁS INFORMACIÓN SOBRE LA SITUACIÓN SOCIAL POLÍTICA Y ECONÓMICA DE GRECIA: "Grecia en la encrucijada", por Andrés Mourenza. En El Periódico de Catalunya

1 comentario:

Frank dijo...

En tiempos de la abundancia los radicales que critican el despilfarro siempre han sido mal vistos, sin embargo la historia le está dando la razón una y otra vez, la Economía psa por un mal momento, si lo hubiésemos pensado antes no? Buen post.