11 noviembre 2011

Turquía vuelve a temblar, con al menos diez nuevas víctimas mortales (EFE - El Día)

Al menos diez personas murieron hoy en el este de Turquía donde la tierra volvió a temblar anoche, sólo 17 días después de un fuerte terremoto en la misma zona que causó más de 600 víctimas mortales y miles de heridos.
Según el último balance de las autoridades turcas, el nuevo seísmo, ocurrido en la provincia de Van, dejó diez personas muertas, una de ellas de nacionalidad japonesa, mientras que 28 pudieron ser rescatadas con vida de los escombros de edificios colapsados. La mayor parte de estos supervivientes fueron ingresados debido a la gravedad de las heridas sufridas, indicó la Agencia de Gestión de Catástrofes y Situaciones de Emergencia del Gobierno turco. Al menos 15 de ellos fueron trasladados en helicópteros a Ankara, la capital de Turquía, que se encuentra a más de 1.200 kilómetros de distancia.
Eran las 21.23 hora local del miércoles (19.23 GMT) cuando un terremoto de 5,6 grados de magnitud en la escala de Richter golpeó la provincia de Van, con el epicentro situado en la localidad de Edremit a cinco kilómetros de profundidad. Pero en Edremit y en otras localidades apenas se registraron daños, al contrario que en la cercana capital provincial de Van (unos 300.000 habitantes), donde unos 25 edificios se vinieron abajo. La mayoría de los edificios destruidos ya habían sufrido daños severos en el seísmo de 7,2 grados de magnitud del pasado 23 de octubre y habían sido evacuados, por lo que nadie se encontraba en su interior en el momento del nuevo terremoto. Sin embargo, dos hoteles, el Bayram y el Aslan, que aparentemente no habían sufrido desperfectos, se desplomaron, dejando atrapados a varios de sus clientes.
En el hotel Bayram "no se percibían muestras de que hubiese sufrido daños. No había grietas, ni azulejos, ni vidrios rotos. Y lo habían renovado el pasado año", recordó hoy en declaraciones una periodista española que se alojó en ese establecimiento hace dos semanas, como muchos otros informadores y voluntarios que acudieron a Van tras el terremoto de octubre. Tras ser rescatado de entre las ruinas, el propio propietario del hotel, Aslan Bayram, explicó a la cadena CNN-Türk que él y su familia estaban residiendo en él pues temían que su hogar no fuese seguro debido a las constantes réplicas del anterior terremoto. Bayram aseguró que cuatro arquitectos habían examinado el hotel y los posibles daños, pero no detectaron problemas.
Según informó CNN-Türk, la japonesa Miyuki Konnai, que había venido de su país para ayudar a los damnificados del terremoto del 23 de octubre, fue rescatada con heridas, pero consciente. Por la mañana se localizó a su compañero, el doctor Atsushi Miyazaki, quien fue rescatado con vida aunque en estado muy débil, por lo que se le efectuó un masaje cardíaco durante 15 minutos, pese al cual finalmente falleció en el hospital. Mientras, dos periodistas de la agencia de noticias privada turca "DHA" aún permanecen bajo los escombros de ese hotel.
"Estoy seguro de que, a pesar de todo, estos edificios que se han caído habían sufrido daños el 23 de octubre", afirmó hoy el director del Centro Sismológico Kandilli de Estambul, Dogan Kalafat. "Lo más triste es que un terremoto de magnitud 5,6 no debería ser causa de desplomes ni de pérdidas humanas. Pero (lo que ha pasado) no es una sorpresa. Si estos edificios se hubiesen construido con medidas antisísmicas, ahora no estaríamos hablando de pérdidas humanas", criticó el experto.
Las nuevas muertes han encendido los ánimos de la población de Van, de mayoría kurda, que hoy organizó una protesta contra la visita de varios ministros del Gobierno central. Los manifestantes se quejaban de que el delegado del Gobierno en Van, Münir Karaloglu, hubiese dicho a los vecinos de la ciudad que regresasen "a las casas que no se han caído", ya que no había suficientes tiendas de campaña ni casas prefabricadas para alojar a los damnificados del anterior seísmo. La policía se empleó con dureza contra la protesta y dispersó a los manifestantes con porrazos y lanzando gas lacrimógeno, algo que finalmente terminó afectando a los propios trabajadores de los equipos de rescate.

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