18 abril 2010

La papeleta de la unificación (los turcochipriotas acuden a las urnas)

ANDRÉS MOURENZA
NICOSIA
Si Andreas y Günes, dos agricultores del agreste extremo occidental de Chipre, desean verse para hablar del campo o de la familia deben dar un rodeo de más de cuatro horas, a pesar de que sus pueblos, Kato Pyrgos y Yesilirmak, se encuentran apenas a siete kilómetros de distancia. El problema es que el primero se halla en el lado grecochipriota y el segundo, en el turcochipriota. Les separa la Línea Verde, una zona tapón protegida por la Fuerza de Paz de la ONU en Chipre (UNFICYP).
El pasado 29 de marzo se iniciaron las obras para la construcción de un puesto de control que permitirá que gente como Andreas y Günes se reencuentren. La apertura de este paso –el séptimo desde que se permitió por primera vez a los chipriotas cruzar al otro lado en el 2003– se ha producido gracias a la sintonía entre los gobernantes de la República de Chipre, el grecochipriota Dimitris Christofias, y el de la República Turca del Norte de Chipre (RTNC), Mehmet Ali Talat, ambos izquierdistas y favorables a la reunificación.
De hecho, los dos líderes negocian desde el 2008 poner fin a la división de la isla, que data de 1974, cuando Turquía invadió el tercio norte de Chipre en respuesta a un golpe de estado patrocinado por Grecia.
«Hasta ahora ha habido 70 reu-niones entre los dos líderes. Se han centrado en la cuestión de gobierno y reparto de poderes, que es la madre de todos los problemas. Hay una gran convergencia», explica Ahmet Sözen, un profesor turcochipriota implicado en las negociaciones. Sözen subraya además el hecho de que los actuales gobiernos de Turquía y Grecia –dos países que según la Constitución de Chipre actúan de garantes de la isla– son también favorables a la reunificación.
Sin embargo, esta sinergia podría desaparecer hoy. La RTNC (solo reconocida internacionalmente por Ankara) celebra elecciones presidenciales y las encuestas dan la victoria al nacionalista Dervis Eroglu. Los turcochipriotas podrían volcar sus votos en la derecha, decepcionados por el resultado del referendo de reunificación del 2004 –en el que ellos dieron un mayoritario pero los grecochipriotas se opusieron– y por la lentitud de las presentes negociaciones.
«Se trata de un proceso lento por su propia naturaleza y no puede ser de otra manera, pero está siendo productivo. El hecho de que las dos partes sigan negociando a pesar de las enormes dificultades del proceso y de la resistencia dentro de las propias comunidades, demuestra que (Christofias y Talat) están comprometidos en encontrar una solución», añade el portavoz de la ONU en Chipre, José Díaz.
Los sondeos indican que Eroglu aventaja en 10 puntos al actual presidente, aunque debido a una reciente escisión en su partido los expertos rebajan la diferencia a solo 2, lo que podría forzar una segunda vuelta. «Si mi oponente gana, las negociaciones terminarán y encima la responsabilidad recaerá en los turcochipriotas», opina Talat. Su rival se negó a hablar con EL PERIÓDICO.
«Las encuestas muestran que la mayoría de los chipriotas no creen que se vaya a alcanzar una solución, ya que las primeras negociaciones empezaron en 1968. Sin embargo, al preguntarles si quieren una solución, la mayoría responde que sí. Hay deseo, pero no esperanza», analiza el profesor Sözen.

En la apertura del último puesto de control, el campesino Andreas se aproximó a los dos presidentes de la isla y les espetó: «Este nuevo check-point es un gran paso. Pero queremos que negociéis la paz definitiva de buena fe para poder movernos en nuestro país libremente. No nos gustan los puestos de control». «A nosotros tampoco», replicaron.

Entrevista al presidente de la República de Chipre, Dmitris Chistofias: «Los chipriotas debemos poner fin a la tragedia de la partición»

ANDRÉS MOURENZA
NICOSIA / ENVIADO ESPECIAL

El presidente de la República de Chipre, Dimitris Christofias, recibe a EL PERIÓDICO en el Palacio Presidencial a las afueras de Nicosia --donde quedan signos de los combates de la guerra de 1974 que provocó la división de la isla en una mitad griega y otra turca-- para valorar las negociaciones de reunificación emprendidas con su colega turcochipriota Mehmet Ali Talat.

–¿En que punto se encuentra el proceso de reunificación?

–Hay avances. Hemos acordado que Chipre será un país federal, aunque hay diferentes perspectivas respecto al modo y la proporción en que participará cada comunidad en el Gobierno. Tenemos que tocar aún otros temas en los que hemos detectado que hay mayores diferencias. Miramos hacia adelante. Necesitamos un país unido. Chipre es muy pequeño para estar dividido permanentemente.

–¿Está dispuestos los grecochipriotas a ceder poder a los turcochipriotas?

–Debemos hacerlo. Los grecochipriotas son el 80%, pero deben entender que compartirán el poder con los turcochipriotas y, viceversa, los turcochipriotas deben entender que no habrá igualdad numérica en los órganos de decisión porque los grecochipriotas son mayoría. Los chipriotas debemos poner fin a la tragedia de la división.

–Entonces, ¿se arrepiente de haber pedido el no en el referendo de reunificación del 2004?

–Mi partido tomó la decisión correcta. El plan Annan venía de fuera y el origen de todas nuestras tragedias son las interferencias externas en los asuntos internos de Chipre. Por eso fracasó. He pedido al actual secretario general de la ONU que estas negociaciones sean dirigidas por los chipriotas, sin injerencias.

–La presidencia española de la UE ha tratado de juntar a las dos partes en conflicto, Turquía, Grecia, la presidencia de la UE y una representación de la ONU. Pero esta iniciativa ha fracasado por la oposición grecochipriota.

La República de Chipre no está en contra de una conferencia internacional, pero debería incluir a también a todos los miembros permanentes del Consejo de Seguridad y a la República de Chipre como una entidad más, además de los líderes de las dos comunidades. El primer ministro de Turquía, Recep Tayyip Erdogan se niega a entrevistarse conmigo. Soy el presidente legítimo de Chipre, miembro de la UE, reconocido así por toda la humanidad, pero Turquía no me reconoce.

–¿Es el actual Gobierno turco un obstáculo o un aliado?

–Creo que Erdogan y su partido quieren una solución para el problema de Chipre porque desean modernizar Turquía y una Turquía moderna no puede continuar ocupando parte de territorio europeo. Pero nosotros insistimos en que Chipre es un estado independiente, que no deben dirigir los extranjeros, aunque luego tengamos relaciones cercanas con Turquía y Grecia. Queremos que Turquía se integre en la UE cumpliendo sus obligaciones: el reconocimiento de la República de Chipre y la apertura de puertos y aeropuertos turcos a las naves chipriotas.

–¿Qué ocurrirá si en las presidenciales turcochipriotas del domingo no gana el actual presidente Talat?

–Nosotros deseamos continuar las negociaciones con Talat, porque está comprometido con la solución. Si gana su contrincante, el nacionalista Dervis Eroglu, tendremos problemas. Con Talat ya hemos acordado que la solución se basará en un estado federal, de soberanía indivisible, una sola ciudadanía y una personalidad internacional única. Por desgracia, Eroglu sigue una política a favor de dos estados.

Crónica desde Nicosia: La radio, esa brecha en la Línea Verde

Andrés Mourenza

La industria textil de Chipre podría sobrevivir con la simple confección de banderas. En la isla de Afrodita están por todas partes y por cuadruplicado. A un lado de cada checkpoint aparecen por un lado las divisas de la República de Chipre --la silueta de la isla sobre fondo blanco-- y la de su madre patria, Grecia, azul y blanca. Por el otro, las de la llamada República Turca del Norte de Chipre y la de su protector, Turquía. Ambas muy similares, solo que con los colores rojo y blanco intercambiados.

Son el símbolo perenne de la división de Chipre. Pero han pasado tantos años desde aquel verano de 1974 en el que turcochipriotas y grecochipriotas se mataron sin piedad bajo un sol de justicia que a pesar del conflicto, las banderas, los sacos terreros, los búnkeres abandonados y los soldados, la gente ha terminado por acostumbrarse y estos elementos parecen ahora de cartón piedra.

La apertura en el 2008 de un paso fronterizo en la concurrida avenida Ledra, en el centro mismo de Nicosia, ha supuesto un aumento del intercambio de los contactos. Cada festivo, los grecochipriotas hacen colas para cruzar al norte turco, más barato, y hacer compras. Mientras, los turcochipriotas pasan al otro lado para disfrutar de un café frappé en las terrazas griegas.

La superación de las suspicacias entre ambos bandos se debe en gran parte al trabajo realizado por los grupos pacifistas en la calle y los medios de comunicación. En los últimos años, se han creado diarios mixtos y a ambos lados de la Línea Verde han surgido programas y emisoras de radio que intentan mostrar a sus conciudadanos que hay otra visión del conflicto diferente a la que se enseña en los libros de texto. El paradigma de estos nuevos medios independientes es Radio Mayis que, bajo la dirección del avezado periodista Hasán Kahvecioglu, ha reunido a un grupo de colaboradores –muchos de ellos jóvenes– que lanzan su voz a las ondas desde un modesto piso situado en el norte de Nicosia. Fueron puntal de la pequeña revolución democrática que acabó con el oscuro Gobierno de Rauf Denktas en la parte turca entre el 2004 y el 2005 y abrió de nuevo la esperanza de la reunificación. Ahora, con sus programas bilingües, intentan llegar también a los greochipriotas.

Kemal es una de esas personas que no se pierde los programas de Radio Mayis. Es un tipo de izquierda, un sindicalista. Lo lleva escrito. No solo en su bigote --que entre los turcos dice mucho-- amplio, gris e irregular sobre la comisura de los labios o en su mirada clara y sonrisa bondadosa, libre de los prejuicios nacionalistas, sino también en su vestimenta: chaqueta desgastada sobre un fino jersey de punto y una camisa clara, sin pretensiones. Traje de trabajador, tez morena de campesino.

Ser de izquierda tiene cierta importancia en la isla, pues las únicas asociaciones que agrupaban a los turcos y a los griegos antes de la división eran los sindicatos y el Partido Comunista. Aunque de esas cosas ya solo se acuerdan los viejos. «Este país es desesperante, dice Kemal, «Tenemos la solución tan cerca pero nunca llegamos a ella”. Calla y sigue conduciendo por las rondas de Nicosia, mientras atardece.

08 abril 2010

"Welcome to Kurdistan!" Bienvenidos al Irak rico

Tras las elecciones iraquíes del pasado marzo, los políticos kurdos se han convertido nuevamente en una de las llaves del poder al ser indispensables para pactar con alguno de los ganadores: Alaui o Al Maliki. Este reportaje -aparecido hace unas semanas en el suplemento Cuaderno del Domingo de El Periódico de Catalunya y en otros diarios del Grupo ZETA- analiza la situación en el Kurdistán iraquí.Andrés Mourenza

Erbil (Irak)

“Welcome to Kurdistan”, da la bienvenida el anuncio publicitario de una compañía de telefonía móvil en el aeropuerto de Erbil, la capital de la región autónoma del Kurdistán iraquí. Dos helicópteros de combate se recortan en la luz suave del atardecer mientras el taxi esquiva a toda velocidad los bloques de hormigón de la carretera que conecta con el aeródromo, pero el paisaje cambia apenas lo dejamos atrás: grandes centros de convenciones, urbanizaciones y hoteles se levantan en las afueras de la ciudad en nuevas y amplias avenidas.

Siete años después de la invasión estadounidense, mientras el Irak de la posguerra se haya sumido en los enfrentamientos étnicos y religiosos, los kurdos del norte del país han aprovechado para construir su propio y próspero estado, que funciona de forma semi-autónoma. Durante la década de 1990, los kurdos consiguieron cierta autonomía pero la guerra civil entre las dos principales facciones kurdas -el Partido Democrático del Kurdistán (PDK) y la Unión Patriótica del Kurdistán (UPK)- , unido al embargo de Saddam Hussein a los kurdos, sumió a la región en la pobreza. Sin embargo, el apoyo a las tropas de EEUU en la guerra de 2003 permitió a los líderes kurdos ganar influencia en el gobierno de Bagdad -no en vano, el presidente iraquí es el kurdo Yalal Talabani- y presionar para que la Constitución redactada tras la contienda estableciese un modelo territorial federal, lo que ha permitido el florecimiento económico de la región kurda.

“¡Ha sido todo tan rápido!”, explica un habitante de Erbil mientras toma un refresco en la terraza de su chalet: “Se ha pasado de la violencia extrema a la paz. En 1992, cuando regrese al Kurdistán, en los restaurantes te pedían que dejases las armas en la puerta y ahora, en cambio, los jóvenes crecen sin violencia”. De hecho, el Kurdistán iraquí recibe varios millones de turistas al año -sobre todo del Golfo Pérsico-, además de ser el lugar al que se retiran a descansar los soldados y políticos cansados del problemático Bagdad.

“Desde marzo de 2003 ningún soldado de la Coalición ha muerto y ningún extranjero ha sido secuestrado en las áreas administradas por el Gobierno Regional del Kurdistán (GRK). Con la cooperación de la población, las fuerzas de seguridad de la Región del Kurdistán han mantenido esta zona estable y a salvo”. Éste es uno de los lemas con los que el Gobierno kurdo recibe a los hombres de negocios. Al Kurdistán iraquí le llueven las inversiones, especialmente de la vecina Turquía, Líbano, EEUU y China. Austrian Airlines y otras aerolíneas europeas tienen vuelos regulares al Kurdistán y los principales países de Europa han abierto consulados en Erbil.

Sin embargo, algunos grupos -como el recién creado Goran, que se convirtió en la principal fuerza de oposición en las pasadas elecciones de julio- acusan al gobierno de coalición del PDK, dirigido por el presidente kurdo, Masud Barzani, y la UPK, de Yalal Talabani, de repartirse el pastel entre ellos solos. En la carretera que une Erbil con Suleymaniye, las dos principales ciudades del Kurdistán, es posible advertir cómo llegado a un punto los uniformes de los peshmerga (soldados kurdos) cambian completamente: la primera ciudad es el feudo del Partido Democrático; la segunda, de la Unión Patriótica, y cada uno mantiene sus propias fuerzas de defensa. La división llega incluso a la telefonía móvil: el accionariado de la compañía Korek es mayoritariamente del PDK, mientras que su rival, Asiacell, pertenece a la UPK.

Pero el mayor problema de la región son los territorios que se disputan el Gobierno Regional Kurdo y el gobierno central de Bagdad. Oficialmente, el Kurdistán iraquí está sólo formado por las provincias de Dohuk, Erbil y Suleymaniya, pero el GRK reclama parte de las provincias vecinas, lo que ha producido constantes tensiones en el parlamento iraquí y choques violentos en las zonas disputadas. Los principales conflictos se están produciendo en torno a Kirkuk, una rica ciudad petrolífera de gran importancia simbólica para los kurdos, pero que también reclaman árabes y turcomanos. Masud Barzani ha amenazado en varias ocasiones al primer ministro iraquí, el chií Nuri Al Maliki, con declarar la independencia del Kurdistán sino se convoca un referéndum de autodeterminación en Kirkuk, algo que los árabes ven con recelo. La ciudad es un dédalo de callejuelas a cada cual más fortificada, que vigilan peshmerga kurdos bien armados o grupos de seguridad privada árabes, mientras hombres y mujeres abarrotan los mercados rezando por que ese día no haya atentados.

En 2008, el gobierno central desplegó en Kirkuk la 12ª División del ejército iraquí, con unos 9.500 soldados a lo que los kurdos respondieron desplegando otros 3.000 peshmerga. EEUU mandó entonces a sus propias tropas para calmar los ánimos. Desde este punto de vista, es comprensible lo reacio que son los políticos kurdos a la retirada estadounidense de Irak, prometida por Barack Obama para finales de 2011. “Creemos que aún es pronto para que se vayan. Los recientes ataques terroristas demuestran que la seguridad en Irak no es tan buena como se dice”, opina el presidente del parlamento kurdo, Kemal Kirkuki. Según los miembros de la resistencia anti-estadounidense, lo que de verdad temen los políticos es que, sin el apoyo estadounidense, caiga el gobierno de Bagdad. “Porque su control no va más allá de la Zona Verde de Bagdad, el resto de Irak lo dominan los clanes y las milicias”, denuncia una persona cercana al clérigo chií Muqtada Al Sadr, cuyo Ejército del Mahdi ha puesto en jaque a las fuerzas de ocupación.

“Los problemas que tenemos en Irak ahora se derivan de pasar de una dictadura centralista a una democracia descentralizada. Los actos terroristas, la presión a los cristianos y los ataques en Bagdad tienen todos el mismo objetivo: detener el proceso político que se está viviendo y facilitar un golpe de estado”, se queja Sadi Ahmed Pide, responsable de relaciones exteriores de la UPK. Pide achaca estas actividades a grupos dirigidos por países vecinos o por la minoría árabe suní, privilegiada durante la época de Saddam Hussein y cuyo poder ha sido adquirido por kurdos y árabes chiíes, los parias del anterior régimen.

“La mayoría de los kurdos es favorable a la independencia porque es una demanda histórica, pero lo primero que quiere la gente es tener una vida mejor y democracia y, si es así, no les importa permanecer en Irak, porque el Kurdistán ya es casi independiente de facto”, explica la periodista Chimen Saleh. La estrategia kurda pasa formar un estado propio viable y permanecer en Irak, aunque preparados para declarar la independencia en caso de que la estabilidad iraquí se venga abajo. En un eventual combate contra el ejército iraquí, los peshmerga, más experimentados, conseguirían la victoria fácilmente, pero un Kurdistán independiente difícilmente podría sobrevivir ya que ningún estado de la zona lo apoyaría, con la probable excepción de Israel. “Si preguntas a tu alrededor, la gente dirá que quiere la independencia, -reitera con una sonrisa un representante del gobierno kurdo-, pero como políticos sabemos cuál es nuestra realidad”.

02 abril 2010

Diario de viaje 1: Musulmanes

"En el mismo comienzo del Génesis está
escrito que Dios creó al hombre para
confiarle el dominio sobre los pájaros, los
peces y los animales. Claro que el Génesis
fue escrito por un hombre y no por un caballo"
-Milan Kundera, La insoportable levedad del ser-
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Vuelo TK1953. Estambul-Amsterdam.
Me ha tocado el asiento E -de En medio- en la fila de las salidas de emergencia, que en el top-10 de los malos puestos para viajar en un avión debe de ser el peor, porque el azafato de la Turkish Airlines me ha pedido perdón al entregarme el billete.
A mi izquierda, un gordote turco -emigrante de segunda generación en Holanda, supongo- estornuda dentro de su chándal azul celeste, lo cual agradezco pues siendo él un tipo de talla XXL, su catarro estornudad sin protección podría haber supuesto una ducha para la mitad del pasaje. No obstante, al cabo de unos 10 ó 15 estornudos, el que el hombre siga con la sudadera hasta por encima de la nariz comienza a darme un poco de asco.
El hombre, ya lo he dicho, es bastante obeso y ocupa parte y media del asiento, lo que me fuerza a escorarme hacia la derecha, donde la otra persona entre las que me encuentro emparedado me ofrece caramelos de menta fuerte que acepto desoyendo esos consejos de infancia (y de los medios de comunicación de las naciones llamadas desarrolladas) de no aceptar dádivas de extraños. Podría estar planeando envenenarme y secuestrarme en mitad del vuelo pero, oye, están buenos los caramelos.
La que me los ofrece es una mujer holandesa de unos 50 años que viste como una joven de 25: zapatillas de trekking, pantalones ceñidos, sudadera de mujer alternativa. Oculta sus ojos saltones tras unas gafas redondas, de diseño retro.
En el avión también viaja un equipo entero de simpáticas señoronas turcas con forma de huevo Kinder, cubiertas todas por el pañuelo blanco de los puros y, a la espalda, un saquito de tela naranja con la marca estampada de "Viajes Burak: Peregrinaciones Organizadas a La Meca". Estas mujeres -que entran dentro del grupo que un amigo sevillano definió con mucha gracia como "la' maruja' turca'"- vuelven a Holanda de la peregrinación ritual musulmana, vía Estambul, más contentas que unas castañuelas. Corretean pasillo del avión arriba, pasillo del avión abajo con el paso bamboleante de las que se han pasado años en un hogar holandés preparando platos de la cocina tradicional anatolia y probando un poquito de aquí y un poquito de allá a ver qué tal está de sal. A pesar de sus cuerpos orondos se saltan las filas y se cuelan con la habilidad de un contrabandista. Y no paran de cotorrear. "Hermana Ayse, ¿tienes una aspirina?", "Señora Fatma, ¿qué tal el viaje?", "Doña Emine, esto", "Hermana Ebru, lo otro". A toda mujer le divierte salir de viaje sin su marido.
Mientras tanto, mi compañero del chándal y los estornudos pasa las cuentas del tespih, el rosario musulmán, con absoluta pachorra; hasta que, a mitad del vuelo, considera llegado el momento de sacarse del bolsillo una botellita de whisky, pedir un vaso de Coca-Cola y prepararse un cubata sin dejar de acariciar el rosario. A partir de entonces, cada vez que el contenido de su vaso se reduce a la cantidad de un dedo y pasa por delante una azafata, pide un nuevo whisky y otra Coca-Cola. "Por supuesto, cortesía de Turkish Airlines".
Comenzamos a atravesar el cielo gris de los Países Bajos. Allá abajo se percibe un paisaje típico de los cuadros de Van de Velde. Canales oscuros, cielo invernal, ordenada vegetación. El turco del chándal comienza a temblar ligeramente, de acuerdo con las vibraciones del aparato, por lo que se termina el whisky de un trago.
La holandesa de mi derecha, en cambio, extiende las palmas hacia arriba, al modo en que rezan los musulmanes, y empieza a murmurar lo que parece una oración. Mira el exterior a través de la ventanilla y, de repente, vuelve sus ojos saltones hacia el compañero del chándal, mira hacia el paisaje, y vuelve otra vez al turco, como inquiriendo por qué no reza también él. Y el turco, con la mirada embotada por el whisky, parece decirle "¡Y a mí qué me cuentas!".
Aterrizamos en la pista del aeropuerto Schipol con el avión haciendo trompos sobre las ruedas; el del chándal que parece que se le vaya a salir el whisky por la boca del susto y la mujer holandesa que reza a lo musulmán intentando agarrarle una mano, por encima mío, para tranquilizarle con su postura espiritual.
Frena el avión. La holandesa se vuelve hacia mí y me suelta, en un neerlandés perfecto, que yo por supuesto no entiendo: "Bienvenido a Amsterdam". Amén.

27 marzo 2010

Posof sí tiene quien le escriba

Hace unos días, Radek, un voluntarioso joven de Polonia al que estaré siempre agradecido por haber traducido mi obra Transcaucasia Exprés a la lengua polaca, me envió un mensaje de teléfono móvil desde el sur de los Países Bajos. Allá, en Tilburg, participa en un proyecto con la comunidad turca. Justo ese día le habían enviado a una asociación de inmigrantes que se llama Posof, un pequeño pueblo turco en la provincia de Ardahan junto a la frontera con Georgia y que es uno de los puntos por donde pasa la ruta de Transcaucasia Exprés. "Imagínate que caras se les han puesto a los turcos al verme hablar como un experto de Posof, Ardahan, Kars y la frontera con Georgia", me dijo Radek en su sms. Los turcos tienen la costumbre de bautizar sus asociaciones -tanto en Turquía como fuera de ella- con el nombre de la localización geográfica mínima que les une, prefiriendo el pueblo a la comarca, la comarca a la provincia, la provincia a la gran ciudad. Así que los inmigrantes de Tilburg, cuyos orígenes están en esa norteña esquina de la provincia de Ardahan, no pudieron menos que asombrarse al ver a un extranjero enumerar con tal precisión los detalles de su pueblo.

25 marzo 2010

Transcaucasia Exprés at Explorer Mikael Strandberg's blog

Recently I had the pleasure of being invited to write a piece for the blog of the famous Swedish explorer Mikael Strandberg, fellow of the Royal Geographical Society. As the matter of the blog is travel and adventure, I took this opportunity to translate a piece of Transcaucasia Exprés: the most adventurous one, that is the one that led us through the dusty roads of southern Georgia to the border of Armenia. Enjoy"Riding the wind of Georgia in a Soviet Lada".

10 marzo 2010

Reaparece el cuerpo robado del ex presidente de Chipre (una surreal historia de misterio)

ANDRÉS MOURENZA
ESTAMBUL
Como en los libros de Agatha Christie, la víctima tenía muchos enemigos; pero al contrario que en las novelas, la víctima ya estaba muerta. De hecho, el suceso encaja con las extrañezas de Chipre, esa pequeña isla mediterránea que continúa siendo el único país dividido por un muro dentro de la Unión Europea.
El pasado 11 de diciembre, la policía anunció que el cadáver del expresidente de la República de Chipre Tassos Papadopoulos había sido robado de su tumba. Tan solo faltaba un día para cumplirse el primer aniversario de la muerte del político grecochipriota. La policía explicó que se trataba de una acción altamente organizada, pues los ladrones habían conseguido retirar un pesado mármol, excavar más de un metro de tierra y borrar todas sus huellas. Quedaba la duda de si se trataba de una profanación por motivos políticos o étnicos (la isla está dividida entre el sur griego y el norte turco).
El lunes, una llamada anónima alertó a la policía sobre el paradero del cuerpo: se encontraba en otro cementerio, a cinco kilómetros del que se había sustraído, dentro de la tumba de un anciano. Las pruebas de ADN confirmaron ayer que eran los restos de Papadopoulos. Las autoridades aclararon que el robo tuvo motivos económicos: la familia de Papadopoulos fue extorsionada y los ladrones fueron dirigidos, desde la cárcel, por un hombre vinculado a la mafia.
El nacionalismo de Papadopoulos hizo fracasar en abril del 2004 un plan de reunificación de Chipre patrocinado por el entonces secretario general de la ONU, Kofi Annan. «Papadopoulos no negoció apropiadamente para poder tener así argumentos para rechazar el plan», acusó Nikos Anastasiades, el entonces líder del principal partido de oposición.
En mi primera visita a Chipre, allá por el 2007, fui conducido por un funcionario grecochipriota encargado de la gestión de un pequeño departamento bautizado con la orwelliana fórmula de Oficina de Información Verdadera. En la Línea Verde, que divide la isla, después de asegurarse de que nadie le escuchaba, me dijo: «Yo voté sí a la reunificación». Después me presentó a un turcochipriota también reacio a sucumbir a la paranoia nacionalista. La noche caía y tenía que volver a Nicosia Norte, así que invité al turcochipriota a que me acompañase, pero a él no le dejaban pasar, era un disidente. «Este es el país de las intrigas. Intrigan los turcos, los griegos, los americanos y los ingleses», se lamentó.

No fue el terremoto... fue la pobreza

La naturaleza y la miseria volvieron a aliarse ayer contra los más desamparados, esta vez en el empobrecido este de Turquía. A las 4:32 de la mañana (una hora menos en España), la tierra tembló bajo las aldeas de la provincia de Elazig durante un minuto y los techos se derrumbaron sobre los vecinos sin que apenas les diera tiempo a despertar. En total murieron 51 personas y decenas resultaron heridas.
El epicentro del seísmo, de 6.0 grados en la escala Richter, fue un grupo de pueblecitos situados en una zona de montaña, a más de 1.000 metros de altura, pero el temblor pudo sentirse también en la capital de la provincia, donde provocó la rotura de ventanas, y varias provincias vecinas.
En las aldeas más afectadas, dedicadas a la ganadería de subsistencia, la mayoría de las casas dañadas eran en su mayoría de adobe y piedras por lo que no resistieron el embate: “No fue el terremoto, fue el adobe”, denunciaron las televisiones turcas. “Habíamos avisado de que Elazig es una zona de fuerte actividad sísmica y que todas las viviendas deben tener ciertas condiciones de seguridad. Pero ni los habitantes ni las autoridades nos tomaron en serio”, explicó Naci Görür, experto de la Universidad Técnica de Estambul y natural de Elazig.
A media tarde el gobierno turco anunció que se habían dado por concluídas las tareas de rescate y ya nadie quedaba bajo los escombros. Entonces, la Media Luna Roja instaló tiendas de campaña para proteger a las decenas de damnificados de las inclemencias del frío clima de la zona. Nadie se atrevía a regresar a sus hogares por miedo a las réplicas, de las que se registraon más de cuarenta a lo largo del día, incluyendo tres por encima de los cinco grados. En otras tres provincias turcas, cada una en un extremo del país, se registraron terremotos de entre 3 y 4 grados.
Turquía está situada entre las fallas Norte y Este de Anatolia y la placa tectónica del Mar Egeo y registra unos 2.000 temblores al año. En 1999, un terremoto de 7,4 grados en las cercanías de Estambul, provocó la muerte de 17.000 personas. El terremoto de Chile, que a pesar de ser mucho más potente sólo provocó 700 muertos, ha servido para expolear las críticas al gobierno pues se teme que, sino se refuerzan las construcciones, un seísmo en Estambul podría provocar la muerte de 150.000 personas.

08 marzo 2010

Crónica desde Antalya: La Benidorm turca, una maquinaria turística (El Periódico)

Andrés Mourenza
En el puerto de Antalya, bañado por las cálidas y amables aguas del Mediterráneo oriental y custodiado por la sólidos muros de una fortificación romana, se mecen los yates y los veleros en los que navegan los turistas por las bellas costas del sur de Turquía. El centro histórico es un pequeño núcleo de casas rústicas con jardines de palmeras y cítricos, muchas de ellas convertidas en bellas pensiones con encanto, donde flota el ambiente calmo de un pueblecito turco.
Pero salir de las murallas de la ciudad vieja es como pasar del adagio de Corelli a sumergirse en una rave de música electrónica. Los edificios de elevada altura se suceden sin rigor como varas amenazantes: hotel tras hotel, urbanización tras urbanización, discoteca tras discoteca, hasta ocupar todo el horizonte.
Turquía nació tarde al turismo. Las luchas políticas de los años setenta, el golpe de 1980 y el conflicto kurdo en los noventa impidieron que resultara un lugar tan atractivo como sus pares de la región. Solo algunos aventureros y enamorados de la historia se internaban en el país, más allá de Estambul, en busca de maravillas arqueológicas y ruinas olvidadas.
Pero, a partir del 2000, Turquía entró de lleno en el mercado turístico y actualmente es el octavo destino a nivel mundial. El ejemplo es Antalya. En 1970 era una pequeña ciudad costera cuyo aeropuerto apenas registraba un par de vuelos al día. Hoy, alcanzan el millar diario. Antalya es el corazón del turismo en Turquía, por delante incluso de Estambul, y cada año millones de visitantes se sienten atraídos por el sol, la playa y el todo incluido. En el 2009, mientras todos los países perdían visitantes, en Turquía la afluencia turística aumentó el 3% y fue de 27 millones de personas.
No hay muchos secretos para este éxito: agresivas campañas publicitarias del Ministerio de Turismo en los países europeos y lanzarse, igual que el resto de países del Mediterráneo, a una carrera de reducción de precios. «Los turistas del todo incluido son la mayor porción del pastel. Si no lo hacemos nosotros, Túnez, España o Marruecos se quedarán con estos turistas», justifica Koray Yetik, secretario general de la Asociación de Inversores Turísticos.
A los turcos no se les escapa que este modelo de turismo es el que ha deteriorado las costas del levante español y aseguran que esperan no cometer los mismos errores. Es cierto que la economía de Turquía no es tan dependiente del turismo como la española, pero el modelo de desarrollo que ha seguido en los últimos años es similar. «Conjugar el desarrollo con el medio ambiente es nuestro principal problema, porque el suelo es muy valioso y el sector turístico nos presiona mucho», dice el alcalde de Antalya, Mustafa Akaydin, y prosigue con un suspiro: «Es triste para mí que Antalya sea solo un destino del turismo de masas».
Al fondo, tras las ventanas del hotel, la bahía refulge plateada, protegida por las altas sombras de los montes Toros, cuyas cumbres aún permanecen nevadas. Sí, sería triste que también estos parajes perecieran ahogados por la avaricia empresarial.

La mariposa armenia que aletea en Washington crea tormentas en el Cáucaso

Dos niños armenios con los colores de su selección poco antes del partido de fútbol que enfrentó a Armenia y Turquía en Ereván en septiembre de 2008 y que inauguró el acercamiento entre estos dos países. Más abajo, la llama eterna del monumento a las víctimas del conocido como genocidio armenio en 1915, también en Ereván (Fotos: Andrés Mourenza)
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Andrés Mourenza
El Cáucaso, una abrupta región del tamaño de España en la que convive una cincuentena de grupos étnicos, resulta clave para el transporte de los hidrocarburos de Asia Central y el Mar Caspio hacia los mercados europeos. Sin embargo, es también una zona sembrada de conflictos y guerras recientes aderezadas por odios ancestrales. En palabras del fallecido reportero polaco Ryszard Kapuscinski es "un mundo pequeño, un puñado de montes y de valles, (...) gobernado por la ley elemental de la exclusión: o nosotros o ellos".
Uno de esos conflictos no olvidados es el del llamado "genocidio armenio". En 1915, durante la Primera Guerra Mundial, el ministro del Interior otomano, Talat Pachá, ordenó la deportación de cientos de miles de ciudadanos de etnia armenia a los desiertos de Siria, bajo la acusación de ser una quinta columna que estaba ayudando a Rusia en la contienda, algo que sólo era verdad en parte ya que la actuación de las bandas de irregulares armenios tuvo lugar principalmente en el este de Anatolia y no todo en el territorio del Imperio. Muchos de los deportados murieron de hambre, enfermedades o asesinados por los paramilitares kurdos que los escoltaban. Fuentes armenias cifran el número de muertos en 1,5 millones, mientras que historiadores independientes rebajan la cifra a la mitad, y las autoridades turcas consideran que las víctimas de los milicianos armenios fueron de varios cientos de miles. Los otomanos responsables de estos hechos fueron juzgados y condenados a muerte tras la guerra mundial por las potencias vencedoras pero finalmente, por diversas cuestiones políticas, se les permitió escapar de su reclusión en la isla de Malta, aunque luego irían cayendo uno a uno a manos de vengadores armenios.
En Turquía, el genocidio armenio continúa siendo un tema tabú y numerosos intelectuales han sido juzgados por hablar de él, por lo que su reconocimiento por parte de terceros países, como la iniciativa votada ayer en la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes de EEUU, es visto como un ataque a sus principios.
En 1991, Turquía fue uno de los primeros estados en reconocer la independencia de Armenia tras la caída de la Unión Soviética, con la intención de recuperar su influencia sobre el Cáucaso. Sin embargo, en 1993, Ankara decidió cerrar su frontera y cancelar las relaciones diplomáticas con Ereván en solidaridad con su aliado Azerbaiyán (con el que comparte la lengua turca) que se enfrentaba a Armenia por el control del enclave del Nagorno-Karabaj, aún hoy ocupado por las tropas armenias.
La llegada al poder en Turquía de Recep Tayyip Erdogan, un islamista moderado de talante liberal y pro-europeo, propició en 2008 un acercamiento a Armenia y el pasado año ambos países firmaron un acuerdo para normalizar las relaciones, aunque los parlamentos de cada país aún deben ratificarlo. Este deshielo se enmarca en la política de corte neo-otomana ideada por el ministro de Exteriores, Ahmet Davutoglu, que busca recuperar la influencia política y económica de Turquía en los territorios que antaño pertenecieron al Imperio Otomano.
En cambio, esta iniciativa no ha sentado nada bien en Azerbaiyán, que exige a Turquía no abrir su frontera con Armenia hasta que ésta no se retire del Nagorno-Karabaj y las provincias azerbaiyanas circundantes, algo en lo que coincide la oposición nacionalista y laica al gobierno de Erdogan. Por este motivo, Azerbaiyán, anteriormente aliado incondicional de Ankara y Washington, ha incrementado su lazos con Rusia en los últimos años, que además ha comenzado a comprar el gas azerbaiyano a precios más ventajosos.
La jugada política de Moscú está clara: en Azerbaiyán y su suministro de gas está una de las claves de la viabilidad del proyecto Nabucco, un gasoducto desde la frontera oriental de Turquía hasta el corazón de Europa que permitiría reducir la dependencia de la energía rusa. El otro objetivo del Kremlin, que considera al Cáucaso su esfera natural de influencia, es reducir la presencia de Estados Unidos en la zona, que se incrementó significativamente durante el gobierno de Bill Clinton, cuando Rusia estaba fuera de juego en la geopolítica mundial.
Uno de los resultados de la política estadounidense en la zona es es el oleoducto BTC (Baku-Tiflis-Ceyhan), parte del mapa energético alternativo a Rusia pero cuya viabilidad resultó comprometida en 2008 por la fracasada ofensiva impulsada por el gobierno del presidente georgiano, el pro-estadounidense Mijeil Saakashvili, con el objetivo de recuperar las regiones separatistas de Abjasia y Osetia del Sur, que cuentan con el apoyo de Rusia. La pérdida de fiabilidad de Georgia ha significado un descenso de la influencia de Washington en el Cáucaso, que cada vez se está convirtiendo más en el "patio trasero" de las dos potencias de la región: Turquía y Rusia.
Mientras tanto, Armenia sufre el bloqueo del 80 por ciento de sus fronteras (Azerbaiyán y Turquía), por lo que sus únicas salidas son al sur Irán y al norte, a través de Georgia y el Mar Negro, Rusia. Por otra parte, Rusia y Turquía han aumentado en los últimos años sus relaciones políticas y económicas, ante la alarma de Washington por lo que la Casa Blanca procura mimar a Ankara y estimular su acercamiento a Armenia, como medio para 'volver' al Cáucaso. De ahí que el presidente estadounidense, Barack Obama, presione a la Cámara de Representantes para que no prospere la moción sobre el genocidio armenio, temiendo que esto pueda hacer saltar en pedazos el restablecimiento de relaciones entre Ankara y Ereván.
De este modo, el enfado del gobierno de Erdogan podría leerse como una rabieta preventiva de Turquía -ya lo ha hecho en otras ocasiones- artificialmente exagerada para seguir siendo cortejado por la Casa Blanca. Otro escenario, peor para los esfuerzos de paz, podría ser el de que los turcos estén utilizando esta polémica como una excusa para detener el proceso de normalización con los armenios, ya que levanta ampollas en su aliado Azerbaiyán, que, al contrario, que Armenia, sí tiene recursos energéticos.
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(Esta es la versión ampliada de un análisis escrito para la Agencia EFE y publicado por diferentes medios que, por razones de espacio, hubo que resumir)
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El gobierno turco llama a consultas a su embajador en EEUU en protesta por la aprobación de una moción sobre el genocidio armenio

Ankara ha llamado a consultas a su embajador en Washington, en protesta por la aprobación en la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes de EEUU de una moción a favor del reconocimiento del genocidio armenio.

El Gobierno que dirige Recep Tayyip Erdogan informó de esta decisión en un comunicado, tras "condenar" la votación. La votación tuvo lugar este jueves en Washington y fue seguida por los medios de comunicación turcos como si se tratase de unas elecciones. Numerosos políticos y diplomáticos turcos se desplazaron a Estados Unidos para influir, junto al 'lobby' turco-estadounidense, a favor del "no", mientras el grupo de presión armenio de la diáspora lo hacía por el "sí". Finalmente el resultado fue muy ajustado, ya que el "sí" ganó por sólo 23 apoyos frente a 22 opiniones en contra. Ankara ha amenazado con que esta votación tendrá consecuencias negativas en los vínculos con Washington y que podría detener el proceso de normalización de relaciones con Armenia.

Ereván afirma que en torno a un millón y medio de armenios murieron en las deportaciones masivas de ciudadanos armenios del Imperio Otomano, antecesor de Turquía, ordenadas durante la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, Turquía asegura que esos números son "falsos" y que grupos de armenios armados, que tomaron partido por Rusia durante la contienda, también mataron a miles de musulmanes.

Turquía cerró su frontera con Armenia en 1993, a raíz de la guerra que enfrentó a armenios y azerbaiyanos por el control del enclave de Nagorno-Karabaj, situado en suelo azerbaiyano, pero bajo control armenio.

Frontera común

En 2008, Ereván y Ankara comenzaron un proceso de acercamiento y el pasado año ambos países firmaron en Suiza una serie de protocolos destinados a normalizar sus relaciones y abrir la frontera común. Uno de los obstáculos es que Azerbaiyán, con grandes recursos energéticos y tradicional aliado de Ankara, no ve con buenos ojos el pacto con Armenia debido al conflicto de Nagorno-Karabaj. Este enclave dio pie a una guerra (1991-1994) que se cerró con un alto el fuego, pero sin definir su estatus.

01 marzo 2010

Varios miles de personas protestan en Turquía contra el golpismo (El Periódico)

ANDRÉS MOURENZA
ESTAMBUL

El grito de «¡Nunca más!» recorrió ayer el centro de Estambul en una multitudinaria protesta contra el golpismo al cumplirse el decimotercer aniversario de la asonada militar que acabó, el 28 de febrero de 1997, con el Gobierno islamista de Necmettin Erbakan. Entonces, los generales turcos presentaron un memorándum de 20 puntos contra la política religiosa del gobierno, que fue forzado a dimitir, y numerosos políticos fueron encarcelados, entre ellos el actual primer ministro, Recep Tayyip Erdogan. Fue el último golpe de los cuatro que han llevado a cabo las Fuerzas Armadas en Turquía desde 1960.

Y ayer, en medio del clima de tensión entre el sector castrense y el Gobierno por la detención de 67 oficiales del Ejército acusados de planear un golpe de estado contra el ejecutivo de Erdogan en 2003, varios miles de ciudadanos salieron a la calle para reiterar su rechazo a las intervenciones militares. «El 28 de febrero [de 1997, los militares] instauraron un imperio del terror. Creyeron que el pueblo era imbécil, abolieron nuestras libertades y la democracia», denunció la artista Lale Mansur al término de la marcha de Estambul, organizada por una coalición antimilitarista que agrupa a islamistas, izquierdistas y liberales. «Pero Turquía ya no es la misma que antes, ahora nos rebelamos contra el golpismo y lograremos que los golpes de estado dejen de ser una moda».

ESLÓGANES / También hubo protestas en la capital, Ankara, y en varias ciudades de mayoría kurda, estas organizadas por asociaciones cercanas al partido islamista moderado gobernante. En todas las marchas se pidió que se juzgue a los responsables de los golpes de estado y que el Ejército deje de intervenir en la política. «Los militares a los cuarteles», «Los golpistas pagarán» y «Libertad de conciencia, libertad de velo» fueron algunos de los eslóganes coreados.

Mientras, el primer ministro se reunió con el general Basbug para valorar la situación y anunció que su Gobierno presentará al Parlamento un paquete de reformas constitucionales a finales de marzo. El periódico progubernamental Zaman augura que se tratará de una «minireforma», dado el clima de tensión con el Ejército, los judicatura y la oposición, feudos del nacionalismo laico.

Erdogan califica de «limpieza» la operación contra los golpistas (El Periódico)

ANDRÉS MOURENZA
ESTAMBUL

El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, calificó ayer de «limpieza» dentro del Ejército la operación contra el golpismo que ha llevado en los últimos días a la detención de 67 militares, entre ellos varios excomandantes de las Fuerzas Armadas. «Si no la hacemos ahora [en referencia a la limpieza], después tendremos que pagar un alto precio», afirmó durante un encuentro con empresarios.

ACUSACIÓN VELADA / Los medios de comunicación turcos informaron de que en la noche del viernes al sábado fueron enviados a prisión provisional los exjefes de las Fuerzas Especiales y del Primer Ejército de Tierra, Engin Alan y Çetin Dogan respectivamente. Su abogado denunció que el plan golpista Balyoz, del que se les acusa, es «falso» y acusó veladamente a la comunidad religiosa de Fethullah Gülen, cercana al partido de Erdogan, de inventarlo y filtrarlo a la prensa. «La lucha ha comenzado», exclamó desafiante el general Dogan al conocer la decisión judicial de enviarlo a la cárcel.

En una entrevista publicada por el diario Hürriyet, el presidente de la República, Abdullah Gül, defendió el proceso contra los presuntos golpistas. «Si hay gente que comete errores dentro de nuestras instituciones, debe ser purgada», declaró. También opinó que Turquía «se recuperará totalmente» de la tensión que se ha instaurado entre el Gobierno y el Ejército, pero alertó de que el país debe ser cauto en un momento en que se está recuperando de la recesión económica.

Erdogan endurece el pulso con los militares con 18 arrestos más (El Periódico)

ANDRÉS MOURENZA
ESTAMBUL

El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, lanzó ayer un duro mensaje contra «aquellos que conspiran en secreto», refiriéndose a los militares detenidos bajo acusaciones de golpismo en los últimos días. «Que sepan que no podrán escapar [de la justicia]», aseveró en un encuentro con miembros de su partido.

La reunión del jueves entre el primer ministro, el presidente de la República y el jefe del Estado Mayor parecía haber instaurado una tregua momentánea en las tensas relaciones entre el Gobierno islamista moderado y el Ejército y, de hecho, ese mismo día fueron liberados tras prestar declaración tres de los principales generales presuntamente implicados en el plan de golpe de Estado. Sin embargo, las detenciones continuaron ayer. La policía arrestó a 18 militares, casi todos en activo, por su supuesta implicación en el plan Balyoz (Mazo) bajo la acusación de haber preparado un plan de atentados en dos mezquitas de Estambul en el 2003. Con estas nuevas detenciones, el número de militares apresados se eleva a 67, de los que 31 han sido enviados a prisión provisional.

EL ‘GOLPE POSMODERNO’ / Por otra parte, ayer se completó el interrogatorio judicial de los generales Engin Alan, excomandante de las Fuerzas Especiales, y Çetin Dogan, exjefe del Primer Ejército de Tierra. Alan fue quien dirigió en 1999 la captura de Abdulá Öcalan, líder del grupo armado kurdo PKK, y estuvo presuntamente implicado en un intento de golpe de Estado en Azerbaiyán patrocinado por Ankara a mediados de los 90. Dogan, por su parte, fue uno de los directores del golpe posmoderno del 28 de febrero de 1997, una intervención militar que desalojó del Gobierno al islamista Necmettin Erbakan y llevó a varios miembros de su partido a la cárcel, entre ellos el actual primer ministro Erdogan.

«Se qué el proceso es doloroso, pero es por el bien de los 72 millones de personas [que viven en Turquía]. Los acontecimientos de hoy están liberando la conciencia de la gente», afirmó Erdogan. Luego, en un mensaje televisado, dijo que su Gobierno trabaja por una Turquía «plenamente democrática y libre de cualquier tutela de la oligarquía». «Turquía no dará un paso atrás en su búsqueda de una democracia moderna, libre, desarrollada y luminosa», añadió.

El líder de la oposición nacionalista y laica, Deniz Baykal, acusó en cambio al Gobierno de llevar a cabo un proceso judicial similar al que patrocinaron las grandes potencias al final de la Primera Guerra Mundial y que desembocó en el desmembramiento del Imperio otomano. «Entonces se puso a la población en contra de honorables patriotas. Igual que se pretende ahora», aseguró. Otros partidos han exigido la convocatoria de elecciones anticipadas, algo a lo que se ha negado el Gobierno. De todas formas, las últimas encuestas indican que, aunque perdiendo cierto apoyo, el Partido de la Justicia y el Desarrollo conserva una sólida mayoría.

«PRIMER MINISTRO BARRIOBAJERO» / En otro caso que refleja las malas relaciones entre el Ejecutivo y el Ejército, Erdogan anunció que demandará a los oficiales de un base naval que utilizaban como santo y seña la frase «primer ministro barriobajero», en alusión al origen humilde del líder turco.

Pero, mientras todos los medios de comunicación están volcados en los escándalos que salpican al Ejército, el Gobierno está aprovechando para tantear la posibilidad de llevar a cabo una reforma en el poder judicial, que continúa siendo su opositor más activo. La reforma del aparato judicial ha sido exigida durante largo tiempo por la Unión Europea, pero los partidos de la oposición temen que Erdogan ponga bajo su control a la magistratura.