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06 mayo 2010

Diario de Grecia I: El expulsado

Estambul, 6 de mayo

Ergün se parece a Manuel Manquiña y fuma con boquilla. Si no fuese por esa nariz, abultada como las del Mar Negro, podría haber actuado en Airbag. Además es taxista.

Pero esa nariz no es del Mar Negro. En realidad, Ergün viene de Grecia. Sus abuelos, como tantos otros turcos, fueron expulsados de Iskeçe (hoy Xanthi), en la Tracia griega, durante las Guerras Balcánicas y la Primera Guerra Mundial. Estos turcos deportados, que llegaron a un Estambul en ebullición, fueron quienes dirigieron el Imperio Otomano en decadencia y vigilaron los primeros pasos de la República. No es justificable, pero sabiendo ésto se entienden mejor aberraciones como las deportaciones y matanzas de armenios de 1915 y el intercambio de población entre Grecia y Turquía de 1923. Las órdenes fueron dadas por generales y políticos que habían sido testigos -o incluso la sufrieron en carne propia- de la deportación de cientos de miles de musulmanes de los Balcanes sin que nadie abriese la boca para detenerla.

Los abuelos de Ergün se instalaron en Fener, el antiguo barrio griego. Es una práctica habitual de los refugiados. Pasó en Chipre: los griegos expulsados de Famagusta por el ejército turco, se instalaron en los antiguos hogares de los turcochipriotas de Pafos; ocurrió también en el Cáucaso: los armenios expulsados de Bakú (Azerbaiyán) encontraron refugio en Shusha, cuando otros armenios limpiaron el Nagorno-Karabaj de azerbaiyanos en una sangrienta guerra; y lo mismo hicieron los abuelos de Ergün al encontrar vacíos los hogares de los griegos que escapaban del avance de las tropas de Atatürk.

Hablamos largo y tendido, me ofrece un cigarrillo. Los turcos son buena gente, dice. No tiene la misma opinión de los griegos. Tampoco le voy a culpar por ello, son generaciones y generaciones de historias las que le habrán contado del pérfido vecino. Exactamente las mismas que se oirán en la otra parte. Tamizadas, ambas, por el nacionalismo que destilan los libros de la escuela.

Tiene, también, esa extraña idea de que de España también fueron deportados los turcos que allí vivían. Le contradigo. “Que sí, que sí. Fue hace mucho tiempo”, se emperra él. Confunde a los musulmanes expulsados en 1492 -una pequeña cantidad de los cuales llegó a Estambul y fundó la que ahora llaman Mezquita de los Árabes o Arap Camii- con los turcos otomanos. No es la primera vez que encuentro esa idea flotando por ahí, generalmente entre taxistas o gente de poca instrucción. Creo que tengo que preguntar a alguien de dónde sale.

Llegamos a la estación de autobuses. Un monstruoso complejo de varios niveles y apariencia de un juguete de Lego desgastado. El sol hace brillar los cientos de carteles de colores que anuncian destinos y empresas de autobuses.

Apenas he tenido tiempo de descansar de un viaje agotador de tres semanas por el Cáucaso, y El Periódico me envía nuevamente a cubrir las revueltas griegas. Estoy cansado y tengo la mente embotada (ayer los gitanos de Estambul celebraban la llegada de la primavera, Hidrellez). Voy a Edirne. Desde allí, de algún modo, intentaré llegar a Atenas, efervescente como la Estambul de principios de siglo. Llevo una botella grande de agua y dos chocolatinas.Sopla un viento de primavera. Me encanta este trabajo.

27 abril 2010

Testimonio de una de las últimas supervivientes del "Genocidio Armenio" (El Periódico)

ANDRÉS MOURENZA
EREVÁN / ENVIADO ESPECIAL
El carro se detuvo al llegar al desfiladero. Los soldados turcos disparaban desde una colina y los armenios que escapaban a toda prisa de Kars (en el noreste de la actual Turquía) habían abandonado los vehículos en medio del camino y corrían, monte a través y presas del pánico, para alcanzar el puente sobre el río Akhurian. Al otro lado estaba Armenia, su salvación.
Yelena Abrahamian, de 7 años, viajaba en el carromato con las mujeres de la familia, sus hermanos y sus primos. «¡Qué bella era Kars!». La ciudad se hallaba desde 1878 bajo control ruso, lo que permitió a los armenios que allí habitaban escapar a las deportaciones ordenadas por el Gobierno otomano desde 1915. Pero ese abril de 1918 los turcos habían regresado para recuperar lo que consideraban que era suyo. El señor Abrahamian, profesor de matemáticas en la escuela de Kars, marchó a combatir junto a la milicia armenia, dejando a sus hijos al cuidado de la abuela. «Recuerdo que mi familia siempre lo tenía todo preparado para huir».
Dada por muerta
La pequeña armenia fijó su mirada en una pareja: un padre y un hijo que corrían mientras las balas levantaban pedazos de tierra a su alrededor. Una de las balas alcanzó al niño y este cayó a tierra con un grito que, para Yelena, parecía contener todo el dolor que padecían los armenios. Se desmayó.
Cuando recobró la conciencia su familia había desaparecido dándola por muerta. Junto a ella yacía su prima con las piernas destrozadas. «Estuve hablando con ella un buen rato hasta que me di cuenta de que no contestaba. Había muerto, pero para mí era impensable, ella solo tenía 4 años». Yelena bajó del carro y se unió a la multitud que huía. Llovía. Las balas seguían cayendo alrededor.
Alcanzó el puente de madera. Era tan estrecho que, ante ella, un hombre cayó al río, cuyas aguas de primavera arrastraban cadáveres, vestidos y objetos que habían sido arrojados al río por los soldados turcos. Yelena pensaba que también caería al río pero, de repente, un hombre bondadoso la cogió en brazos y la transportó a la otra orilla. «¿Cómo pudo soportar el puente el peso de todos nosotros sin romperse? Dios nos ayudó». A salvo de los disparos, la niña logró reencontrarse con los que quedaban de su familia: su tía y su abuela, quien, con una herida en la cabeza, sostenía a uno de los nietos en brazos.
«Todavía hoy me pregunto cómo los turcos pudieron disparar contra tanta gente inocente», explica Yelena en su casa de Ereván, un soviético inmueble de piedra de la década de 1920. En su salón, decorado con viejos muebles y tapices, cuelgan varios cuadros pintados por ella. Paisajes y marinas de colores alegres, ale- jados del dolor de aquellos días en los que huyó de Kars. A sus 99 años, Yelena Abrahamian es uno de los últimos testigos vivos de la gran tragedia armenia.
Foto: Álvaro Deprit

26 abril 2010

El freno al acercamiento entre Turquía y Armenia marca la conmemoración (El Peródico)

«¡Que les jodan a los turcos!», gritan unos jóvenes con antorchas en una de las marchas que recuerdan, como cada 24 de abril, el inicio de las deportaciones ordenadas por el Imperio otomano en 1915, en las que murieron un millón de armenios. Este año, la conmemoración del genocidio –que los turcos niegan– ha llegado en un momento en que Armenia ha congelado temporalmente el proceso de acercamiento a Turquía, lo que ha sido bien acogido por los nacionalistas de ambas partes.
«Estamos contentos con la decisión», comenta Sarkis Bedoyan, miembro de la Diáspora Armenia en Francia, que cada año presenta sus respetos a las víctimas del genocidio en Ereván. La Diáspora rechaza el compromiso con Turquía, ya que reúne a los descendientes de las víctimas. «Sabemos que los habitantes de Armenia necesitan oxígeno, que se abra la frontera turca y poder comerciar con sus vecinos, así que no debemos imponer nuestra voluntad», dice sin embargo Bedoyan.

08 marzo 2010

El gobierno turco llama a consultas a su embajador en EEUU en protesta por la aprobación de una moción sobre el genocidio armenio

Ankara ha llamado a consultas a su embajador en Washington, en protesta por la aprobación en la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes de EEUU de una moción a favor del reconocimiento del genocidio armenio.

El Gobierno que dirige Recep Tayyip Erdogan informó de esta decisión en un comunicado, tras "condenar" la votación. La votación tuvo lugar este jueves en Washington y fue seguida por los medios de comunicación turcos como si se tratase de unas elecciones. Numerosos políticos y diplomáticos turcos se desplazaron a Estados Unidos para influir, junto al 'lobby' turco-estadounidense, a favor del "no", mientras el grupo de presión armenio de la diáspora lo hacía por el "sí". Finalmente el resultado fue muy ajustado, ya que el "sí" ganó por sólo 23 apoyos frente a 22 opiniones en contra. Ankara ha amenazado con que esta votación tendrá consecuencias negativas en los vínculos con Washington y que podría detener el proceso de normalización de relaciones con Armenia.

Ereván afirma que en torno a un millón y medio de armenios murieron en las deportaciones masivas de ciudadanos armenios del Imperio Otomano, antecesor de Turquía, ordenadas durante la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, Turquía asegura que esos números son "falsos" y que grupos de armenios armados, que tomaron partido por Rusia durante la contienda, también mataron a miles de musulmanes.

Turquía cerró su frontera con Armenia en 1993, a raíz de la guerra que enfrentó a armenios y azerbaiyanos por el control del enclave de Nagorno-Karabaj, situado en suelo azerbaiyano, pero bajo control armenio.

Frontera común

En 2008, Ereván y Ankara comenzaron un proceso de acercamiento y el pasado año ambos países firmaron en Suiza una serie de protocolos destinados a normalizar sus relaciones y abrir la frontera común. Uno de los obstáculos es que Azerbaiyán, con grandes recursos energéticos y tradicional aliado de Ankara, no ve con buenos ojos el pacto con Armenia debido al conflicto de Nagorno-Karabaj. Este enclave dio pie a una guerra (1991-1994) que se cerró con un alto el fuego, pero sin definir su estatus.

28 septiembre 2008

Entrevista al director del Museo del Genocidio Armenio en Ereván

---------- Hayk Demoyan: "Armenios y turcos somos vecinos y debemos hablar" (El Periódico, 22/09/2008) -----------
ANDRÉS MOURENZA EREVÁN / ENVIADO ESPECIAL

HAYK DEMOYAN

EDAD: 33 AÑOS LUGAR DE NACIMIENTO: GYUMRI (ARMENIA) FORMACIÓN: INVESTIGADOR E HISTORIADOR

Al inicio de la primera guerra mundial, el ministro del Interior del Imperio otomano, Talat Pasha, decidió deportar a 900.000 armenios a los desiertos de Siria bajo la acusación de colaborar con la enemiga Rusia. Cientos de miles de personas murieron de hambre y asesinadas por soldados turcos en lo que se conoce como el Genocidio Armenio, algo que niega Turquía. Casi un siglo después, los hechos siguen despertando polémica. --¿Por qué exigen que Turquía reconozca las matanzas de 1915 como un genocidio? --Porque es parte de nuestra memoria y nuestro sufrimiento común, y todo aquel que olvida la memoria está condenado a repetir su historia. En el siglo XXI, los seres humanos aún nos matamos unos a otros porque un grupo es diferente de nosotros. Lo que perseguimos aquí es la prevención de futuros genocidios. --¿Qué piden a Turquía? --Yo no quiero nada de Turquía. Solo que las nuevas generaciones de turcos respeten su propia historia. Que la conozcan al completo y sin distorsiones. Los turcos también son víctimas de algún modo, víctimas de la negación de su historia. --La versión turca de los hechos de 1915 es que fue una acción contra los armenios que ayudaban al Imperio ruso y que también ellos mataron a cientos de miles de turcos. --¿Cómo podría una población a la que se le negó el derecho a poseer armas matar a una comunidad dominante? Algunos turcos fueron asesinados, sí, pero por armenios que perdieron a sus familiares y que se alistaron en el Ejército ruso por venganza. No digo que sea defendible, pero sí que se puede entender. --Ustedes dicen que murieron 1.500.000 armenios, y los turcos, que fueron 300.000. Los historiadores independientes sitúan la cifra entre 600.000 y 800.000 muertos. --No puede saberse el número exacto de víctimas en las guerras. Pero hay que preguntarse por qué no quedan armenios en el este de Anatolia. --Al final de la guerra, el Gobierno turco republicano y el del sultán se ofrecieron a juzgar a los responsables de las matanzas. Pero las potencias se opusieron. ¿Qué pasó? --Hubo un intento de juicio en una corte otomana, pero los grandes poderes, que temían la influencia de la Rusia bolchevique en el nuevo Gobierno republicano de Atatürk, dejaron de interesarse por estos juicios y organizaron la escapada de los detenidos. Aunque las sentencias de muerte que se pedían nunca llegaron a aplicarse, hubo grupos especiales de armenios que capturaron a los responsables y autores del genocidio en diferentes sitios y los mataron. --¿Cuál fue el papel de Atatürk? --No estaba directamente implicado en el genocidio porque era dirigía al Ejército de los Balcanes (y Siria), pero era uno de los líderes del partido de los Jóvenes Turcos al que pertenecían los organizadores de las deportaciones. Según documentos que estoy traduciendo, Atatürk salvó a toda una caravana armenia de ser deportada al desierto de Siria y les envió de vuelta a casa. Probablemente, gracias a esta orden cientos de armenios se salvaron de la muerte. Pero este es un hecho de la historia que los turcos desconocen. --Hace unos años Turquía propuso que una comisión mixta investigase este tema, pero el Gobierno armenio se negó. ¿Por qué? --No la rechazamos, pero queremos que se enmarque en un esfuerzo superior por mantener un diálogo más amplio con Turquía. Somos vecinos y tenemos que hablar de nuestros problemas. Por eso creo que la visita del presidente turco, Abdulá Gül, a Armenia ha sido un paso positivo. Estoy a favor de sentarme con nuestros colegas historiadores turcos y tomarme un café turco con ellos si hace falta.