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10 agosto 2011

La temporada de las circuncisiones (El Periódico)

Alí guarda una foto en la que tiene una cara de espanto. Mira hacia abajo con preocupación, hacia sus piernas tapadas con una toalla bajo la cual se perciben las manos del doctor. Es del día de su circuncisión.
El verano es la época de las circuncisiones en Turquía. Los padres aprovechan que sus hijos disfrutan de las vacaciones escolares y tienen más tiempo para recuperarse, pues en este país euroasiático la circuncisión tiene lugar normalmente entre los 7 y los 9 años, algo más tarde que en los países árabes y mucho después que los judíos, que son circuncidados en su octavo día de vida. Y, sean laicos o religiosos, la práctica totalidad de los jóvenes turcos pasan por la navaja. Es el primer paso para «convertirse en un hombre», como les aseguran a los chiquillos sus padres, hermanos mayores o kirve (una especie de padrino del circuncidado) para infundirles valor.
Una de las imágenes más tomada por los turistas extranjeros que pasean por el barrio de Eyüp para admirar la mezquita y el mausoleo donde está enterrado el que fuera portaestandarte de Mahoma, es la de «esos niños vestidos de principito». Los pequeños sultanes que abarrotan la gran mezquita son los hijos de familias conservadoras que van a recibir la bendición antes de pasar por el quirófano.
Y no solo eso: muchos acuden allá porque el Ayuntamiento de Eyüp ha anunciado que este año pagará de su bolsillo la circuncisión de 500 chavales de familias desfavorecidas. En la mayoría de los casos, las familias urbanas acuden con sus hijos a los hospitales públicos o clínicas privadas donde la operación se lleva a cabo con anestesia local y bajo condiciones higiénicas.
Pero en las zonas rurales y entre las familias menos pudientes –una operación, más el banquete posterior y los regalos al niño, puede superar los 1.000 euros– se acude a los tradicionales sünnetçi (circuncidadores), personas sin preparación médica que se transmiten la artesanía de la navaja de padre a hijo.
Alí pasó por las manos de Kemal Özkan, quizás el más famoso doctor de Estambul encargado de estos menesteres. Tanto, que se le conoce como el Rey de las Circuncisiones, y a su clínica la ha bautizado pomposamente con el nombre de Palacio de la Circuncisión. El hombre cuenta ya casi con 80 años pero asegura que no le tiembla el pulso y acomete su oficio con felicidad, además de ser un apologeta de las técnicas más modernas de circuncisión y un azote de aquellos sünnetçi sin formación que no cumplen las más elementales normas de higiene.
Con todo, y a pesar de que se muestre orgulloso de su circuncisión como todos los turcos, Alí es incapaz de ocultar que aquel día sintió un miedo increíble a perder su infantil miembro. Pero peor lo pasó Murat, quien se hubo de enfrentar a la navaja con ya 11 años, pues en su familia esperaron a que el hermano pequeño entrase en edad de circuncidar. Para reducir gastos. Como ocurre en las comuniones.

06 junio 2011

Turquía, nuevo destino laboral para los sureuropeos que escapan de la crisis (EFE - Mis Finanzas)

Dogan Tiliç/Andrés Mourenza

Ankara/Estambul | Hace una década, una oferta de trabajo en Turquía, entonces un país más inestable y atrasado, habría llamado la atención a poquísimas personas en Europa. Ahora, gracias a su crecimiento sostenido, del 8,9% en 2010, y a una rápida recuperación de la crisis, la tendencia se ha invertido y Turquía, un país tradicionalmente emisor de emigrantes, está comenzando a recibir a jóvenes de España, Grecia y Portugal, que tratan de escapar de la crisis económica en sus respectivos países.

En las mesas de HRM Consulting, una empresa dedicada a ayudar a extranjeros a encontrar empleo, se acumulan los currículos. "Hace unos años, recibíamos 20 o 30 currículos por semana. Ahora el número se ha incrementado a entre 100 y 150", explica Aylin Coskunoglu Nazliaka, representante de la firma en Turquía, al diario Aksam.

En el grupo Arslan, dedicado al negocio textil, también se sorprendieron cuando convocaron un examen público para contratar a seis expertos en comercio internacional y, además de turcos, se postularon 40 jóvenes extranjeros. "Nunca antes habíamos tenido solicitudes de trabajadores extranjeros", asegura Ahmet Arslan, director ejecutivo del grupo Arslan, en unas declaraciones a la agencia Anadolu, y se muestra entusiasmado por el interés generado, ya que puede ayudar en la internacionalización de su empresa. "Jóvenes europeos que hablan cuatro lenguas quieren trabajar en Turquía por nuestra estabilidad económica. Los jóvenes españoles consideran a Turquía un puerto en el que resguardarse para escapar de la crisis en España, pues son muy pesimistas sobre el futuro allí", afirma.

El perfil de estos nuevos emigrantes económicos es el de una persona entre 25 y 38 años, con titulación universitaria y dominio de lenguas extranjeras que no encuentra trabajo en su país de origen (sobre todo del sur de Europa) o lo ha perdido a causa de la crisis. Para jóvenes con ese perfil, el salario puede ir de los 1.000 a los 3.000 euros, dependiendo de si su empresa es internacional o turca, y de su grado de especialización. El sueldo medio en Turquía es de 600 euros.

Los principales sectores de la economía turca que interesan a los jóvenes sureuropeos son la construcción, la energía, el textil y el turismo y, de hecho, en este último el número de trabajadores extranjeros se ha incrementado un 15% respecto al año anterior, de acuerdo al diario Aksam. "En el sector turístico, el personal local no tiene la experiencia o la cualificación suficiente para los actuales planes de expansión. Turquía ha sido siempre un mercado turístico cuya competitividad se basaba en el precio y ahora les falta gente en el ámbito del turismo más sofisticado, hacia el que se está expandiendo", afirma Isaac Martín Barbero, consejero económico de la Embajada de España en Ankara, en unas declaraciones a Efe.

Otros, en cambio, apuestan por la enseñanza del español, ya que la demanda de cursos ha aumentado exponencialmente en los últimos años, tanto en el Instituto Cervantes como en universidades públicas y academias privadas.

Patricia, que había cursado estudios de Comunicación en España, llegó de vacaciones a Turquía en 2004 y, como muchos otros turistas, quedó prendada de Estambul. Decidió probar fortuna: "Al principio trabajé de camarera, porque simplemente quería conocer a la gente y el país. El salario era muy malo. Cuando quise instalarme busqué otro trabajo y la verdad es que no fue difícil", cuenta a Efe. Pasó por una agencia de diseño pero, posteriormente, se decantó por la enseñanza del español, ya que en Turquía se notaba, entonces especialmente, la falta de profesores nativos. Ahora se muestra satisfecha: "Gano más de lo que podría ganar en España. Y aún podría trabajar más y ganar más. Mi calidad de vida aquí es bastante buena".

22 abril 2011

Los herederos del cosmopolitismo otomano celebran su Pascua en Turquía (EFE - TeleCinco)

La llegada de la Semana Santa marca una fecha importante para la minoría levantina -europeos mayormente católicos presentes en Turquía desde la época del Imperio Otomano- que, a través de ritos religiosos, trata de reforzar sus lazos comunitarios.
En la catedral de Saint John oficia la misa de Miércoles Santo el arzobispo de Esmirna, Ruggero Franceschini, ante decenas de personas que rezan a Dios llamándolo cada uno en su lengua: Dio, Dieu, God, Allah. Las familias se reúnen para conmemorar la Pascua y se venden huevos pintados a mano y unas galletas de tradición griega llamadas 'çoreka'. También se representa el Vía Crucis, pero siempre dentro del templo ya que la laica República de Turquía restringe las manifestaciones públicas de religiosidad al mínimo. "Somos pocos fieles, pero durante la Semana Santa, las iglesias se llenan", explica Guido Zalloni, cuyos antepasados llegaron a Esmirna a comienzos del siglo XIX para echar raíces.
Tras varias capitulaciones firmadas por el extinto Imperio Otomano con los poderes europeos, los ciudadanos de esos países comenzaron a establecer sus negocios en Turquía a partir del siglo XVII sin necesidad de pagar impuestos. "Finalmente hicieron su hogar de este lugar, con el que nos identificamos más que con ningún otro país", explica Andrew Simes, un joven de origen anglo-italiano que trabaja por conservar la herencia levantina de Esmirna. La presencia de su familia en Anatolia se remonta a la huida de los cruzados de Tierra Santa tras la caída del Reino de Jerusalén. "El problema es que vivimos en el pasado, en la vieja Esmirna, cuando era una de las ciudades más cosmopolitas del mundo", admite. "Era como una pequeña Unión Europea. En menos de una hora podías pasear por siete barrios y viajar a un país diferente, con su arquitectura y su cocina típicas", relata Simes.
En 1919, los griegos desembarcaron en Esmirna con el objetivo de conquistar todo Asia Menor, pero los turcos recuperaron la ciudad en 1922 y expulsaron a los griegos, tanto a los invasores como a la comunidad que ya vivía allí antes de la guerra y Esmirna se hizo más turca, más laica y más nacionalista. "El Imperio Otomano era muy tolerante, pero la República inyectó el nacionalismo en la sociedad turca para darle un mayor sentimiento de comunidad. Eso creó un ambiente menos tolerante y los levantinos comenzaron a abandonar el país", explica Simes. En 1922, el número de levantinos en Esmirna superaba los 30.000, pero ahora sólo quedan entre 1.000 y 1.500 personas de ese origen.
Algunos han mantenido su nacionalidad, a pesar de haber nacido, crecido y envejecido en Esmirna, como el maltés Roland Richichi. "Mi padre me dijo 'Nunca cambies dos cosas: tu religión y tu nacionalidad, porque estamos orgullosos de ser malteses y católicos'", recuerda este levantino, que siempre lleva al cuello la Cruz de la Orden Malta, "como debe hacer cada hombre maltés".
Los levantinos que quedan en Esmirna, junto a los judíos sefardíes, son el último vestigio de su pasado cosmopolita, como atestigua su poliglotismo, pues entre ellos se comunican lo mismo en turco que en francés, italiano o inglés, sembrando sus conversaciones de términos griegos y españoles. Por eso, Richichi opina que "Esmirna es la ciudad más europea de Turquía".
Sus relaciones con los vecinos musulmanes son "buenas", agrega Zalloni, aunque no tanto con el Estado turco, ya que la Iglesia de Roma está en un limbo legal al no aceptar incorporarse al sistema de fundaciones bajo el que funcionan otras comunidades cristianas. "Sólo en los últimos diez años, los turcos han comenzado a redescubrir a los levantinos como una comunidad que ha contribuido al desarrollo de Turquía. El problema es que quizás sea demasiado tarde, pues ya quedamos muy pocos. Probablemente no haya futuro para esta comunidad. Sólo espero que seamos bien recordados", se lamenta Simes.
Con todo, la presencia levantina se nota en Esmirna, sobre todo en el barrio de Alsancak, donde hay 7 iglesias y una sola mezquita. El paseo marítimo se llama "Kordon", que viene del francés, y antes se denominaba con la palabra italiana "Bellavista", pues, cuando las levantinas acudían en traje de baño al mar, los griegos y turcos de la ciudad -que consideraban impensable que una mujer vistiese de esa guisa- se apostaban a admirar el panorama. "Nosotros construimos el ferrocarril, impulsamos la industria y establecimos los primeros clubes deportivos de la ciudad", recuerda Richichi.
Ser levantino significa no ser del todo de ningún sitio y, al mismo tiempo, de todos ellos, tal y como constata Simes: "Tenemos una visión del mundo más abierta, aunque allá adonde vayamos seremos siempre una minoría".

16 abril 2011

Crónica desde Sofía (Bulgaria): La 'chalga' no muere (El Periódico)

El techo de la discoteca Versai podría parecer un trabajo de taracea de cualquier maestro artesano del próximo Oriente, sólo que, en lugar de maderas, mármoles y piedras preciosas, es puro plástico: plástico negro, plástico plateado, luces de plástico. Todo está diseñado para brillar.
Las camareras pasean su esbeltez y sus encantos al otro lado de la barra, en la que es prácticamente imposible hacerse con un hueco si no se ha pedido con antelación, a pesar de que se trata de las butacas menos solicitadas de este teatro del noctambulismo. Las mesas de pie y especialmente los grandes sofás con capacidad para una decena de invitados están reservados incluso una semana antes. Cada mesa está presidida por una botella de whisky con su cubitera lista para la llegada de los clientes. Aquí no se pide el alcohol por vasos, en la noche de la Bulgaria del mercado libre no sólo hay que beber, sino también hacer ostentación de lo que se bebe. Por eso, junto a los anuncios de la próxima artista despampanante que va a actuar en el local, brillan las ofertas de los próximos días: “Compra tu botella de whisky por 50 euros y te regalamos cuatro bebidas energéticas”. Así son los clubes nocturnos donde se divierte la nueva clase adinerada de Sofía y cuyo hilo musical es invariablemente la chalga.
“Tigre, tigre, ¿tienes la pasta? / Si tienes la pasta, tendrás chicas bonitas / Tigre, tigre, ¿no tienes la pasta? / Si no tienes la pasta, sólo abuelitas”. Letras muy básicas acerca del sexo y el dinero fácil, pechos de silicona, bellas mujeres sobre coches de lujo, son los ingredientes de este tipo de música que bien podría considerarse una versión balcánica del reguetón que triunfa en los países hispanos y EEUU. Con todo, la chalga se remonta a tradiciones más antiguas.
En su origen, los chalgadzhia (chalgueros) eran músicos sin cualidades para el solfeo, pero gran habilidad para tocar los ritmos populares en bodas y festejos. De ahí que las melodías, muy repetitivas, mezclen sonidos turcos, gitanos, árabes y judíos. Durante el periodo comunista, la chalga fue restringida al considerarse una música degenerada y propia de gente de poca cultura, pero, tras la caída del Telón de Acero, Bulgaria vivió una explosión de chalga que, mezclada con pop y techno, inundó los canales de televisión y radio.
Hay quienes critican sus letras machistas, el aspecto de “actriz porno” de sus cantantes y la vulgaridad que rodea el ambiente de la chalga. Aún más preocupante es su relación con el crimen organizado, pues los nuevos ricos que han medrado a través de asociaciones mafiosas gustan de asistir a este tipo de garitos. Pero lo cierto es que su ritmo triunfa en Bulgaria. Y ahora que esta música ha ascendido desde la clase baja hasta los selectos clubes de la elite, todos prefieren denominar popfolk. Queda mucho más fino.
Quizás se deba a que entre sus seguidores se cuenta -aseguran algunos búlgaros- el primer ministro, Boyko Borisov, ex guardaespaldas de uno de los últimos líderes comunistas y del rey-político Simeón II. La oposición no ha tardado en echárselo en cara: “Borisov quiere una población vulgar, callada y obediente, que sólo escuche chalga y vea Gran Hermano”.

27 diciembre 2010

Mefistófeles en el laberinto de la burocracia turca (El Periódico)

Se dice de la burocracia que es aquel arte capaz de convertir lo posible en algo imposible. En Turquía, con su mastodóntica burocracia, los tramites más sencillos aún continúan siendo engorrosos. La larga lista de papeleo que exige el estado turco, sumada a las normas de seguridad impuestas por la Unión Europea, puede convertir el hecho de abrir una cuenta bancaria o conseguir un dispositivo de internet 3G en una versión mucho más retorcida del tan hispano “vuelva usted mañana”.
“Debe conseguir un registro de residencia del muhtar (funcionario electo a nivel de barrio)”, dicen en la compañía telefónica. “Primero tiene que traer un certificado de la oficina de empadronamiento de la delegación del gobierno”, explica el muhtar. “Antes necesita que un notario certifique sus papeles”, explican en la delegación. “No puede venir sin un testigo de nacionalidad turca”, exige el notario. Cuando se han cumplido los trámites, siempre puede ocurrir que algo falle: “El sistema no me deja –el dependiente de la tienda de telefonía se encoge de hombres- necesita un carnet de identidad turco”. ¿Pero si soy extranjero? “Imposible, entonces”.
Si la aduana retiene un paquete postal uno puede también darse por perdido, porque la inversión de tiempo y dinero en gestiones burocráticas puede superar el valor del envío. Se debe acudir a la empresa de mensajería donde se encuentra el paquete, pero de la que no puede salir hasta recibir una autorización de Aduanas. Luego, con los documentos pertinentes, trasladarse al aeropuerto. Las aduanas se encuentran en la terminal de carga, un edificio más propio de la geografía ex-soviética que de la pujante Turquía. Su presencia impone respeto. A medida que se penetra en su interior se vuelve más oscuro a cada paso, debido a la pobre iluminación y a la humedad que ennegrece el hormigón, como si uno se introdujese en el averno.
Hombres ajetreados con maletas llenas de legajos corretean de un lado a otro. Otros rellenan documentos en grandes máquinas de escribir pleistocénicas. No hay forma de saber qué hacer, hasta que alguien acude al rescate. Se podría pensar que son funcionarios, pero no. Son personas que, a cambio de una propina, conducen a los no iniciados por estos laberínticos pasillos de otra época, del mismo modo que Mefistófeles guiaba a Fausto por los arcanos de lo oculto. “Compra un sello aquí, haz esta cola, paga en el último piso, baja al segundo, certifica el documento”. Al cabo de varias horas se consigue salir a la luz del día. “¿Terminado?”, pregunta mi particular guía, un joven del este de Turquía, mientras se va fumar un cigarrillos con el resto de sus compañeros que, estirados sobre cajas o en cuclillas, esperan a sus clientes. No, aún falta regresar a la empresa de mensajería a completar las gestiones.
Afortunadamente para los usuarios, las cosas están cambiando y el gobierno turco ya ha comenzado a introducir la informática en las gestiones burocráticas. El proyecto de e-devlet (Estado Electrónico) permite a muchos ciudadanos resolver sus asuntos por medio de internet e incluso se piensa introducir la posibilidad de pleitear en los tribunales desde el teléfono móvil. Es la modernización que avanza inexorable. Los mefistófeles de las aduanas terminarán por desaparecer como ya han hecho otros oficios del Estambul callejero, cuyo único recuerdo pervive en la literatura.

14 diciembre 2010

Guti: Tormenta en Estambul (Cuaderno del Domingo - El Periódico)

Andrés Moureza
Estambul
El fútbol, la fama y el dinero suelen pasear de la mano. Ese glamour y la belleza del fútbol bien jugado empujan a niños de medio mundo a dar patadas a un balón. Ayer querían ser héroes militares, hoy futbolistas.
Pero los focos que iluminan el estrellato de los jugadores rara vez se apagan cuando el árbitro pita el final del partido. Es algo que va con el sueldo. Ciertos futbolistas lo olvidan y entonces les vemos cometiendo pecados como el común de los mortales. Algunos, en lugar de redimirse, actúan como los niños ricos que son, añadiendo insulto a la injuria, como dicen los británicos.
Así ocurrió el pasado fin de semana con José María Gutiérrez Hernández ‘Guti’, jugador del Besiktas y ex del Real Madrid. Toda la plantilla y los directivos del equipo turco celebraban el cumpleaños del italiano Matteo Ferrari en el club Reina y el presidente, Yildirim Demirören, corría con los gastos. Esa misma tarde habían vencido al Bursaspor y, la semana anterior, al Galatasaray, en el derby estambulí. La prensa alababa el juego del centrocampista madrileño, sus 4 goles en liga y sus certeros pases. Guti estaba contento.
Había alcohol sobre la mesa, relata un periodista que estuvo presente durante el convite, pero sólo el agasajado Ferrari tuvo la cabal idea de asistir en una furgoneta alquilada. El resto conducía sus coches de lujo. De ahí que no extrañe que Guti acabase la noche a las 4 de la madrugada en comisaría, después de haberse colado en un carril contrario y casi estamparse contra un autobús. Quintuplicaba el nivel de alcohol permitido para conducir.
“Estas fiestas no se celebran cada domingo, pero esta vez había cumpleaños”, explica el periodista: “Sabemos que a Guti le gusta la noche. Es afortunado. Estambul es un buen lugar para divertirse”. Reina es el ombligo del mundo de los famosos de Turquía. Un selecto club a orillas del Bósforo del que otros futbolistas como Roberto Carlos y Dani Güiza han sido asiduos clientes. Entre los dos puentes que cruzan el estrecho que separa Asia y Europa se suceden los clubes de lujo: Sortie, Sapphire... También aquí permanece fondeado el yate Savarona -usado por el mismísimo Mustafa Kemal Atatürk- desde que se descubrió que sus arrendatarios lo utilizaban para orgías con prostitutas.
“Guti es tan profesional que se habría levantado para ir al entrenamiento de no haber sufrido el accidente”, defendió el presidente Demirören al día siguiente, a sabiendas de que ni ha sido el primero en protagonizar un incidente así, ni será el último. “Un futbolista bebido se estrelló aquí, pero enseguida llegó un amigo suyo y se lo llevó en otro coche”, relata un comerciante del barrio de Kandilli, donde habita Guti en una urbanización de villas esparcidas entre bosques. Lo mismo ocurría con el ex barcelonista Gica Hagi en sus tiempos de jugador del Galatasaray. Bebía y bebía, pero siempre tenía amigos a su alrededor que lo protegían de quedar mal ante las cámaras. “El problema es que el pobre Guti acaba de llegar y no tiene un grupo de amigos que lo cuide”, añade el comerciante.
Compañeros y aficionados reconocen a Guti como el nuevo líder del Besiktas. “Es un genio. ¡Qué más da que beba, mientras juegue bien!”, opina Selim, en Besiktas, el popular barrio donde se originó el equipo. Su peña más grande, Çarsi, de ideas izquierdistas, adora a la Tormenta Rubia, como apodan a Guti. En cada partido miembros de Çarsi se reparten por las gradas y acuerdan los eslóganes que gritarán en cada momento, convirtiendo el viejo estadio Inönü en una sola voz.
Los aficionados más optimistas creen que queda Guti para rato a pesar de sus 34 años. Otros son más pesimistas: “Le gustan demasiado el alcohol y las mujeres. No aguantará más de un año. Los seguidores del Besiktas también beben, pero quizás tenga problemas con la dirección”.
Guti deberá tener cuidado. Podría ocurrirle como a George Best, aquel mítico extremo del Manchester United que resumió su vida diciendo: “Gasté mucho dinero en mujeres, coches y alcohol. El resto lo desperdicié”. Las botas de los mejores defensas del Reino Unido no pudieron frenarlo durante los años sesenta y setenta, pero el alcohol sí logró ponerle la zancadilla y destrozarlo hasta su muerte en 2005. Entonces no había ningún árbitro ahí para pitar penalti.

29 noviembre 2010

San Fermín en la Fiesta del Sacrificio (El Periódico, 23/11/2010)

Hace unos días que mi calle comenzó a oler a boñiga de vaca. Se acercaba la Fiesta del Sacrificio y algunos vecinos decidieron utilizar un solar cercano como establo para guardar las reses hasta el día de la matanza. Entre la boñiga y los días de fiesta, el barrio adquiere un entrañable ambiente pueblerino, donde las cosas y las personas se mueven a una velocidad más lenta que de normal. Las señoras sacan las sillas a la calle para departir con sus vecinas mientras limpian unas judías, los abuelos juegan al backgammon a la puerta del café y apenas se ven coches. Siempre es sorprendente constatar cómo los estambulís consiguen darle el aire de su pueblo natal a los barrios de esta urbe de más de 12 millones de personas.

La Fiesta del Sacrificio (Kurban Bayrami en turco o Eid al-Adha en árabe) conmemora el mito común a las tres grandes religiones monoteístas en el que Abraham, por orden divina, se dispone a sacrificar a su hijo Ismael para demostrar su fe y Dios, conmovido, trueca al chaval por un cordero. Los turcos, como millones de musulmanes, prefieren no tentar a la suerte y sacrifican directamente al animal -ovejas, cabras y vacas- del que una parte será entregada a los pobres. Lo habitual es que todos los componentes de la familia o de varias familias junten dinero y compren una cabeza de ganado entre todos, ya que una vaca puede superar los 3.000 euros, aunque de ella se sacarán unos 200 kilos de carne, suficientes para sobrellevar el invierno.Antaño la matanza se realizaba en las calles, cubriendo de rojo sangre las aceras y desparramándose hasta llegar a teñir las aguas del estrecho del Bósforo. Pero, de unos años a esta parte, las autoridades decidieron que eso no iba con la imagen de nación moderna que buscan para Turquía y ahora solo está permitido hacerlo en los lugares adaptados.

Ahora bien, eso no quiere decir que todos cumplan a rajatabla con la norma. Por ejemplo, en el barrio de Bahçelievler un ternero logró zafarse de los carniceros y durante dos horas se recorrió las calles asustando a los paseantes como si se hubiese hecho una suelta de vaquillas. Finalmente el animal se desplomó en la carretera, frente a un autobús municipal, y ni cortos ni perezosos, sus dueños culminaron la matanza despedazando la res sobre la calzada mientras los pasajeros observaban atónitos. Obviamente los incidentes más curiosos se producen en los pueblos: en uno de la costa del mar Egeo, una ternera escapó del matadero y consiguió correr durante 10 kilómetros y nadar otros tres hasta que lograron pescarla y en otro del sudeste los trabajadores del ayuntamiento hubieron de recuperar un toro a punta de pistola.

A falta de encierros de San Fermín en Turquía -lo más parecido son los recortes que los viandantes se ven obligados a hacer a los taxis que se cuelan en las zonas peatonales para evitar ser atropellados-, los telediarios nacionales se regodean en estas escenas sanferminescas de la Fiesta del Sacrificio. El balance no es insignificante: la del 2010 ha sido la edición más violenta de las últimas siete con 3.360 heridos entre astas de toro, atropellos vacunos y cuchilladas mal dadas.

24 octubre 2010

Domingo de puente sobre el Bósforo (El Periódico)

Si no se dispone del bastón de Moisés, cruzar caminando de Europa a Asia o viceversa resulta imposible en Turquía, pues los dos continentes están separados por franjas marinas: el mar de Mármara y los estrechos del Bósforo y los Dardanelos. El único modo de salvar la distancia intercontinental es en transbordador o a través de los puentes gemelos sobre el Bósforo, ambos en Estambul.

Pero en estos puentes, inaugurados en 1973 y 1988, solo se permite el tráfico rodado. Un amigo de visita en la ciudad trató ufano de cruzarlo y, tras varias horas de caminata hasta la entrada del puente, un vendedor de crepes le disuadió informándole de que los peatones tienen prohibido poner un pie sobre la estructura de cemento y acero por miedo a que, como ya ha ocurrido, los suicidas aprovechen sus más de 100 metros de altura para hundir su existencia en las aguas del estrecho.

Solo hay dos posibilidades de cruzar el puente del Bósforo. La primera, tan improbable como hacerse con la varita mosaica, es ser Bono, el cantante de U2, a quien antes de su concierto del 6 de septiembre se le permitió pasear sobre el estrecho junto a las autoridades turcas. La otra se presenta cada año, a mediados de octubre, cuando se celebra el Maratón Intercontinental Euroasiático, que este domingo cumplió su 32ª edición.

Dado lo especial de la ocasión, los estambulíes afluyen en masa. No tanto al maratón propiamente dicho, de 42 km y reservado a los atletas, o a la prueba más asequible de 15 km, sino sobre todo a la carrera popular de 8 km, en la que más que de correr se trata de aprovechar la excelente ocasión de vivir uno de los puentes más simbólicos del mundo.

Familias enteras, colegiales con el uniforme de su escuela, asociaciones de inmigrantes de las más remotas provincias del país, grupos enarbolando banderas de Turquía y pancartas con peticiones políticas y ruidosas peñas de los equipos de fútbol. En total, una riada humana de más de 100.000 personas que, desde la salida en el barrio anatolio de Altunizade hasta la meta junto al estadio del Besiktas europeo, deja estampas de lo más variopinto. Por ejemplo, la de unos adolescentes que, en medio del puente, plantan su tablero de backgammon para echar una partida, o unas mujeres ataviadas a la manera tradicional que comparten un pastel de cumpleaños en mitad de la carretera. Otros bailan y cantan en corro y casi todos quedamos estupefactos al comprobar cuánto se bambolea el puente colgante, tanto que marea ver cómo las farolas de la mediana asemejan juncos mecidos por el viento. Llegar a tierra firme resulta un alivio.

«¿Sois de los que corren?», pregunta Erol, camarero de un restaurante cercano a la céntrica plaza de Taksim, al vernos regresar sudorosos: «Por vuestra culpa he llegado tarde al trabajo. Tenía que entrar a las 11 y como todas las calles estaban cortadas por el maldito maratón, he llegado a las 13.30. ¿El ayuntamiento no se da cuenta de que en una ciudad como Estambul no se pueden hacer carreras porque le fastidias la vida a cinco millones de personas? ¡Que se vayan a correr fuera de la ciudad!». Un domingo de puente también tiene sus inconvenientes.

07 octubre 2010

Cementerios online (El Periódico)

Andrés Mourenza
Estambul
Entre las verdes colinas del Mar Negro, una región conocida por la inventiva de sus habitantes, surge la aldea de Sarvan, en la provincia de Giresun. Hace 15 años, sus habitantes ni siquiera sabían lo que era un ordenador. Ahora, Sarvan se ha informatizado y hasta a sus muertos se les puede rezar por internet.
El funcionamiento de su cementerio online es muy sencillo: el usuario entra en la página web del pueblo y de ahí pasa a la visita virtual del cementerio. En una columna aparecen los nombres de las personas enterradas en el cementerio real de Sarvan y al pulsar sobre uno de ellos aparece su tumba.
Luego se selecciona, en otra columna, a uno de los dos imanes del pueblo y se escucha cómo este recita al fallecido un pasaje del Corán, pide a Dios que perdone sus pecados y le desea a su alma un buen descanso eterno.
Inspiración televisiva
No cabe duda de que la idea es original y, además, muy práctica. Sarvan vive de su cosecha anual de avellanas -de las que Turquía es, con creces, el principal productor mundial-, pero a los habitantes de la aldea apenas les alcanza para vivir dignamente. Así es que desde hace décadas los aldeanos se han visto obligados a emigrar a Estambul, Ankara o Esmirna e incluso más lejos, a las industrializadas ciudades de Alemania, Francia, Holanda y Bélgica.
Y a causa de ello, en los días más señalados, en los aniversarios y en las festividades religiosas, cuando es tradición visitar a los familiares que se han ido, las tumbas de Sarvan no tenían quién les rezase.
Hüseyin Türkfiliz, oriundo de Sarvan, maestro de profesión y él también emigrante, fue quien creó la página web de Sarvan (www.sarvan.net) y su camposanto online. Asegura que fue la televisión quien le dio la idea. «Vi algo similar en un programa y me llamó la atención, así que adoptamos la idea. El nuestro se ha convertido en el cementerio online más exitoso de todas las webs turcas», explica en conversación telefónica. A pesar su básico diseño, el cibercementerio de Sarvan recibe unas 6.000 visitas al mes.
Gracias a la web, ahora los emigrados a Europa y las grandes ciudades de Turquía pueden cumplir con sus correspondientes rezos durante las festividades religiosas. Además, se pueden informar sobre los nuevos nacimientos y los jóvenes que han sido enviados al servicio militar, sobre quiénes se han casado y quiénes han fallecido.
Uno se pregunta si las estrictas normas religiosas no impedirán este avance tecnológico. Cemal Altay, alcalde de Güney (en el sudoeste de Turquía), otro pueblo que ha subido las tumbas a la red de redes, asegura que no. «Nosotros le preguntamos a nuestro imán del pueblo y él no se opuso, así que no hay nada en el cementerio online que vaya contra el Corán».
Lazos fortalecidos
«La web y el cibercementerio han ayudado a reforzar los lazos entre los vecinos y los que han emigrado», asegura Türkfiliz. Internet se ha convertido de este modo en una herramienta de convivencia para los aldeanos y de supervivencia para Sarvan, que como muchas otras poblaciones estaba destinada a la desaparición por culpa de la emigración y el envejecimiento de los habitantes que han optado por permanecer.
«Y esto a pesar de que hasta hace cinco años no teníamos internet en la aldea. Tuvimos que solicitar expresamente que nos hiciesen la instalación. Ahora, de los 400 habitantes de Sarvan, hay al menos 30 que son activos internautas», relata el maestro: «Incluso mi padre, que tiene 70 años, es un gran usuario de Facebook».

21 septiembre 2010

Telón de acero mental (El Periódico)

Los ríos -como las cordilleras-son lugares habituales para marcar fronteras: por aquí pasa el río, por aquí trazamos la línea de división. En Turquía, su frontera nororiental la dibujan los ríos Arpaçay y Aras y permanece bloqueada desde hace décadas. Un residuo del telón de acero. Aún más, un doloroso recuerdo de un siglo de matanzas y odios. Al otro lado de sus aguas plateadas, se extiende Armenia.
«Es como en un edificio. Nosotros vivimos aquí y ellos allí. Un muro nos separa. Ni ellos nos hacen daño, ni nosotros a ellos», explica Gökmen, un joven maestro de la aldea turca de Halikislak. Al otro lado, en el pueblo armenio de Bagaran, Zanazan Harutyunyan, subido a un tejado, ofrece una explicación similar: «Hay una valla, luego el río, luego otra valla, y al otro lado, Turquía».
«Ese era nuestro pueblo -prosigue el funcionario armenio- hasta que los turcos nos echaron». El recuerdo del genocidio armenio en 1915 y las tierras perdidas sigue vivo. Son historias que, transmitidas de generación en generación, ayudan a recordar las afrentas pasadas como si fuera ayer. «¿Cómo podemos siquiera plantearnos que se abra la frontera sin que los turcos reconozcan el genocidio?», añade Levon Narcisian para matizar: «Quiero visitar esa tierra pero no como turista, sino como propietario de lo que es mío».
Lo mismo ocurre en la orilla turca del río. Los aldeanos de Halikislak son azerís cuyos antepasados proceden del Nagorno-Karabaj, una tierra actualmente ocupada por soldados armenios. «Solo debemos abrir la frontera si los armenios se retiran de Karabaj. Ellos invadieron el pueblo de mi abuelo», ataca Kiyas Karadag, alcalde de Halikislak.
Pero los ríos son agua, vida por tanto, y el mismo agua que separa las dos villas les obliga a cooperar. Una vez al mes un ingenio mecánico de la época soviética se pone en marcha y un representante de cada lado, acompañado por oficiales militares, cruza el río hacia el otro país.
«Comparamos los niveles de agua consumida y acordamos las cuotas», relata el ingeniero armenio Hovik Gevorgian: «El ambiente es correcto. Después de las decisiones bebemos algo y hablamos de la familia. Conversamos en ruso y en turco. Pero no podemos pronunciar una sola palabra sobre política». «Es así desde hace años. Nada ha cambiado desde tiempos de la URSS», dice Harutyunyan.
El desconocimiento entre ellos es tan absoluto como la seguridad que tienen de que el vecino es mucho más pobre y peor que ellos. Las dos partes ignoran todo del otro principalmente porque llaman a cada población, a cada promontorio y a cada accidente del terreno de ambos lados de la frontera con los nombres de su propia lengua sin dar pie a que el otro tenga palabras sobre ello. De este modo conforman dos mundos diferentes que se superponen entre sí como si habitasen dimensiones excluyentes en el espacio-tiempo.
Garen, Isjan y Manuk, tres jóvenes de Bagaran, bajan al río cada verano y en ocasiones coinciden con los jóvenes turcos. A veces incluso comparten comida y bebida. Conocen sus caras pero no sus nombres, ya que no hay comunicación. «No es posible conocer a alguien del otro lado», constata el turco Gökmen.
Ese «otro lado» suena, entre las hojas de los frutales doradas por el sol de media tarde, a algo remoto, casi a un término de las novelas de ciencia-ficción. Pero las torretas de vigilancia, los militares turcos y armenios, los soldados del Ejército ruso que también patrullan la frontera, los prohibido el paso son completamente reales.
La frontera queda tan cerca que parece posible asir Armenia con la mano. Pero está prohibido. Solo las aves, ajenas a la política internacional, pueden volar libremente y cruzar los límites proscritos sobre el río. A veces una vaca o una oveja despistadas también acaban en territorio del enemigo. Entonces, cuenta el granjero Dogan, se movilizan las autoridades y los soldados de ambos lados para devolver el ganado a su país original: «Ya se sabe, son animales, no tienen conocimiento». Al escuchar estas palabras, uno se pregunta quién tiene mayor uso de razón, si la bestia o el ser humano.

14 septiembre 2010

Los buscadores de tesoros del oriente turco (El Periódico)

Kenan es un hombre de rostro curtido por el pedregal en el que se mueve. De mostacho abundante y barba cerrada. Cada día parte de su hogar a las cinco de la mañana con sus vacas y las del resto de la aldea y las lleva a pastar al sur de la provincia hasta que cae el sol, hacia las seis de la tarde. Le acompañan su hermano y uno de sus ocho hijos a lomos de un burro. Durante el día se alimentan de una hogaza de pan, el queso típico de Kars -seco, muy salado y trenzado en hilos- e innumerables tazas de té que preparan en la tetera que hierve sobre hogueras hechas con matojos de tomillo. En casa son 30 bocas que alimentar.
Por su rudeza de pastor kurdo, extraña el candor con el que extrae de su basta chaqueta un papel doblado y envejecido, pero protegido en un pañuelo de tela. Es el mapa de un tesoro. Lo encontró bajo una piedra con inscripciones en armenio y cree que le conducirá a una fabulosa reserva de oro. «Aún no hemos encontrado nada», se lamenta con pesar. Por eso no quiere que nadie le fotografíe con su preciado mapa.
Existe la leyenda de que los armenios, al huir perseguidos por el Ejército otomano entre 1915 y 1920, enterraron sus alhajas y fortunas en diversos escondites, por lo que en toda Turquía hay buscadores de tesoros que tratan de hallarlos.
Kars, la ciudad que inmortalizó el premio Nobel Orhan Pamuk en su novela Nieve, es una población que aún conserva el sabor ruso de la época en que estaba bajo dominio zarista y armenio (1878-1920). Ramazan maneja el volante por sus avenidas llenas de baches explicando cada monumento de la ciudad. Señala la antigua escuela, un almenado edificio decimonónico de piedra cenicienta, donde él estudió: «Allí se encontró oro hace muchos años. Aún ahora, muchos destrozan su casa tratando de encontrar las alhajas que dejaron los rusos y los armenios en los falsos techos, entre las paredes y bajo el pavimento».
Lo mismo ocurre en el resto de la provincia. Alguien se ha divertido haciendo pruebas de tiro con el cartel que señala el camino al pueblo de Karabag, 3 kilómetros. Es una aldea de casas bajas cuyos jardines están demarcados con cualquier trozo de metal. Los niños chapotean en pelotas en el río e intentan pescar con sus manitas desnudas algún pececillo con el que matar el gusano del hambre. El pequeño Özgür, también kurdo, explica a los visitantes que en las catacumbas de la semiderruida iglesia, situada a siete kilómetros del pueblo sobre la infranqueable frontera con la República de Armenia, alguien encontró el oro de los armenios y fue capaz de ponerlo a buen recaudo en otro escondite antes de que las autoridades fuesen alertadas: «El Estado no nos deja buscar en más sitios».
Nadie quiere que se le convenza de lo contrario, de que quizá los rumores sobre el oro armenio no son sino exageraciones. En una provincia castigada por el frío y el desempleo, la esperanza de salir de la miseria con un golpe de suerte es un derecho de todos. Son, al fin y al cabo, leyendas de pobres.
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Fotografía: Álvaro Deprit

10 agosto 2010

Diarios de viaje: La Casa de Cultura (Armenia)

Entre las resquebrajadas losas de piedra del patio que rodea el edificio brotan las malas hierbas. Hace tiempo que Bagaran dejó de depilarse.
Igual que dejó de cuidar de la tienda comunal de provisiones, de las calles y del suministro eléctrico. Igual que quedó abandonada la serrería con sus letras oxidadas. C-C-C-P.
Bagaran es un pueblo a tan solo un riachuelo de distancia de la frontera que separa Armenia de Turquía. Es un pueblo sin Casa de Cultura. Antes la tenía, ahora es sólo un fantasma viejo, un edificio sin uso al que sólo mantienen en pie sus pesados ladrillos de piedra roja.
Tras la caída de la sistema soviético, la dejaron morir poco a poco. Había otras cosas en que pensar: la libertad, la independencia, la nación. La guerra. La guerra con Azerbaiyán, el bloqueo de turcos y azerbaiyanos -en el fondo son todos turcos, todos nos odian-. La falta de recursos dejó a Armenia empantanada, nada funcionaba. No había electricidad. La guerra. La nación, la independencia, la libertad.
Había otras cosas en que pensar.
Los cristales se resquebrajaron y nadie se ocupó de restituirlos. Poco a poco se fueron cayendo también las tuberías. Quizás alguien las arrancó para utilizarlas en su propia casa. A fin de cuentas ya no éramos comunistas. Por fin existía la propiedad privada. La han ocupado las ratas y el olvido.
Gohar, una rechoncha maestra de escuela, lidera a un puñado de vecinos del pueblo que intenta juntar fondos para renovar la Casa de Cultura. Quieren reabrirla. Comprar libros y ordenadores para que los niños puedan estudiar. Es una iniciativa privada, el gobierno armenio ya no está para esas cosas. Bagaran es un pueblo demasiado pequeño, demasiado insignificante para tener una biblioteca estatal. No es rentable. “¿No conocéis a algún filántropo , alguna organización de beneficencia en el extranjero que pueda ayudarnos?”. Sólo ahora se dan cuenta de su error.
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Imagen: Vista de Bagaran y Halikisla (ya en territorio turco) en 2009. La Casa de Cultura es el edificio situado a la derecha (Armenian Reporter)

01 agosto 2010

El futuro en el fondo de una taza de café (El Periódico)

«Se busca mujer que sepa leer el futuro en los posos del café». Este anuncio escrito en claras letras de ordenador en un folio pegado a las paredes del Liceo Galatasaray podría parecer misterioso en cualquier parte del mundo. En Turquía pasa tan desapercibido como aquellos que buscan «un dependiente con experiencia».

La primera vez que lo percibí fue hace un par de años, cuando comenzaba a azotar la crisis, y solo al cabo de unos meses, como si los restauradores hubiesen adivinado el futuro, los locales del animado distrito de Beyoglu comenzaron a llenarse de anuncios que incitaban a los clientes a detenerse regalando una lectura de posos por cada taza de café.

La gente, debieron pensar los dueños de las cafeterías, estaría ansiosa por conocer qué iba a ser de ellos ante la situación financiera global.

Adivinar el destino a través de los posos del café es una antiquísima tradición entre los turcos y otros pueblos del sureste de Europa y de Oriente Próximo. Al terminar el fuerte café turco (que en Grecia se llama griego, chipriota en Chipre y armenio en Armenia) se gira la taza y se deja reposar hasta que los posos se enfrían dibujando formas caprichosas. Entonces, la persona apropiada lee en ellas el destino del bebedor creyente.

El fundador de la República, Mustafá Kemal Atatürk (1881-1938), pretendió a lo largo de su vida acabar con todo tipo de supersticiones y crear un islam ilustrado y racional, algo que chocaba con la esencia misma del hecho religioso, que no es sino una respuesta mágica y organizada al miedo vital del ser humano a la muerte y la finitud.

Antes de que eso ocurriera –nos cuenta el literato español Vicente Blasco Ibáñez sobre su viaje a Estambul en 1907–, existían en el Imperio otomano todo tipo de magos y derviches que curaban con el aliento e incluso el aullido. El mismo escritor acudió al ceremonial de un convento donde un hombre considerado santo curaba a los crédulos caminando sobre ellos.

Pero, a pesar de los mensajes aprendidos en la escuela republicana y laica y a pesar también de las autoridades religiosas musulmanas (que consideran este tipo de asuntos contrario a la ortodoxia del monoteísmo), las supersticiones de los turcos perviven, pues muchas tienen origen en su pasado chamanista y en las lejanas estepas de Asia Central, de donde partieron hace más de 10 siglos.

A (llamémosla así para proteger su anonimato) fue adivina durante un tiempo. Sus predicciones se hicieron tan famosas que empresarios y políticos de todo el país la requerían para que interpretase sus sueños y los posos de sus respectivos cafés. Finalmente, asustada por sus aciertos, dejó el negocio para refugiarse en la fe canónica.

Todo lo contrario que Manuel, a quien visito para probar fortuna. Es un armenio estambulí de aspecto ambiguo y de cuyo cuello penden collares, amuletos y rosarios. Falla en todo lo que se refiere a mi estado familiar y mi trabajo. Solo acierta en que viajaré «a una país de montañas». Quizá porque se trata de Armenia, la tierra de sus ancestros.

07 julio 2010

El twitter del presidente (El Periódico)

El pasado 27 de mayo se cumplieron 50 años del primer golpe de Estado de la democracia turca y el 12 de septiembre se conmemorará el 30º aniversario de la asonada más sangrienta. En ninguno de ellos los militares se privaron de sacar los tanques a la calle, acabando con la democracia al más viejo estilo castrense.

Hace tres años, en el que fue el último intento serio de intervención de las Fuerzas Armadas en la política de Turquía, el rudo general Yasar Büyükanit hizo público el malestar de los militares por la posible elección como presidente del islamista moderado Abdullah Gül a través de un comunicado que colgó a medianoche en la página web del Estado Mayor. Fracasó estrepitosamente y algunos lo bautizaron como el e-golpe. Nadie puede dudar de que Turquía se desarrolla a pasos de gigante en las telecomunicaciones.

Los turcos descubrieron la red social Facebook mucho antes de que se hiciese popular en España. Durante un año, los usuarios de Turquía encabezaban la lista por ver quién creaba más grupos, especialmente dedicados a su fundador, Mustafa Kemal Atatürk, pero también al licor nacional, el raki, o a mil y una protestas. Hoy es el cuarto país con más usuarios: 22,5 millones, solo por detrás de EEUU, el Reino Unido e Indonesia. Uno de cada tres turcos se ha abierto una cuenta en la red social, bien sea desde su ordenador personal, su oficina o los miles de cibercafés que se extienden desde la aldea más cutre de la Anatolia rural a los barrios más chic de Estambul.

Esta imagen de los turcos informatizados choca con la merecida fama censora de ciertas autoridades del país. Desde que en el 2007 se desató un guerra virtual entre internautas nacionalistas griegos y turcos en la web de vídeos Youtube, los jueces de Turquía han ordenado el bloqueo de la popular página varias veces; tantas que los turcos se han habituado a su prohibición. Pero, inconformistas ellos, comenzaron a publicar en la prensa trucos que permiten burlar el bloqueo de las web censuradas. Incluso el primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, en su habitual estilo soltó: «¿Qué pasa? Yo entro en YouTube, entrad también vosotros». Las visitas se multiplicaron y, pese a la prohibición, YouTube es la quinta web más visitada.

Sin embargo, en las últimas semanas la censura ha vuelto a la carga al expandir el bloqueo a varias utilidades de Google (propietario de YouTube), levantando el temor de que Turquía pueda acabar en el mismo saco que China o Corea del Norte. Una de las reacciones más duras contra las nuevas restricciones llegó del presidente de la República.

No ofreció una rueda de prensa, ni convocó a los periodistas que le siguen habitualmente. No. Usó su cuenta en Twitter: «Buenas noches a todos. A causa de mi apretada agenda no he tenido mucho tiempo de escribir. Pero quiero compartir con ustedes mis opiniones sobre varios temas –posteó a las 20:53 del pasado 10 de junio–. Estoy absolutamente en contra de la censura en internet. He pedido que se busque una solución. Si hace falta, cambiaremos las leyes». De un fracasado e-golpe como el del 2007, no extraña que haya surgido un e-presidente.

18 mayo 2010

Crónica desde Atenas: Nada altera el modo de vida mediterráneo (El Periódico)

Andrés Mourenza

Muchos turistas quedan decepcionados al visitar Atenas. La capital de Grecia es una urbe descomunal para el tamaño del país –la zona metropolitana alberga a 4 de los 11 millones de griegos–, sucia y caótica en muchos aspectos.

El Ministerio de Turismo promociona Grecia con el lema 5.000 años de Historia, aunque en el caso de Atenas bien se podría replicar: «¡Y 2.000 de vacaciones!». Entre los monumentales restos arqueológicos de la Grecia clásica y romana y los edificios neoclásicos construidos al ser proclamada Atenas capital de la Grecia independiente en 1834, apenas quedan un par de mojones de la historia. Las pequeñas iglesias bizantinas conservadas parecen más bien obstáculos que han quedado atrapados en medio de modernas avenidas peatonales o incluso bajo los soportales de un edificio de viviendas, como árboles centenarios a los que se les ha perdonado la vida. No es de extrañar, pues durante la edad media y el periodo otomano el centro de la cultura helena se trasladara a Salónica y sobre todo a Constantinopla, hoy Estambul.

El mar, capaz de amainar la psique en las ciudades más ruidosas, queda lejos del centro, obstruido por innumerables urbanizaciones y barrios residenciales. Para acariciar las aguas del Egeo hay que trasladarse hasta el Pireo o Paleo Fáliro, que, aunque no están físicamente separadas de Atenas, son poblaciones distintas, como l’Hospitalet de Llobregat y Barcelona. Otro hecho paradójico para quien visita la ciudad por primera vez, teniendo en cuenta el papel que ha tenido siempre el mar en la historia helena.

Para enamorarse de Atenas hay, pues, que transitarla mucho. Acostumbrarse a sus mercados de aves y fruta en plena calle, al furor de las motocicletas, a su mezcla de edificios de los años 70 y palmeras, que permite imaginar la época en que esta ciudad era un seguro punto de paso entre Europa y los campos de entrenamiento de Oriente Próximo para las organizaciones armadas, desde los grupos palestinos a la RAF alemana, las Brigadas Rojas italianas y el PKK kurdo.

Un acto de reconciliación puede ser observar un atardecer desde el Aréopago, donde según la mitología fue juzgado Orestes por el asesinato de su madre, Clitemnestra, y el amante de esta, Egisto. Aquí los jóvenes se reúnen, armados con latas de cerveza, para ligar y ver cómo el añil se apodera del cielo vespertino sobre una miríada de terrados blancos que ocupan todo el espacio que abarca la vista.

Llenas a todas horas, las terrazas de los cafés, esas modernas ágoras, son el otro pilar del alma ateniense. «Los turistas alemanes ven esto y luego no quieren darnos ayudas para salir de la crisis», bromea el periodista Pandelis Gonos. Sin embargo, el tópico de los griegos vagos es solo una ilusión. Según Eurostat, los griegos trabajan 42 horas por semana, más que nadie en la UE y también que los alemanes (40,8).

«Pase lo que pase, esto no nos lo podrán quitar». La frase de Gonos evoca el grito de guerra de un William Wallace heleno: «Podrán quitarnos los sueldos y las pensiones... lo que jamás podrán arrebatarnos es el modo de vida mediterráneo».

12 mayo 2010

Diario de Grecia X: Papandreu, pide apoyo a la oposición y dice que «para cambiar el país, antes había que salvarlo» (El Periódico)

ANDRÉS MOURENZA
Atenas, 11 de abril

Grecia debe dejar atrás la falta de transparencia y de credibilidad. Con este mensaje se presentó ayer el primer ministro, Giorgos Papandreu, para recabar el apoyo de la oposición a las medidas de austeridad impuestas por su gobierno para sobreponerse a la grave crisis económica que atraviesa el país. «Para poder cambiar Grecia, antes había que salvarla», añadió en referencia a la posibilidad de que el país se declare en bancarrota.

Esta reunión extraordinaria fue moderada por el presidente, Carolos Papulias, quien exigió «tolerancia cero» hacia la corrupción, que ha provocado un grave déficit. Las formaciones de izquierda, el Partido Comunista y SYRIZA, boicotearon el encuentro alegando que el paquete de medidas de ahorro propuesto por el Gobierno afecta especialmente a los trabajadores.

«Los miembros del anterior gobierno (Nueva Democracia, conservadores) reconocen haber hecho las cosas mal, pero ninguno ha sido castigado por ello. Lo mismo ocurre con el actual Gobierno, que estaba en el poder antes del 2004», dice Costas, un informático de 28 años. «La situación es tan mala actualmente que no creo que podamos pedir que se echen atrás las medidas de austeridad. Pero debemos exigir que los culpables de la crisis terminen en la cárcel», reivindica este joven.

Según diversas encuestas publicadas durante el fin de semana, los griegos están divididos respecto al plan del Gobierno, necesario para que la Unión Europea (UE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) concedan a Atenas préstamos por valor de 110.000 millones de euros. Según el diario To Vima, el 55% de la población considera necesario aplicar las recetas de choque, mientras que el 45% se declara contrario a ellas, ya que supondrán reducciones de salario, despidos y aumentos de los impuestos.

Gran parte de los griegos defiende también que continúen las protestas. «Protestar es saludable. Es la única manera de que la voz de la gente llegue a lo alto», afirma Justine, una estudiante de la Universidad Ateniense de Economía y Negocios.

A pesar de que el anuncio de que las ayudas de la UE y el FMI llegarán a tiempo para saldar el vencimiento de deuda el próximo 19 de mayo ha producido cierto alivio en el Gobierno, quienes no prometen dar un respiro a Papandreu son los sindicatos.

Las farmacias se sumaron ayer a las movilizaciones con una huelga de 48 horas para protestar contra la reducción del precio de las medicinas y la liberalización del sector.

El próximo caballo de batalla son las pensiones que, según el plan del Ministerio de Trabajo presentado ayer, se verán reducidas hasta un 26%. Además, a partir del 2015 nadie podrá retirarse antes de los 60 años y se penalizarán las prejubilaciones. «El gasto público debería aumentar el 20% en los próximos años para mantener el sistema de pensiones. Es completamente insostenible, por tanto era solo cuestión de tiempo que estallase», explica el profesor de Economía Apostolis Filippopulos.

«Los últimos 5 años del Gobierno han sido un completo desastre. No hemos recibido inversión extranjera directa desde las Olimpiadas del 2004 –opina el economista Elyas Tzavalis–. Sin embargo, creo que si la UE nos ayuda, con unos años de reformas estructurales, volveremos a recuperarnos».

Para ello, según Apostolis Filippopulos, es necesario que el Gobierno consiga que impere la paz social. Pero esa parece una posibilidad muy remota porque los sindicatos discuten precisamente en las últimas horas la convocatoria de nuevas huelgas y protestas para esta misma semana.

Diario de Grecia IX: Grecia se prepara para el drama (El Periódico)

ANDRÉS MOURENZA
Atenas, 10 de abril

Estos días, en Grecia, cada ciudadano es un economista en potencia. Tanto oír hablar de la crisis, la gente ya maneja los términos económicos como los del tiempo. Y cada cual tiene su teoría. «El problema de nuestro país es la excesiva dependencia del turismo. Hemos acabado con la agricultura y no tenemos industria», opina Thanisis, recepcionista de un hotel. El ágora de Atenas, la capital, ya no está a los pies de la Acrópolis como antaño, sino en las animadas terrazas de los cafés, donde se conversa sobre la situación del país bebiendo frappé, tras las revueltas de los últimos días. Las culpas se reparten: de los políticos a los bancos.

Pero, ¿cómo ha llegado Grecia hasta el borde de la bancarrota? Una de las causas es la política de déficits de un sistema político de cambio de votos por favores. Así, el Ejecutivo de Costas Caramanlis (2004-2009), a pesar de haber prometido a la Unión Europea (UE) reducir el peso del funcionariado, contrató a 55.000. Actualmente, uno de cada cuatro empleados trabaja en el sector público.

Otro de los graves problemas de la economía griega es su escasa competitividad y la falta de variedad productiva. Los bajos intereses en los préstamos han llevado, además, a un endeudamiento general de la sociedad griega. El Gobierno ha tratado de financiar su déficit con bonos, una deuda, degrada por las agencias de rating, que ahora es incapaz de pagar. «En anteriores ocasiones –afirma Giorgos Glynos, del think tank ELIAMEP–, la crisis se hubiese solucionando devaluando la moneda, pero con el euro es imposible».

La única solución que ha encontrado el Gobierno del socialista Giorgos Papandreu ha sido la imposición de draconianas medidas que permitirán ahorrar 30.000 millones de euros a cambio del apoyo de la UE y el Fondo Monetario Internacional (FMI) que, en su mayoría tendrá que devolver con un interés de hasta el 5%. Hoy Papandreu detallará la reforma de las pensiones, uno de los puntos polémicos, que ya ha provocado protestas que la semana pasada se saldaron con tres muertes.

Las medidas de ajuste contraerán la economía y supondrán «miles de dramas individuales», opina un economista. Un profesor de escuela con 30 años de antigüedad, que hasta ahora cobraba 2.100 euros al mes, perderá 300 en cada mensualidad. Los jóvenes griegos de la llamada generación de los 700 euros, el salario que cobran, pasará a ser la de los 540. «Tendremos que acostumbrarnos, no hay otra salida –cuenta Stéfanos resignado–. «Si quiero labrarme un futuro debo irme de aquí, es la única solución». Stéfanos estudia Arquitectura en el Politécnico de Atenas, una de las sedes universitarias que ha centrado las revueltas.

Por su parte, Ilyas, que descansa sobre su taxi en la céntrica plaza de Sintagma sabe que a él le afectan doblemente las medidas del Gobierno: por un lado se liberalizará su sector; por el otro, las manifestaciones en el centro impiden su trabajo: “Claro que apoyo las protestas. La gente tiene razón, hay que protestar contra esos 300 malakas (gilipollas) del Parlamento”.

11 mayo 2010

Diario de Grecia VIII: Velas

Atenas, 9 de mayo

Doscientas personas se han reunido en la Plaza Sintagma. En sus manos la llama de las velas lucha contra el airecillo de la tarde por no apagarse y brillar más que la luz de Atenas. Protestan contra la violencia de las protestas que, el miércoles, acabó con la vida de tres trabajadores de la banca Marfin Egnatia. Unos jóvenes de entre los manifestantes lanzaron un cóctel molotov a la sede bancaria de la calle Stadiu 23 y, atrapados, resultaron asfixiados por el humo.

Se ha discutido largo y tendido sobre los culpables de las muertes mientras la policía aún los busca. Hay quienes denuncian la tolerancia a la violencia que se ha extendido en la sociedad griega durante las protestas de los últimos años. “Los culpables son 20 ó 30 anarquistas descerebrados, el resto de los manifestantes son como tú o como yo”, opina el taxista Elías. Otros señalan a la policía, por no haber detenido a los sospechosos habituales “que todos saben quién son”. Incluso se apunta a los servicios secretos. También están quienes culpan a los manifestantes, por no haber socorrido a los trabajadores atrapados y quienes echan la culpa al banco, por presionar a sus trabajadores para que no se uniesen a la huelga. La cuestión es que tres jóvenes trabajadores, uno de ellos una mujer embarazada de cuatro meses, perdieron la vida.

Dora Bakoyannis, ex ministra de Asuntos Exteriores, descansa en la Plaza Sintagma junto a unas muletas. Extrae un cigarrillo de su pequeño bolso e, inmediatamente, una mujer teñida de rubio de la concentración se acerca a ofrecerle fuego. Los medios de comunicación griegos se preguntan qué planea Bakoyannis. Acaba de ser expulsada del partido conservador, Nueva Democracia, por votar a favor del plan de ajuste propuesto por el gobierno socialista. Ahora se rumorea que fundará su nueva formación, algo entre medio de los dos grandes monstruos políticos que han dominado la política griega desde la vuelta a la democracia en 1974, Nueva Democracia y el PASOK. Bakoyannis pertenece a la familia Mitsotakis, uno de los grandes clanes políticos que han dominado desde hace años la política griega, junto a los Papandreu (PASOK) y Caramanlis (ND) Los manifestantes emprenden la marcha hacia la calle Stadiu y Dora, con sus muletas, continúa su carrera política.

Dejan atrás otra manifestación, unos metros más arriba, frente al parlamento. Éstos, convocados por la asociación ATTAC, protestan contra la corrupción.

Los ramos de flores, las cartas, las velas del altar improvisado en la sede calcinada del Marfin Egnatia han crecido tanto en los últimos días que casi ocupan toda la acera. “Ha llegado la hora de que dejemos de tener miedo -afirma enfadado Yannis, un pensionista conservador-. No podemos quedarnos en casa, hay que hacer algo frente al terrorismo y la violencia”. Grecia es un hervidero político.

09 mayo 2010

Diario de Grecia VII: El termómetro

Atenas, 9 de mayo

Las prostitutas y los drogadictos del centro de Atenas son el termómetro de las revueltas. Si las inmigrantes africanas han salido a la caza de clientes en los alrededores de la Plaza Omonia y los politoxicómanos se pinchan con tranquilidad en Exarhia... es que hoy no hay protestas convocadas.

Diario de Grecia VI: Grecia recupera la calma tras la revuelta contra el plan de ajuste (El Periódico)

ANDRÉS MOURENZA
Atenas, 8 de abril

Grecia intentaba ayer sobrellevar la resaca de una semana de protestas que ha dejado tres muertos, decenas de detenidos, numerosos daños materiales y la aprobación de las draconianas medidas aprobadas por el Gobierno de Giorgos Papandreu para evitar la bancarrota del país. Los negocios del centro de Atenas abrieron; el transporte público funcionaba; los ciudadanos acudieron a sus trabajos e incluso las prostitutas de los alrededores de la plaza Omonia se lanzaron por la mañana a la caza de clientes para compensar las pérdidas de días anteriores.

Sin embargo, era una calma tensa. El plan de ajuste, con recortes de salarios y pensiones y subidas de impuestos, obligará a los griegos a apretarse aún más el cinturón y podría asfixiar la ya de por sí tocada economía helena. Aris y un grupo de compatriotas albaneses observaban con preocupación los titulares de los periódicos colgados de un quiosco. Llegó a Grecia hace 12 años, cuando el elevado consumo griego proveía de empleo a los inmigrantes: «Estoy pensando en volver a Albania. Aunque paguen menos, hay trabajo».

Los bancos abrieron media jornada en protesta por la muerte de tres empleados en un incendio en los disturbios del miércoles. El número 23 de la calle de Stadiou era ayer una esquina triste. Cientos de personas pasaron ante la sede del Marfin Egnatia Bank para ofrecer sus condolencias, flores y mensajes de apoyo, denuncia o remordimiento.

Dimitris Karagianis, del Partido Comunista, alberga dudas sobre lo sucedido el primer día de la huelga general: «Tenemos pruebas de que algunos actos violentos han sido cometidos por provocadores de los servicios secretos», y asegura que su partido luchará contra las medidas de austeridad, impuestas a cambio de un rescate de 110.000 millones de euros ofrecido por la UE y el FMI. «Es un préstamo que va a terminar pagando el pueblo y disfrutarán los grandes empresarios», denuncia.

«La gente está dispuesta a aceptar las medidas de ajuste del Gobierno si es a cambio de justicia. Pero parece muy difícil que los que causaron la crisis que ahora vivimos terminen en la cárcel», afirma el periodista Pantelis Gonos.

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El interés de la deuda pública helena sube hasta el 12,4 % (El Periódico)

A. M.
ATENAS

Los bonos griegos traen de cabeza a los mercados a medida que se acerca el próximo vencimiento de deuda pública. El 19 de mayo, Grecia deberá pagar 9.000 millones de euros de los que no dispone. Ayer, el interés de los títulos a 10 años se disparó hasta el 12,4%. Giorgios Glynos, exmiembro de la Comisión Europea, cree que la ayuda europea llegará a tiempo para cubrir el pago: «Los problemas los veremos en los siguientes vencimientos a lo largo de los próximos dos años».

Este economista considera que las medidas de austeridad impuestas por el Gobierno serán efectivas solo si la sociedad griega lo tolera y la situación internacional no se deteriora: «Si otros países de la eurozona, como España o Portugal, no toman medidas, se producirá un efecto dominó».

La confianza está minada incluso en el propio mercado interno. Stavros, un trabajador de banca en una zona bienestante de Atenas, explica que en los últimos dos meses los clientes han retirado de su oficina ocho millones de euros: «Hablo de hasta 100.000 o 200.000 euros de golpe». «En los últimos días hemos trabajado mucho enviando dinero de nuestros clientes fuera del país: a Chipre, Reino Unido, Suiza o a paraísos fiscales», añade.