22 agosto 2011
El conflicto kurdo entra en una nueva espiral de violencia (El Periódico)
18 agosto 2011
El Ejército turco ataca por tierra y aire posiciones del PKK en el norte de Irak tras el atentado de ayer (EFE - RTV Canarias)
09 agosto 2010
Turquía pone fin al calvario de los niños acusados de "terroristas" (EFE - La Razón, El Mundo, La Rioja)
Andrés Mourenza
Hakkari (Turquía)
El calvario por el que han pasado en Turquía cientos de menores de edad acusados de delitos relacionados con el terrorismo puede haber llegado a su fin con la aprobación de una reforma legal que suaviza las penas.
R, un joven de 17 años y mejillas sonrosadas por el sol y el aire que corre entre las altas montañas de Hakkari, en el sureste de Turquía, fue apresado el pasado diciembre. Había participado, como muchos de sus vecinos, en una protesta a favor de Abdullah Öcalan, el líder encarcelado del grupo armado Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), que derivó en las habituales carreras frente a la policía, disparos de balas de goma y bombas de gas a los manifestantes, pedradas a las fuerzas del orden y detenciones.
"Los policías me golpearon la cabeza con la culata de sus fusiles y me taparon la cara. Pensaba que me iban a matar", recuerda R. "En la comisaría los policías nos llamaban: 'terroristas', 'separatistas' y nos siguieron pegando. No dejaron que mi familia me viese porque tenía la cabeza cubierta de sangre y las piernas amoratadas".
Luego, "el hospital no quiso hacer un informe de torturas", critica. Tras 75 días en la prisión de Bitlis, a 340 kilómetros de su ciudad, compareció finalmente ante el juez: le cayeron 5 años y 3 meses de cárcel.
"Por lanzar una piedra se puede llegar a juzgar a estos niños por cinco delitos diferentes -entre ellos el de actuar en nombre de una organización terrorista-. Las penas que pide la Fiscalía por estos hechos llegan hasta los 35 años de cárcel", denuncia el vicepresidente del Colegio de Abogados de Diyarbakir, Eshat Aktas. En comparación, un miembro arrepentido del PKK -grupo al que Turquía, la UE y EEUU consideran terrorista- puede quedar en libertad en menos de un día si no ha cometido delitos de sangre.
4.000 menores procesados
En 2006, la Ley Antiterrorista fue enmendada para permitir juzgar como adultos a los mayores de 15 años, así que en los últimos cuatro años han sido procesados unos 4.000 menores de edad acusados de "colaborar con el terrorismo". De ellos, cerca de 200 aún permanecen en prisión. La situación se ha hecho tan insostenible que el comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, Thomas Hammarberg, ha protestado formalmente ante el gobierno turco.
El parlamento, ante la presión de la sociedad civil, cambió la ley el mes pasado. A partir de ahora, ningún menor será juzgado en tribunales para adultos ni se le imputará el cargo de "miembro de organización terrorista" por el mero hecho de lanzar una piedra o corear un eslógan pro-PKK, a la vez que se impondrán programas de rehabilitación en lugar de penas de cárcel.
"La nueva ley no es suficiente porque si el niño reincide será condenado por todos los crímenes anteriores. Lo que no se puede hacer es tratar a estos niños como terroristas, cuando deberían estar en el colegio en lugar de en la cárcel", opina el representante de la Asociación Derechos Humanos (IHD) en Hakkari, Ismail Akbulut.
El problema es, de hecho, mucho más profundo y tiene que ver con la política de tierra quemada seguida por el ejército turco en los años 90.
'Faltan oportunidades'
Entonces, las Fuerzas Armadas evacuaron unos 3.000 pueblos sospechosos de dar cobijo a la guerrilla kurda, obligando a más de un millón de personas a emigrar a las ciudades, donde se concentraron en los suburbios de chabolas. "Hakkari tenía 30.000 habitantes, pero tras las evacuaciones hemos llegado a los 65.000. Hay paro y faltan las oportunidades", explica un periodista local. La mayoría de niños procesados por terrorismo proceden de estos barrios de aluvión.
En cambio, los principales partidos políticos de Turquía y las fuerzas del orden acusan al Partido de la Paz y la Democracia (BDP, nacionalista kurdo), al que consideran el brazo político del PKK, de instigar a los menores contra las fuerzas del orden. "Los niños están siendo utilizados en las manifestaciones", se queja un oficial de policía.
"Ninguna madre, ningún padre le pone una piedra en la mano a un niño para que la tire", desmiente Akbulut. "Pero si los niños preguntan ¿quién nos echó del pueblo? Su madre responderá: el ejército. Si preguntan: ¿quién quemó nuestra casa? Dirá: el ejército. Si pregunta: ¿dónde está papá? En la cárcel. Es normal que desarrollen rabia contra las fuerzas de seguridad", añade.
En la lejanía, resuenan disparos por sobre las montañas y R., sentado en el prado, vuelve la cabeza: "¡Ves! Con esto vivimos todos los días".
03 agosto 2010
El conflicto kurdo se recrudece en la frontera entre Turquía e Irak (EFE - Deia)
Hakkari, la provincia más sudoriental de Turquía, es uno de los principales teatros donde se libra esta guerra no declarada -que ha dejado 45.000 muertos desde 1984- ya que los rebeldes kurdos utilizan la montañosa frontera para infiltrarse en territorio turco desde sus bases en Irak. Se trata de una región agreste, tanto que los diarios no llegan a la ciudad hasta las tres de la tarde, y tomada por las fuerzas de seguridad, que patrullan noche y día en vehículos blindados.
"La 'iniciativa kurda' (un plan del gobierno de Recep Tayyip Erdogan para solucionar el conflicto kurdo) generó muchas esperanzas, pero se ha demostrado que las medidas no eran suficientes. Además el ejército continúa atacando. La gente está descontenta y por eso el PKK ha retomado los combates", opina un vecino que pide el anonimato. El vicepresidente provincial del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), Adnan Hatiboglu, reconoce que la 'iniciativa kurda' está prácticamente muerta, pero culpa de ello a los jueces por ordenar la detención de cientos de representantes electos y la ilegalización del partido nacionalista kurdo tras acusarle de mantener lazos con el grupo armado PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán). "También el Partido de la Paz y la Democracia (BDP, las nuevas siglas bajo de los nacionalistas kurdos) debería habernos apoyado más", se lamenta.
En el exterior, un furgón policial armado con una metralleta vigila la sede del partido, cuyas ventanas y paredes muestran los agujeros de bala de un ataque del PKK. Ni el Ayuntamiento ni el BDP han condenado el atentado. "Los habitantes de Hakkari no colaboran con nosotros porque temen al PKK o porque simpatizan con él", se queja un oficial de policía.
"Guerrilla, guerrilla". Como si no les importase que Turquía, EEUU y la UE consideren al PKK un grupo terrorista, en el jardín de té de la alcaldía de Hakkari suenan canciones de apoyo al grupo armado. Aquí se sienten fuertes, pues el BDP gobierna con el 80 por ciento de los votos.
Recuerdos de los 90
M. recuerda lo que ha sucedido en cada rincón de Yüksekova, una comarca de la provincia de Hakkari: "En esta orilla del río torturaba la policía en la década de 1990. Esta casa la atacaron los soldados. De esta se llevaron preso a uno y el resto huyó a Irak. Este pueblo lo quemaron los soldados", relata. Son afrentas, abusos, muertos, que los habitantes de estas montañas no olvidan fácilmente. Sólo Yüksekova, de poco más de 60.000 habitantes, ha dado 3.000 mártires -como se llama a los caídos en combate- del PKK.
"Aquí te pueden matar en cualquier momento si entras en una zona militar, las detenciones son arbitrarias y controlan todos nuestros movimientos", denuncia Bedirhan Alkan, miembro de la Asociación Derechos Humanos (IHD) de Yüksekova. Ismail Akbulut, también de IHD, acusa al ejército de mutilar los cadáveres de los militantes del PKK antes de devolverlos a sus familiares, lo que incrementa la rabia y rebeldía de los jóvenes. "En los últimos meses ha aumentado la tensión y tememos que Turquía retroceda a la época de los años 90, y vuelvan los asesinatos por parte del Ejército y la policía", explica.
El gobierno del AKP, islamista moderado pero también profundamente neoliberal, mantiene una política basada en impulsar el desarrollo económico en la región kurda -una de las más subdesarrolladas del país- con la esperanza de que un mayor bienestar distienda también el conflicto. Pero para el teniente de alcalde de Hakkari, Abdullah Kiliç (BDP), ello no basta: "El conflicto no es sólo económico. No exigimos la independencia, pero sí que se respete legalmente nuestra identidad, lengua y cultura".
En una reciente entrevista con la BBC británica, el comandante del PKK Murat Karayilan ofreció el desarme a cambio de mayor autonomía para los kurdos de Turquía y el pasado año, otro de los comandantes del PKK, Bozan Tekin, aseguró a EFE que se darían por satisfechos con un modelo autonómico similar al español.
La mayoría de los dirigentes políticos turcos reconocen que el conflicto kurdo no se puede resolver exclusivamente manu militari, pero el gobierno se niega de momento a "negociar con terroristas". Mientras tanto, en Hakkari, este rincón tan apartado de los pasillos políticos de Ankara, los soldados y los miembros del PKK continúan matándose entre sí.

