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22 agosto 2011

El conflicto kurdo entra en una nueva espiral de violencia (El Periódico)

Eran en torno a las 9 de la mañana del pasado miércoles cuando las fuerzas militares de Hakkari recibieron la noticia de la presencia de miembros del grupo armado Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) en la carretera que une las localidades de Hakkari y Çukurca. Se trata de una zona, a escasos kilómetros de Irak, de escarpados desfiladeros que conectan, pico a pico, con los montes Kandil, ya en la frontera entre Irán e Irak, y que vive en un estado de total confrontación entre la población kurda local y las fuerzas militares turcas allí estacionadas.
Cuando acudieron los dos primeros blindados del Ejército los guerrilleros kurdos hicieron detonar sendos explosivos aunque sólo consiguieron alcanzar a uno de los vehículos. Al recibir la noticia, un convoy militar con apoyo de helicópteros Sikorsky acudió al lugar, donde los militantes del PKK tenían preparada la emboscada: volaron por los aires otro blindado BTR de 5 toneladas, matando a todos sus ocupantes. En total 9 solados fallecieron y 11 resultaron heridos. Al día siguiente, en la provincia vecina, Siirt, hubo dos nuevos atetandos: 2 gendarmes murieron y 4 civiles resultaron heridos.
La audacia del ataque indica la determinación del PKK, que en el último mes ha acabado con la vida de más de una treintena de miembros de las fuerzas de seguridad. Cada día, desde el sudeste (aunque ocasionalmente también de algunas zonas montañosas de las regiones del Mediterráneo Oriental y el Mar Negro, donde el PKK ha logrado infiltrar comandos) llegan noticias de nuevas emboscadas, atentados o secuestros. Según el diario conservador Zaman otras de las razones son las filtraciones de los servicios secretos turcos, que ponen en peligro la seguridad de las operaciones militares en la zona.
“A partir de ahora se han terminado las palabras. Nuestra paciencia de Ramadán se ha acabado. Ha llegado el momento de actuar. Jamás rendiremos estas tierras a los miembros de la organización terrorista y separatista”, respondió el primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, al ataque. Y el contraataque no se hizo esperar: los cazas turcos volvieron a penetrar en espacio aéreo iraquí para bombardear las posiciones del grupo en las montañas Kandil y otras áreas de la frontera turco-iraquí. “Nos esperábamos el ataque, no ha sido una sorpresa. Cada año hay ataques aéreos y nosotros somos un movimiento guerrillero con 30 años de experiencia. Además, no lograron causarnos bajas”, aseguró un militante del PKK a la agencia pro-kurda Firat.
El conflicto kurdo está entrando en una nueva espiral de violencia y eso que, tan sólo hace dos años, parecía posible llegar a un acuerdo de paz. El gobierno y Abdullah Öcalan, el líder histórico del PKK que permanece encarcelado desde 1999, anunciaron sus hojas de ruta; se otorgaron nuevos derechos a los kurdos y miembros de la guerrilla regresaron a territorio turco para reintegrarse en la vida política. Pero la presión de los sectores turcos más nacionalistas –entre partidos políticos, jueces y militares-, la lentitud del gobierno y el maximalismo de los nacionalistas kurdos impidieron aprovechar la oportunidad. Aún así, las negociaciones continuaron al máximo nivel y el jefe de los servicios secretos turcos, Hakan Fidan, se entrevistó con Öcalan.
Sin embargo, el llamado “Juicio KCK”, por el que han sido imputados decenas de representantes electos kurdos acusados de mantener vínculos con el PKK, y el hecho de que la Justicia haya impedido la excarcelación de 5 candidatos del Partido de la Paz y la Democracia (BDP) elegidos diputados en las elecciones del pasado 12 de junio –y que, por tanto, gozan de inmunidad parlamentaria- ha tensado el ambiente. Los miembros del BDP se han negado a recoger el acta de diputado y el pasado 14 de julio anunciaron una autonomía de facto para el Kurdistán turco. La decisión no tuvo trascendencia práctica alguna sino la de tensar aún más la cuerda con Ankara, precisamente el mismo día que el PKK mataba a 13 soldados en una emboscada en la localidad de Silvan (provincia de Diyarbakir), el mayor ataque de los rebeldes kurdos desde 2008.
Erdogan respondió al BDP asumiendo las tesis de los nacionalistas más reaccionarios -“En este país no está permitido hablar de autonomía”- y les acusó de seguir los dictados del PKK. Para tratar de ganar puntos, Öcalan envió entonces un mensaje al gobierno: “Nadie, aparte de mí mismo, puede lograr que el PKK deje las armas. Si me dejáis, puedo lograr solucionar el tema en una semana. Si no, los combates serán 10 veces más duros que el de Silvan”. A cambio de su mediación, exigió que se le pusiese en libertad.
Sin embargo, sólo unos días después, en un gesto que aún extraña, el histórico líder kurdo anunció que abandonaba todo intentos de mediación pues se sentía “utilizado” tanto por el gobierno de Ankara como por el actual mando del PKK en Kandil. Desde entonces las autoridades turcas han impedido la visita de los abogados de Öcalan y la pasada semana, la Justicia inhabilitó durante un año a 4 de sus letrados. Ankara ha quemado los puentes con el dirigente del PKK con mayor capacidad para lograr una tregua.
“¿Por qué el PKK ha vuelto a atacar al Estado?”, se pregunta el veterano columnista Can Dundar: “¿Pretende así reforzar la posición de Öcalan? ¿O es que ahora el PKK actúa fuera del control de Öcalan?”. De hecho, muchos son los analistas que diferencian dos corrientes dentro del PKK: la llamada ‘turca’, más favorable a llegar a un acuerdo con Turquía, y la que conforman los kurdos de Siria, partidarios de la guerra total, aunque sea contra Ankara y no contra Damasco, que reprime a los kurdos aún con más crueldad.
Aunque las señales que envía el gobierno de Ankara indican que la lucha se recrudecerá –con las consecuencias negativas que tendrá para la convivencia entre turcos y kurdos- Erdogan ha prometido que la acción antiterrorista “respetará los estándares democráticos y el estado de derecho”. La oposición socialdemócrata ha prometido apoyo al gobierno en la lucha antiterrorista, mientras que los ultranacionalistas turcos han pedido que Kandil sea “reducido al polvo”. “Algunos creen que se volverá a la década de los 90 –el peor periodo del conflicto kurdo, con continuas violaciones de derechos humanos- pero no es cierto. Continuará la democratización de Turquía al mismo tiempo que se lucha de forma más efectiva y no contra el pueblo (kurdo), sino sólo contra el PKK”, asegura Yalçin Akdogan, diputado del partido gobernante.
“Algunos están llamando a la guerra civil en Turquía. Si no comienzan de nuevo las negociaciones (con Öcalan) habrá peligro de guerra”, amenazó el presidente del BDP, Selahattin Demirtas: “Los que ordenan bombardear (en Irak) saben bien que el problema kurdo no está en Kandil, sino en Estambul, Diyarbakir y Batman y saben también que no lograrán sus objetivos”.
“Estamos a punto de rendirnos a la violencia. A pesar de todo creo que no debemos hacerlo”, escribió la periodista progresista Nuray Mert, muy implicada en el tema kurdo: “Si el Estado quiere, no hay duda de que podría barrer cualquier levantamiento. Pero esta vía ya se ha probado y los resultados son que aumentan la ira y los funerales”.
(Versión ampliada de un artículo escrito para El Periódico y publicado el pasado sábado)

18 agosto 2011

El Ejército turco ataca por tierra y aire posiciones del PKK en el norte de Irak tras el atentado de ayer (EFE - RTV Canarias)

El Ejército turco ha atacado por tierra y aire las posiciones del grupo armado Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) en el norte de Irak, según un comunicado publicado hoy por el Estado Mayor en su página web. En esa nota el Ejército valora la operación aérea y terrestre con la que golpeó al PKK tras un atentado con varias víctimas la víspera en la provincia sudoriental de Hakkari, fronteriza con Irak.
Según el Estado Mayor, los cazas F-16 turcos -que según varios medios fueron 15 aparatos- bombardearon 60 objetivos de la "organización terrorista separatista" en las áreas de Hakurk, Avasin-Basyan, Zap y Metina, todas ellas en la montañosa frontera que separa a Turquía de Irak, aunque en territorio iraquí. Asimismo, atacaron la zona de Kandil, la cordillera situada en la frontera irano-iraquí donde se refugia el mando central del PKK.
"Tras completar con éxito su misión, nuestros aviones regresaron a sus bases sin sufrir pérdidas", asegura el comunicado militar. Además, antes de la operación aérea, fueron bombardeados 168 objetivos en las áreas de Hakurk, Avasin-Basyan y Zap con artillería pesada desde el lado turco de la frontera.
Los militares turcos aseguraron que pusieron cuidado en bombardear sólo objetivos del PKK y no dañar a civiles. "Las Fuerzas Armadas turcas continuarán luchando con decisión hasta neutralizar a la organización terrorista separatista, que utiliza el norte de Irak como base segura para atacar a Turquía", asegura el Estado Mayor.
Por otro lado, la cúpula castrense aclaró que en el atentado de ayer fallecieron un total de nueve miembros de las fuerzas de seguridad -ocho soldados y un miembro de la Guardia Rural- y no once o doce, como han publicado los medios turcos. Otros 15 soldados resultaron heridos de diversa consideración, de los cuales uno se encuentra en estado crítico.
La cúpula militar, el Gobierno y el presidente turco, Abdullah Gül, se reúnen hoy en un Consejo de Seguridad Nacional ordinario, aunque debido a la situación ha adquirido carácter de urgencia. En él se discute desde las 13.40 hora local (10.40 GMT) la lucha antiterrorista tras el atentado de ayer y, de acuerdo con algunos analistas turcos, se valora la posibilidad de realizar una operación militar terrestre en Irak, tal como ocurrió en febrero de 2008.
De acuerdo al diario "Zaman", progubernamental y contrario al Ejército, Turquía sufre filtraciones de información de sus servicios secretos, de las que se aprovecha el PKK.

09 agosto 2010

Turquía pone fin al calvario de los niños acusados de "terroristas" (EFE - La Razón, El Mundo, La Rioja)

Andrés Mourenza

Hakkari (Turquía)

El calvario por el que han pasado en Turquía cientos de menores de edad acusados de delitos relacionados con el terrorismo puede haber llegado a su fin con la aprobación de una reforma legal que suaviza las penas.

R, un joven de 17 años y mejillas sonrosadas por el sol y el aire que corre entre las altas montañas de Hakkari, en el sureste de Turquía, fue apresado el pasado diciembre. Había participado, como muchos de sus vecinos, en una protesta a favor de Abdullah Öcalan, el líder encarcelado del grupo armado Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), que derivó en las habituales carreras frente a la policía, disparos de balas de goma y bombas de gas a los manifestantes, pedradas a las fuerzas del orden y detenciones.

"Los policías me golpearon la cabeza con la culata de sus fusiles y me taparon la cara. Pensaba que me iban a matar", recuerda R. "En la comisaría los policías nos llamaban: 'terroristas', 'separatistas' y nos siguieron pegando. No dejaron que mi familia me viese porque tenía la cabeza cubierta de sangre y las piernas amoratadas".

Luego, "el hospital no quiso hacer un informe de torturas", critica. Tras 75 días en la prisión de Bitlis, a 340 kilómetros de su ciudad, compareció finalmente ante el juez: le cayeron 5 años y 3 meses de cárcel.

"Por lanzar una piedra se puede llegar a juzgar a estos niños por cinco delitos diferentes -entre ellos el de actuar en nombre de una organización terrorista-. Las penas que pide la Fiscalía por estos hechos llegan hasta los 35 años de cárcel", denuncia el vicepresidente del Colegio de Abogados de Diyarbakir, Eshat Aktas. En comparación, un miembro arrepentido del PKK -grupo al que Turquía, la UE y EEUU consideran terrorista- puede quedar en libertad en menos de un día si no ha cometido delitos de sangre.

4.000 menores procesados

En 2006, la Ley Antiterrorista fue enmendada para permitir juzgar como adultos a los mayores de 15 años, así que en los últimos cuatro años han sido procesados unos 4.000 menores de edad acusados de "colaborar con el terrorismo". De ellos, cerca de 200 aún permanecen en prisión. La situación se ha hecho tan insostenible que el comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa, Thomas Hammarberg, ha protestado formalmente ante el gobierno turco.

El parlamento, ante la presión de la sociedad civil, cambió la ley el mes pasado. A partir de ahora, ningún menor será juzgado en tribunales para adultos ni se le imputará el cargo de "miembro de organización terrorista" por el mero hecho de lanzar una piedra o corear un eslógan pro-PKK, a la vez que se impondrán programas de rehabilitación en lugar de penas de cárcel.

"La nueva ley no es suficiente porque si el niño reincide será condenado por todos los crímenes anteriores. Lo que no se puede hacer es tratar a estos niños como terroristas, cuando deberían estar en el colegio en lugar de en la cárcel", opina el representante de la Asociación Derechos Humanos (IHD) en Hakkari, Ismail Akbulut.

El problema es, de hecho, mucho más profundo y tiene que ver con la política de tierra quemada seguida por el ejército turco en los años 90.

'Faltan oportunidades'

Entonces, las Fuerzas Armadas evacuaron unos 3.000 pueblos sospechosos de dar cobijo a la guerrilla kurda, obligando a más de un millón de personas a emigrar a las ciudades, donde se concentraron en los suburbios de chabolas. "Hakkari tenía 30.000 habitantes, pero tras las evacuaciones hemos llegado a los 65.000. Hay paro y faltan las oportunidades", explica un periodista local. La mayoría de niños procesados por terrorismo proceden de estos barrios de aluvión.

En cambio, los principales partidos políticos de Turquía y las fuerzas del orden acusan al Partido de la Paz y la Democracia (BDP, nacionalista kurdo), al que consideran el brazo político del PKK, de instigar a los menores contra las fuerzas del orden. "Los niños están siendo utilizados en las manifestaciones", se queja un oficial de policía.

"Ninguna madre, ningún padre le pone una piedra en la mano a un niño para que la tire", desmiente Akbulut. "Pero si los niños preguntan ¿quién nos echó del pueblo? Su madre responderá: el ejército. Si preguntan: ¿quién quemó nuestra casa? Dirá: el ejército. Si pregunta: ¿dónde está papá? En la cárcel. Es normal que desarrollen rabia contra las fuerzas de seguridad", añade.

En la lejanía, resuenan disparos por sobre las montañas y R., sentado en el prado, vuelve la cabeza: "¡Ves! Con esto vivimos todos los días".

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Imagen: Un menor de edad es detenido por la policía al término de una manifestación en Hakkari en 2008. El agente, que rompió el brazo del niño, nunca fue condenado. (imagen cortesía de la asociación IHD)

03 agosto 2010

El conflicto kurdo se recrudece en la frontera entre Turquía e Irak (EFE - Deia)

Andrés Mourenza
Si 2009 fue el año de la esperanza en la solución del conflicto kurdo, 2010 es todo lo contrario: los combates han aumentado, los atentados del grupo armado PKK se han recrudecido y el ejército turco ha perdido más de 80 soldados en lo que va de año.
Fiuuuu Pum. Pum. El camarero se asoma a la ventana.“Estos son fuegos artificiales –dice-. Pero antes eran disparos contra la sede del AKP (el partido del primer ministro Recep Tayyip Erdogan)”. En esta época resulta difícil distinguir si lo que rompe el silencio de la noche son los festejos de las bodas o los sonidos de las escaramuzas.

Hakkari, la provincia más sudoriental de Turquía, es uno de los principales teatros donde se libra esta guerra no declarada -que ha dejado 45.000 muertos desde 1984- ya que los rebeldes kurdos utilizan la montañosa frontera para infiltrarse en territorio turco desde sus bases en Irak. Se trata de una región agreste, tanto que los diarios no llegan a la ciudad hasta las tres de la tarde, y tomada por las fuerzas de seguridad, que patrullan noche y día en vehículos blindados.

"La 'iniciativa kurda' (un plan del gobierno de Recep Tayyip Erdogan para solucionar el conflicto kurdo) generó muchas esperanzas, pero se ha demostrado que las medidas no eran suficientes. Además el ejército continúa atacando. La gente está descontenta y por eso el PKK ha retomado los combates", opina un vecino que pide el anonimato. El vicepresidente provincial del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), Adnan Hatiboglu, reconoce que la 'iniciativa kurda' está prácticamente muerta, pero culpa de ello a los jueces por ordenar la detención de cientos de representantes electos y la ilegalización del partido nacionalista kurdo tras acusarle de mantener lazos con el grupo armado PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán). "También el Partido de la Paz y la Democracia (BDP, las nuevas siglas bajo de los nacionalistas kurdos) debería habernos apoyado más", se lamenta.

En el exterior, un furgón policial armado con una metralleta vigila la sede del partido, cuyas ventanas y paredes muestran los agujeros de bala de un ataque del PKK. Ni el Ayuntamiento ni el BDP han condenado el atentado. "Los habitantes de Hakkari no colaboran con nosotros porque temen al PKK o porque simpatizan con él", se queja un oficial de policía.

"Guerrilla, guerrilla". Como si no les importase que Turquía, EEUU y la UE consideren al PKK un grupo terrorista, en el jardín de té de la alcaldía de Hakkari suenan canciones de apoyo al grupo armado. Aquí se sienten fuertes, pues el BDP gobierna con el 80 por ciento de los votos.

Recuerdos de los 90

M. recuerda lo que ha sucedido en cada rincón de Yüksekova, una comarca de la provincia de Hakkari: "En esta orilla del río torturaba la policía en la década de 1990. Esta casa la atacaron los soldados. De esta se llevaron preso a uno y el resto huyó a Irak. Este pueblo lo quemaron los soldados", relata. Son afrentas, abusos, muertos, que los habitantes de estas montañas no olvidan fácilmente. Sólo Yüksekova, de poco más de 60.000 habitantes, ha dado 3.000 mártires -como se llama a los caídos en combate- del PKK.

"Aquí te pueden matar en cualquier momento si entras en una zona militar, las detenciones son arbitrarias y controlan todos nuestros movimientos", denuncia Bedirhan Alkan, miembro de la Asociación Derechos Humanos (IHD) de Yüksekova. Ismail Akbulut, también de IHD, acusa al ejército de mutilar los cadáveres de los militantes del PKK antes de devolverlos a sus familiares, lo que incrementa la rabia y rebeldía de los jóvenes. "En los últimos meses ha aumentado la tensión y tememos que Turquía retroceda a la época de los años 90, y vuelvan los asesinatos por parte del Ejército y la policía", explica.

El gobierno del AKP, islamista moderado pero también profundamente neoliberal, mantiene una política basada en impulsar el desarrollo económico en la región kurda -una de las más subdesarrolladas del país- con la esperanza de que un mayor bienestar distienda también el conflicto. Pero para el teniente de alcalde de Hakkari, Abdullah Kiliç (BDP), ello no basta: "El conflicto no es sólo económico. No exigimos la independencia, pero sí que se respete legalmente nuestra identidad, lengua y cultura".

En una reciente entrevista con la BBC británica, el comandante del PKK Murat Karayilan ofreció el desarme a cambio de mayor autonomía para los kurdos de Turquía y el pasado año, otro de los comandantes del PKK, Bozan Tekin, aseguró a EFE que se darían por satisfechos con un modelo autonómico similar al español.

La mayoría de los dirigentes políticos turcos reconocen que el conflicto kurdo no se puede resolver exclusivamente manu militari, pero el gobierno se niega de momento a "negociar con terroristas". Mientras tanto, en Hakkari, este rincón tan apartado de los pasillos políticos de Ankara, los soldados y los miembros del PKK continúan matándose entre sí.