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08 julio 2010

Turquía lanza un nuevo ultimátum a Israel y amenaza con romper relaciones (EFE - La Vanguardia)

Turquía lanzó un nuevo ultimátum a Israel que puede llevar a la ruptura de relaciones -ya reducidas a la mínima expresión tras el incidente de la llamada 'Flota de la Libertad'-, acabando con una sólida alianza que resultaba clave para la estrategia de Estados Unidos en Oriente Próximo. "Los israelíes tienen tres opciones: o piden perdón o aceptan una investigación internacional e imparcial y sus conclusiones. De otro modo, romperemos nuestras relaciones diplomáticas", afirmó el ministro de Asuntos Exteriores, Ahmet Davutoglu, en declaraciones a la prensa turca.

El pasado sábado el primer ministro israelí, el derechista Benjamín Netanyahu, aseguró que su país no pediría perdón ni otorgaría compensaciones a los heridos y a los familiares de los ocho turcos y un estadounidense de origen turco fallecidos en el ataque a la 'flotilla'.

Hoy, la respuesta del gobierno de Tel Aviv tampoco se hizo esperar. "Quien quiere obtener una disculpa no utiliza amenazas y ultimátums, por lo que parece que lo que los turcos están buscando es otra cosa", declaró a Efe en Jerusalén un responsable gubernamental israelí que pidió no ser identificado.

Más duro fue el Ministro de Asuntos Exteriores israelí, el ultraderechista Avigdor Lieberman, quien aseguró que "quien debe pedir disculpas es Turquía", ya que, según la versión oficial de Israel, los soldados hebreos fueron atacados por "una turba que casi los mata" y hubieron de defenderse.

La principal asociación organizadora de la 'flotilla', IHH, una ONG de inspiración islámica, ha hecho público un informe en el que detalla lo que considera abusos de las Fuerzas Armadas israelíes en el asalto a los barcos, que se produjo en aguas internacionales, por lo que lo ha calificado de "ataque terrorista". Israel no ha accedido a aceptar las investigaciones de una comisión internacional, tal y como exige el gobierno islamista moderado de Ankara, sino que ha establecido una comisión de investigación propia.

En una entrevista con el diario turco 'Milliyet', el ministro israelí de Bienestar y Servicios Sociales, el laborista Isaac Herzog, aseguró que su gobierno se está tomando "muy en serio" la investigación de los hechos y que no cerrará en balde el incidente. Aunque Turquía no otorga mucho valor a las conclusiones de esta investigación interna, Davutoglu aseguró que si ello les lleva a pedir perdón será bienvenida.

Por otro lado, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU decidió el pasado 18 de junio enviar una misión a Israel. "Hemos estado siguiendo los estudios de la misión de la ONU y estableceremos un calendario de acuerdo con ella", explicó el jefe de la diplomacia turca. "La recuperación de las relaciones no será posible si Israel no se disculpa. Aún no hemos establecido un plazo (para que pida perdón). Estamos esperando", añadió.

Lo que sí está decidido, por el momento, es que ningún avión militar israelí podrá sobrevolar el espacio aéreo turco. El pasado 28 de junio, el gobierno de Ankara impidió el paso de un avión de guerra israelí, algo que, según explicó Davutoglu a la prensa turca no es fortuito. "El espacio aéreo de Turquía está completamente cerrado a los aviones militares de Israel. No se trata de una prohibición que hagamos caso por caso, sino de una prohibición total", afirmó. Esta prohibición podría ampliarse a los vuelos civiles en caso de que Turquía cumpla su ultimátum.

El nuevo aviso llega sólo unos días después de la reunión secreta en Bruselas entre Davutoglu y el ministro de Comercio israelí, el laborista Benjamin Ben-Eliezer, para tratar de calmar los ánimos entre dos tradicionales aliados en Oriente Medio. La reunión ha causado una fuerte tensión entre los diversos socios de la coalición de partidos que gobierna Israel ya que, por ejemplo, Lieberman, ministro de Exteriores y jefe del partido ultraderechista Israel Betenu, no fue informado por el primer ministro Netanyahu sobre el encuentro. Sin embargo, los ministros laboristas del gabinete sí que han apoyado el encuentro. "Creo que ha sido un paso positivo y creo que (estas iniciativas) continuarán. (...) Estos temas tienen que ser discutidos cara a cara y en privado", opinó el ministro Herzog.

En Turquía, las duras palabras de Davutoglu se toman como un acto de presión hacia la administración que dirige Barack Obama, que mañana recibirá a Netanyahu en Washington en un encuentro de gran trascendencia política ya que se espera que el presidente estadounidense exija al mandatario israelí que inicie las conversaciones de paz directa con las autoridades palestinas.

09 enero 2010

En la primera capital del Imperio Otomano (El Periódico)

Andrés Mourenza

Aquí comenzó todo. Aquí, en las faldas del Uludag (la Gran Montaña, de 2.543 metros), establecieron su primera gran capital los sultanes del Imperio otomano. Orhan, hijo de Osman, conquistó Bursa a los bizantinos en 1326, convirtiéndola durante 40 años en la principal ciudad de lo que entonces era solo un señorío feudal en la orilla sur del mar de Mármara, pero pronto se transformaría en un gran reino con la conquista de los Balcanes y Grecia.

Hoy, Bursa es una inmensa urbe de más de 3 millones de habitantes en su área metropolitana con pocos restos de aquella época, pero aún conserva el orgullo de una capital otomana. Se nota en las conversaciones con la población y, sobre todo, en su altivo equipo de fútbol, el Bursaspor, cuya afición es capaz de no detener sus cánticos ni un solo minuto durante los partidos, coreando lo mismo himnos balompédicos que eslóganes nacionalistas.

La herencia otomana siempre ha sido un sujeto de polémica. La fundación de la República –moderna, secular y centralista– en 1923 suponía enterrar en el pasado todo lo que había significado el Imperio: monarquía, religión y pluralismo étnico. Durante las primeras décadas de la nueva era, liderada por Mustafa Kemal Atatürk, la historia otomana fue menospreciada como algo antiguo y reaccionario, mientras se ensalzaban las legendarias historias de los primitivos turcos de Asia Central, en busca de un nacionalismo laico que hiciese de cemento social para la Turquía republicana. Ahora se vive el proceso inverso: el Gobierno conservador de Recep Tayyip Erdogan y sus círculos intelectuales ensalzan la libertad religiosa del Imperio y critican los primeros años de la República y su herencia jacobina.

Sin embargo, para la mayoría de los turcos de a pie no hay ninguna contradicción en venerar tanto la imagen del republicano Atatürk como las glorias de los sultanes. Bursa es un buen ejemplo, pues muestra su orgulloso pasado imperial a la vez que es una moderna ciudad fabril que concentra la industria automovilística de Turquía.

Pero si algo hace famoso a Bursa, es su Iskender kebap (kebab Alejandro), un plato a base de fina carne adobada salteada con pan y salsa de tomate acompañado de yogur y mantequilla derretida, que fue inventado en el siglo XIX por el restaurador Iskender Efendi y perpetuado por sus descendientes. En cualquier restaurante de Bursa se puede encontrar este festival de calorías, pero es preferible degustarlo en las pequeñas fondas del barrio antiguo.

Elijo un restaurante cuyo letrero afirma remontarse a 1867, una casa de comidas de las de antes, de pomos y marcos dorados, cortinas de ganchillo, mobiliario de aglomerado y jarra de agua sobre la mesa. Como es tan diminuto, los nuevos comensales deben sentarse a la mesa con los que aún no han terminado, creando efímeras amistades de apetito. Al acabar, pregunto al cajero si el local es realmente propiedad de los herederos de Iskender Efendi –ya que son demasiados los restauradores que afirman serlo– y el hombre, con un «por supuesto» taxativo, me mira como si la duda ofendiese su orgullo de siglos.

10 febrero 2009

La nueva posición turca en Oriente Medio (Cambio 08/02/09)

Mi columna de opinión para el diario Cambio (Bolivia):

Andrés Mourenza

Durante el ataque israelí a Gaza, las calles de los países árabes se llenaron de retratos del primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, a quien se ve como el único líder regional que denunció las operaciones militares de Israel y su saldo asesino. Fueron actos espontáneos de la población árabe harta de unos dirigentes que se aferran desde hace décadas a su sillón y no critican a Israel por miedo a perder los millones que paga EEUU a cambio de su silencio.

Imagínense el sentimiento de los mismos palestinos cuando vieron a Erdogan decir al presidente israelí, Shimon Peres, “Ustedes sí que saben bien cómo matar”. Al día siguiente, el grupo islamista palestino Hamas organizó un acto multitudinario en la Franja de Gaza en apoyo a Erdogan, en el que se gritó “¡Somos Otomanos!”, en referencia al antiguo Imperio Otomano, antecesor de la actual República de Turquía, que, hasta 1918, se extendía por el sudeste de Europa y Oriente Medio, incluida Palestina. Este eslogan tiene mucha importancia.

En el siglo XX, la imagen que los árabes tenían de los turcos, tras siglos de dominación otomana, era francamente negativa. Ahora -me lo comentó hace unos días el corresponsal de una televisión árabe-, esa imagen de Turquía y el Imperio Otomano ha cambiado drásticamente. En primer lugar, decía mi colega árabe, porque las nuevas generaciones de Oriente Medio ya no recuerdan la dominación turca y han terminado por idealizarla como un periodo en el que convivían en paz diferentes pueblos y religiones. Y, en segundo lugar, por el activo papel diplomático que persigue Turquía en la región de un tiempo a esta parte.

Turquía tiene una posición peculiar en el tablero de Oriente Medio. Es el principal aliado regional de Israel: le suministra energía y agua, es el destino turístico preferido por los israelíes y los lazos militares son estrechos (compra de armas a Israel y entrenamientos conjuntos). Pero Turquía también mantiene buenas relaciones con los actores musulmanes: desde Irán a Egipto, pasando por los partidos palestinos Hamas y Al Fatah. Esto le ha permitido patrocinar el acercamiento entre Israel y Siria, cuyo objetivo es la devolución a Damasco de los Altos del Golán, ocupados por Israel en 1967, y el establecimiento de relaciones pacíficas. Además, medió entre Pakistán e Israel, entre Egipto y Hamas y en el contencioso nuclear con Irán.

A lo largo de la Guerra de Gaza, el gobierno turco de Erdogan hizo de enlace entre Hamas y los emisarios de la Unión Europea, que no se puede reunir con el grupo palestino pues lo considera una organización terrorista. Tras más de una semana de gira diplomática por las capitales de Oriente Medio, el enviado turco, Ahmet Davutoglu, se presentó ante los periodistas y dio un claro mensaje: sin tener en cuenta al gobierno de Hamas, que fue elegido democráticamente por los palestinos, jamás se logrará la paz.

Esta es la nueva política de Turquía en Oriente Próximo: aprovechar sus relaciones con todos los estados y grupos de la región. De esta forma, Turquía ha pasado de ser un peón de los EEUU a desarrollar una verdadera política exterior multilateral. Davutoglu, que a la sazón es el arquitecto de esta estrategia, lo explica así: “Turquía es un país de Europa, de Asia, del Cáucaso, de los Balcanes y de Oriente Medio, por eso debe tener una política integrada”. No en vano, esta política exterior es definida como neo-otomanismo, ya que busca recuperar la influencia en todas aquellas zonas que, una vez, pertenecieron al extinto Imperio Otomano.

28 enero 2009

El papel de Turquía en Oriente Medio

Aquí siguen dos piezas publicadas durante y al final (?) de la ofensiva de Israel sobre la Franja de Gaza relacionadas con el papel que desempeña o pretende desempeñar Turquía en la región de Oriente Próximo.
---------- La guerra de Gaza complica el papel mediador de Turquía en Oriente Medio (EFE, 14/01/09) ----------
Andrés Mourenza
Estambul, 14 ene (EFE).- La actual ofensiva israelí contra el movimiento radical islámico palestino Hamás en la franja de Gaza está complicando el papel de Turquía -el principal aliado musulmán de Israel- como mediador en el conflicto de Oriente Medio. Por esa razón, emisarios turcos buscan una solución dialogada a la actual crisis, aunque sus principales dirigentes, como el primer ministro, Recep Tayyip Erdogan, elevan a diario el tono de sus críticas hacia Jerusalén.
"Mis críticas son duras, pero no tanto como las bombas de fósforo (supuestamente utilizadas por Israel en Gaza)", manifestó Erdogan esta semana después visitar a diez palestinos heridos que han sido trasladados a Turquía para su tratamiento.
El presidente saliente de EEUU, George W. Bush, habló esta semana por teléfono con su homólogo turco, Abdullah Gül, para pedirle que comprendiese la actitud de Israel, aliado de ambos países. Según ha trascendido en los medios turcos, Bush comparó la ofensiva en Gaza con las operaciones turcas contra las posiciones del grupo armado kurdo PKK en el norte de Irak, a lo que Gül respondió que ambas situaciones no tienen parangón y que Turquía no ha matado a civiles.
Algunos analistas sostienen que la posición crítica con Israel podría minar la capacidad mediadora de Turquía en la región, un papel que Ankara pretende reforzar este año a través de su asiento no permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU. La diplomacia turca no ha descansado desde el inicio de las operaciones militares contra Gaza a finales de diciembre, pese a que sus relaciones con Israel se han resentido, según indica el "think-tank" pro gubernamental SETA en un reciente informe. Un indicio del enfriamiento de las relaciones es que en su reciente gira mediadora por la región, Erdogan no pasó por Israel, y pocos días más tarde el gobierno turco rechazó una visita a Ankara de la ministra de Exteriores israelí, Tzipi Livni.
Mientras tanto, el peso de las mediaciones lo lleva uno de los principales asesores de Erdogan en política exterior, Ahmet Davutoglu, considerado un 'ministro de Exteriores en la sombra'. Davutoglu, que en los últimos días ha viajado a Siria y Egipto para entrevistarse con sus líderes, mantiene estrechos contactos con Irán e incluso con el líder de Hamás en Damasco, Jalid Mashal.
Además, el emisario turco parece haber convencido a Hamás a aceptar una misión de observadores internacionales en Gaza, siempre y cuando Turquía participe en ella, lo que Ankara estaría dispuesta a hacer.
Pero Erdogan parece sentirse traicionado por Israel, ya que no fue informado de antemano sobre la ofensiva, en un momento en el que su país llevaba meses patrocinando un diálogo indirecto de paz entre Jerusalén y Damasco. Inciertos son los efectos a largo plazo del malestar turco hacia Israel, aunque cabe recordar que no es la primera vez que una ofensiva israelí ha causado tensiones entre los dos países. Pero al final el interés en la cooperación -sobre todo militar- siempre ha prevalecido. Israel y Turquía mantienen una estrecha colaboración comercial y militar. Entre 1996 y 2004 el ejército turco compró material militar a Israel por valor de más de 3.000 millones de dólares, incluyendo la modernización de cientos de tanques y aviones de combate turcos por parte de ingenieros israelíes. Turquía recibe de Israel aviones autopilotados que el ejército turco usa en su lucha contra el PKK, mientras que pilotos de las fuerzas aéreas israelíes suelen entrenarse en espacio aéreo turco. Además, Turquía es uno de los destinos preferidos por los turistas israelíes, de los cuales miles descienden de familias sefardíes radicadas en el Imperio Otomano durante siglos.
Aparte de la furia de decenas de miles de manifestantes turcos contra la ofensiva en Gaza y el malestar del Gobierno, hay otras razones que explican las duras críticas de Ankara contra Israel. Turquía celebra el próximo 29 de marzo elecciones locales y las más recientes encuestas señalan que el partido islamista SP (Saadet Partisi) podrían aumentar un 5 por ciento sus votos en detrimento del más moderado AKP de Erdogan.
Por eso, el ejecutivo turco continua buscando un alto el fuego a través de la diplomacia informal, de manera que su imagen pro-palestina de cara a la opinión pública turca no quede manchada, mientras prosiga la cooperación estratégica y militar con Israel.
---------- El amigo turco (Cuaderno del Domingo, El Periódico de Catalunya - 25/01/09) ----------

Andrés Mourenza / Estambul

Acaba de regresar. Ahmet Davutoglu habla con el cansancio del viaje y la calma de un diplomático, sereno, midiendo cada palabra que sale de su boca. Solo ríe cuando relata que al inicio de su gira por Oriente Próximo, el destino de su misión era tan incierto que muchos de sus colaboradores partieron con una sola muda de ropa y con ella hubieron de aguantar durante ochos días.

Cuando comenzaron los ataques de Israel sobre Gaza el pasado 27 de diciembre, el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, encomendó a Davutoglu, su asesor en política internacional, un rol de mediador entre los países europeos y Hamas para intentar alcanzar una solución al conflicto. Unas semanas después, en una sala de conferencias de un lujoso hotel de Estambul, Davutoglu cree cumplida la primera parte de su misión: “Si Hamas ha aceptado el alto el fuego, ha sido gracias al esfuerzo de Turquía”, aunque reconoce que aún queda mucho trabajo por hacer.

Turquía, cuyo proceso de adhesión a la Unión Europea camina por senderos inciertos debido a la lentitud de las reformas internas, ha jugado la carta de mediador internacional para sumar puntos a su candidatura europea. Su situación estratégica y su habilidad en las relaciones internacionales quedaron patentes en las negociaciones durante la guerra que enfrentó a Georgia y Rusia el pasado verano y en el acercamiento entre Siria e Israel, cuyo objetivo era alcanzar un acuerdo de paz y la devolución a Damasco de los Altos del Golán, ocupados por los israelíes desde 1967. A pesar de que este último proceso saltó por los aires cuando Israel comenzó a bombardear Gaza, la UE ha agradecido los esfuerzos diplomáticos de Turquía en ambos temas.

Pero Ankara también se ha involucrado en mejorar las relaciones del grupo radical islámico Hamas con Egipto, entre los que existe gran suspicacia; en solucionar la crisis política del Líbano; en convencer a los grupos suníes de Irak de que se integrasen en la vida política del país e, incluso, se ha ofrecido para mediar entre Irán y la nueva administración de EEUU. “Esta es nuestra región y no nos interesa que se desestabilice. Por eso no podemos permitirnos el lujo de no prestar atención a los problemas de Oriente Próximo”, explica Davutoglu.

Pero, ¿quién es este hombre que está detrás de los esfuerzos mediadores de Turquía? Profesor universitario y embajador, Davutoglu es un asesor silencioso que no gusta de cámaras ni presión mediática y el arquitecto de la nueva política exterior de Turquía, que algunos estudiosos han denominado “neo-otomana” porque busca recuperar la influencia de Ankara en los territorios que antaño pertenecieron al Imperio Otomano. “Turquía es un país europeo, asiático, caucásico, balcánico y de Oriente Próximo, así que tenemos una política exterior integrada”, defiende el asesor turco y enuncia los principios de su estrategia: “mantener buenas relaciones con todos los actores de la región y una política activa para rebajar las tensiones”.

Así pues, al comenzar ofensiva israelí, los servicios diplomáticos turcos se pusieron manos a la obra. Erdogan se mantuvo constantemente en contacto con varios líderes europeos y, en especial, con el presidente francés, Nicolas Sarkozy, quien, a pesar de su oposición a la entrada de Turquía en la UE, parece haber encontrado en el primer ministro turco un aliado para una suerte de diplomacia europea algo más independiente. Una delegación encabezada por el embajador turco Feridun Sinirlioglu se desplazó a Israel. Otra, liderada por Davutoglu, viajó a El Cairo, para estar en contacto con los dirigentes egipcios, que desempeñan un papel clave en el conflicto de Oriente Próximo. Desde allí, Davutoglu voló varias veces a Damasco, donde se halla la cúpula de Hamas en el exilio, con quien mantiene contactos desde 2006, cuando Ankara intentó sin éxito que la comunidad internacional aceptase la victoria islamista en las elecciones palestinas. Y desde Siria, los turcos cerraban el círculo entregando los mensajes de Hamas a la UE, que al considerar al grupo palestino como terrorista no puede dialogar con él.

Esta cercanía a Hamas, sumada a las duras críticas de Erdogan al gobierno israelí por las masacres de civiles de Gaza (las definió como “crimen contra la humanidad”), ha provocado un enfriamiento de las relaciones entre Israel y Turquía, dos países cuyos lazos son antiguos y sólidos. En 2008, 600.000 israelíes pasaron sus vacaciones en Turquía y el ejército turco es uno de los principales clientes de las fábricas de armamento israelí. Los medios israelíes, como el diario Haaretz, han cargado contra la posición del gobierno turco y el gobierno de Tel Aviv ha rehuido los contactos con Turquía. “Un (país) que es líder en la región no puede permanecer callado ante la muerte de más de 1.000 personas. Las críticas no van dirigidas a la gente de Israel ni contra los judíos; si esto ocurre en otro país, Turquía reaccionará igual”, justifica Davutoglu y pide que Hamas no sea marginado nuevamente.

Según Sinirlioglu, el siguiente tema en la agenda es fomentar la “reconciliación nacional” entre Hamas y Al Fatah, el partido del presidente palestino Mahmoud Abbas, cuyo mandato terminó el 9 de enero. Puesto que “sin reconciliación palestina será imposible rescatar el proceso de paz con Israel”. Este proceso de reconciliación será dirigido por Egipto, con la asistencia de Turquía, Qatar y Siria y debería dirimir el reparto de competencias en los territorios palestinos, además de la fecha de las próximas elecciones legislativas y presidenciales. “Esta vez todos los países deben reconocer el resultado de las elecciones”, pide Davutoglu.

En otra cuestión candente, el control de la frontera entre Egipto y Gaza -a través de la que Hamas se abastece de armas, según Israel-, las negociaciones prosiguen. Egipto se opone a la presencia de una fuerza militar extranjera -aunque sea turca, como proponía Hamas-, alegando su derecho a la soberanía territorial, por lo que en los círculos diplomáticos se habla del envío de una misión de observadores. Con todo, el mediador turco, asegura que sí hay un “acuerdo implícito” sobre los principios para lograr la paz: la apertura de corredores humanitarios, la retirada total del ejército israelí de Gaza, conseguir una reconciliación nacional en Palestina y un mecanismo para levantar el bloqueo israelí sobre los territorios palestinos. “El bloqueo se levantará, eso es seguro, el problema es hallar un mecanismo que satisfaga a todos”, dice.

Davutoglu define 2009 como un año clave para la estabilidad en Oriente Próximo, ya que se deben celebrar elecciones legislativas en los territorios palestinos, Israel y Líbano; presidenciales en Irán y locales en Irak. “Si algo va mal en ellas, perderemos otros cinco años”.