02 agosto 2006

Los turcos quieren conseguir un acuerdo provechoso con los Estados Unidos

Este artículo fue publicado hace una semana en la gran web sobre Turquía: Mavi Boncuk. El autor del texto es M.K. Bhadrakumar, diplomático indio que durante sus 29 años de carrera ha ocupado, entre otros, los puestos de embajador en Uzbekistán (1995-98) yTurquía (1998-2001). El artículo nos ofrece una visión del intrincado juego de las relaciones internacionales turcas con el telón de fondo de los luctuosos acontecimientos que estos días estamos observando en el Líbano.
M.K. Bhadrakumar
El conflicto en Líbano está comenzando a tener consecuencias inmediatas en las relaciones entre EEUU y Turquía ya que Washington necesita urgentemente implicar a Ankara en Líbano dándole un papel clave. Las credenciales turcas son innegables: tener una situación geográfica privilegiada, haciendo de puente entre Europa y Oriente Próximo; ser un país musulmán con trasfondo laico; ser desde hace años un país miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y, finalmente, tener un fuerte legado otomano en Levante. Y Turquía no dejará escapar tan excepcional oportunidad sin sacarle el máximo partido. No ha sido habitual en la pos-Guerra Fría que EEUU se sintiera en deuda con Ankara. Sin embargo, Turquía cree que tiene derecho a esperar un quid pro quo de los Estados Unidos. Turquía sabe que su “amigo” americano se encuentra en una situación delicada en Oriente Próximo y que no tiene casi aliados reales en los que confiar en esa región. Los regímenes pro estadounidenses árabes (como Jordania, Egipto o Arabia Saudí) están amedrentados ante la creciente marea “islamista” en la región. Aislados de su pueblo y preocupados por su propia supervivencia, difícilmente estarán en posición de devolver la generosidad estadounidense de la que han disfrutado hasta ahora, justo cuando Washington más lo necesita. Turquía estuvo observando detenidamente la farsa de EEUU y sus “aliados” en el mundo árabe y, con la perspicacia de un buen comerciante de bazar, calculó el precio que pediría al Tío Sam cuando éste se acordase de Ankara. Nada agrada más a Turquía que un buen regateo. Y ahora Ankara puede esperar realmente un gran regateo: nada menos que la cabellera kurda en el norte de Irak. El presidente de EEUU, George W. Bush está llevando personalmente las negociaciones desde Washington. El pasado sábado [22 de julio] llamó personalmente al primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, en la segunda conversación telefónica en tres días, para poner las cosas en marcha. Según un portavoz de la Casa Blanca, Bush dijo a Erdogan: “Los Estados Unidos trabajarán con Turquía para acabar con la amenaza terrorista” del ilegalizado Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK). Los líderes en Ankara acogieron con satisfacción que Bush reconociera a Erdogan que entiende lo “serio y urgente” que es poner freno a las actividades del PKK dirigidas contra Turquía desde sus santuarios en el norte (kurdo) de Irak. Las fuentes turcas revelaron que Bush informó a Erdogan acerca de las instrucciones dadas a sus hombres para trabajar junto a Turquía en la lucha contra las actividades terroristas del PKK, y que el gobierno iraquí también recibió un “duro mensaje” de la administración estadounidense en la misma dirección. Erdogan expresó su satisfacción por que Washington haya iniciado por fin conversaciones militares con Turquía a fin de dar “pasos concretos” contra el PKK pues Ankara quiere prevenir que el grupo armado promueva el descontento, y aun más los sentimientos independentistas, entre su gran población kurda. Otros altos cargos estadounidenses siguieron rápidamente la línea de la conversación telefónica de Bush. El sábado, la secretaria de Estado [ministro de Exteriores], Condoleezza Rice, telefoneó a su homólogo turco, Abdullah Gül, para transmitirle un mensaje similar. Según la agencia de noticias Anatolia, Rice dijo a Gül que EEUU haría “todo lo que fuera necesario” para acabar con el PKK y que Washington no permitiría continuar con la situación actual. Gül dio voz a las expectativas turcas diciendo que es necesario un resultado “significativo y visible”. Matt Bryza, vicesecretario de Estado para asuntos europeos y euroasiáticos en el Departamento de Estado, contó después a los periodistas: “Quédense un momento aquí y verán, según creo, algunos resultados concretos [contra el PKK] en breve. Parte de ellos llegarán a través del proceso trilateral [EEUU-Turquía-Irak], pero habrá otras vías por las que nos verán actuando contra el PKK”. No dio más detalles. Pero la televisión turca informó de que las negociaciones a nivel militar están todavía en proceso. Se están llevando a cabo en Ankara y Bagdad entre los EEUU y Turquía acerca de los “pasos concretos” que iniciar contra el PKK.
Turquía dice que más de 5.000 militantes del PKK actúan en el norte de Irak y atacan objetivos dentro de Turquía. Sólo en el mes de julio, los militantes del PKK mataron a 25 miembros de las fuerzas de seguridad turcas. Turquía estaba particularmente encendida porque EEUU ha permanecido impasible a sus peticiones de hacer algo frente al repunte de violencia desde los campos del PKK en el norte de Irak. En vez de ello [EEUU] siguió insistiendo que Ankara no debería emprender “persecuciones” de militantes del PKK en territorio iraquí. La frustración turca acerca de la postura estadounidense ha sido muy visible en las últimas semanas. Como veterano observador político, Oktai Eksi, escribió en el diario oficialista Hürriyet: “De hecho, si observamos las políticas seguidas por Bush, que viola el derecho internacional cada día, vemos que ningún país –a excepción de EEUU e Israel- tiene derecho a defenderse a sí mismo…Nuestra experiencia muestra que somos aliados estratégicos de EEUU cuando les conviene, pero que miran para otro lado cuando les pedimos apoyo”. Turquía incluso llegó casi al borde de la guerra cuando Erdogan pidió a la Estado Mayor del ejército planear y preparar una posible operación a través de la frontera iraquí. Una ola de “antiamericanismo” se extendió por el corazón de Anatolia cuando Erdogan avisó al PKK de sus actos habían sobrepasado “los límites tolerables”. EEUU, por su parte, aún permaneció impasible y continuó reiterando su oposición a cualquier incursión armada turca en el norte de Irak y, desentendiéndose, aconsejó a Turquía manejar el problema en coordinación con el gobierno iraquí. Mientras tanto, la ira turca creció cuando se supo que una importante rama del PKK se había trasladado desde el norte de Irak hasta Bagdad, e incluso que había abierto una oficina en la capital iraquí a la vista de los estadounidenses. Los comentaristas turcos no tuvieron dificultad en percibir que Washington estaba “castigando” deliberadamente a Ankara por su decisión en marzo de 2003 –tomada en el último minuto- de no facilitar a EEUU un corredor terrestre para su invasión de Irak.

Líbano: todo cambia Entonces llegó el conflicto de Líbano. Con ésto, el caleidoscopio cambió de repente y nuevas formas comenzaron a aparecer a la vista de Washington. De la noche a la mañana, Washington sintió la necesidad de buscar a su largamente olvidado socio turco. Se dio cuenta de que Turquía había estado desarrollando una política de vecindad muy interesante en los últimos años, especialmente desde la llegada del actual gobierno al poder en 2002. Turquía fue el primer país en recibir a una delegación de Hamas después de que las elecciones los catapultasen a las oficinas de la Autoridad Palestina. Turquía protestó contra la política americano-israelí de imponer un boicot económico al nuevo gobierno de Hamas. Recientemente, las relaciones turco-iraníes también han mejorado de forma perceptible. Los dos países han calculado como mejorar la coordinación para acabar con los militantes kurdos. Los líderes de ambos países han mantenido una serie de reuniones. En unas declaraciones hechas el pasado abril a Fikret Bila, un importante comentarista turco, Abdullah Gül [ministro de Exteriores turco] puso atención en el inmenso cambio de las relaciones turco-iraníes: “No hay ni punto de comparación entre Irán e Irak como países independientes. Irán es un país auténtico. Con su historia, su cultura, su diplomacia, Irán es un país potente desde cualquier ángulo. Es un país con capacidad diplomática. Seguramente encontrará una solución [a la crisis nuclear] a través de vías diplomáticas. Irak tenía un líder [Sadam Hussein] al que ni siquiera se le podían enviar mensajes. Irán no es así”. Gül estaba subrayando entonces que el suelo turco no estaría a disposición de los estadounidenses para ninguna aventura contra Irán. De hecho, los intereses turcos se verían seriamente dañados por un posible intento de EEUU de imponer sanciones económicas a Irán. Se estima que 70.000 camiones recorren anualmente el territorio iraní transportando mercancías hacia y desde Asia Central. Turquía importa cada año 3.500 millones de dólares en gas iraní. Se espera que el comercio turco-iraní alcance este año los 6.000 millones de dólares, y más de un millón de turistas iraníes visitan Turquía cada año. El gobierno turco también diseñó una política exterior independiente respecto a Siria, el Caúcaso y la región del Mar Negro. Incluso en el conflicto de Líbano, Turquía se distinguió abiertamente de la postura estadounidense y pidió un alto el fuego inmediato por la urgencia del momento. Erdogan ha estado consultando a sus homólogos iraní y sirio sobre la crisis libanesa en un contexto en el que Washington desea aislar a estos dos países y ponerlos en la picota por apoyar a Hezbollah. Que Washington se haya visto obligado a recurrir a la largamente olvidadaza alianza con Ankara es, en verdad, una muestra de su gran pérdida de influencia en Oriente Próximo en los últimos dos o tres años. El miércoles [25 de julio] Turquía fue invitada a Roma como participante clave en la conferencia de ministros de exteriores copatrocinada por Italia y EEUU. Gül rápidamente confirmó que asistiría a la reunión, donde se encontrarían todos los países importantes con voz en la crisis del Líbano –EEUU, Gran Bretaña, Rusia, Francia, Italia, Alemania, España, Egipto, Arabia Saudí y Jordania-, además de representantes del Banco Mundial, la Unión Europea y la ONU. Turquía, además, ha sido mencionada como posible candidato a dirigir una Fuerza de Estabilización Internacional (ISF) en el sur del Líbano. No es un secreto para los turcos que hay una conexión entre la nueva actitud conciliadora de Bush respecto a las actividades del PKK que están desangrando Turquía y la aguda necesidad por parte de Washington de un aliado fiable con influencia regional -tanto en la parte árabe como en la israelí- y con la capacidad militar y diplomática para llevar a cabo la difícil misión en el sur del Líbano. Si la ISF propuesta es, finalmente, una medida provisional que preceda a una eventual entrada de una fuerza de la OTAN –como ocurrió en Afganistán-, no hay mejor país que Turquía para facilitar la transición (Turquía ya jugó ese crucial papel en Afganistán). Puede afirmarse que, de hecho, sólo Turquía puede actuar como puente en una transición, manteniendo el simbolismo tan profundo de la palabra, en términos civilizatorios. Después de todo, el territorio de Levante está cubierto de la sangre de los Cruzados y en el caso de que la OTAN desembarcase directamente en el Levante se produciría una situación tan humillante en la historia moderna que seguramente agitaría las conciencias de los musulmanes. Dada esta gran dependencia de EEUU de su aliado turco, será fascinante observar en los próximos meses como Ankara atrae a Washington hacia sus posiciones respecto al problema kurdo. Hay algunas cuestiones delicadas en el espectáculo que se desplegará. Por supuesto, la crisis de Líbano ha hecho otra vez relevantes a los generales turcos, en un momento en el que los militares han recuperado cierto estatus en la política de Turquía. Los observadores de la democracia “posmoderna” turca tomarán nota de que la administración Bush está mejorando relaciones con los generales turcos sólo meses antes de la carrera presidencial –prevista para la primavera de 2007- y en la que el partido islamista[1] dirigido por Erdogan está bien situado para ganar. Igualmente, en agosto, el titular de la jefatura del Estado Mayor del ejército, el general Hilmi Özkök -de ideas liberales-, se retirará. Se especula abundantemente que su sucesor será alguien más “kemalista”[2], en el sentido clásico. Washington siempre ha tomado en cuenta quién dirige Çankaya (el palacio presidencial). Turquía es un poder regional demasiado importante como para dejarlo solo. Turquía estará atenta a las pistas sobre cómo la administración Bush pretende trasladar a la práctica su cooperación para frenar al PKK. Turquía mantendrá que, o bien EEUU aplasta por su cuenta al PKK en sus posiciones del norte de Irak, o bien le deja al ejército turco las manos libres. Pero esto tiene, a su vez, profundas implicaciones para las relaciones de los militares americanos con sus aliados kurdos en el norte de Irak[3]. Washington lo tendrá difícil para intentar calmar los sentimientos kurdos de haber sido traicionados por los EEUU. Las consecuencias en Kirkuk[4] son tan complejas que nadie puede pretender tenerla bajo control, en un momento en que la región camina hacia un referéndum sobre el Kurdistán en otoño de 2007. Con o sin Guerra Fría, EEUU necesita claramente a Turquía como socio militar y político. A pesar de los tratados de paz que Israel tiene con Egipto y Jordania, Washington sabe que Turquía es el único aliado significativo de Israel en esa región tan volátil. Además, Turquía necesita a EEUU si quiere mantener el equilibrio de fuerza en la región porque, a menos que se modifique la situación actual, parece que un Irán más potente está inexorablemente en camino. A Turquía le gustaría que EEUU pusiese freno a las ambiciones iraníes pero sin ir a la guerra. Evidentemente, se producirá un intercambio de favores entre Washington y Ankara. EEUU querrá ver como Turquía mueve sus influencias con Irán, Siria y los grupos palestinos para estabilizar la crisis en el sur del Líbano. Dicho esto, Turquía estará muy presionada para que se distancie de cualquier empeño estadounidense de apoyar el fortalecimiento chií en Líbano, subvertir el régimen Baazista de Damasco o enfrentarse con Teherán. Turquía está preparándose para las elecciones parlamentarias de 2007. El actual partido en el gobierno espera dar una muestra de fuerza y revalidar su elección, así que será particularmente sensible a las oscilaciones de la opinión pública. Y la realidad es que la opinión pública turca se ha vuelto abrumadoramente crítica con EEUU e Israel (hace dos días, un inglés fue golpeado en Estambul por una pandilla iracunda que lo tomó por un israelí). Uno de los más sinceros amigos de Washington en los medios turcos, Mehmet Alí Birand, avisó el martes: “Estamos atravesando un momento muy peligroso. Los hechos están empujando a la sociedad turca a volverse más anti-EEUU y anti-Israel. Si las cosas continúan así, la ira pública impedirá al Gobierno mantener buenas relaciones con estos dos países. Volveríamos al ambiente de los 70, cuando se quemaban coches frente a la embajada americana y había grandes manifestaciones de protesta contra Israel. Sólo miren alrededor. El número de manifestaciones se está incrementando… con la finalidad de exaltar la ira y la furia de la opinión pública”. Pero Turquía tiene una vasta experiencia en tratar con EEUU. Ankara sabe que Washington es consciente de que el secreto reside en no buscar abiertamente las soluciones para todas y cada una de las cuestiones problemáticas. Esas son las indicaciones de los contactos a alto nivel militar (apartados de la presión de la opinión pública). Parece obvio para todos los implicados que es posible un arreglo entre los intereses turcos de un lado y aquellos de EEUU e Israel del otro –aunque nadie se atreverá a hablar de un “eje” como tal-. Washington y Jerusalén pueden contar con el miedo patológico de los militares turcos al islamismo. Así, en esencia, Washington espera utilizar un “juego situacional” con muchos actores al mismo tiempo. Estableciendo una virtual reciprocidad entre los intereses turcos sobre la amenaza del PKK y los intereses estadounidenses sobre el infierno en Líbano, Washington está repartiendo una carta a Ankara, a la vez que se ha asegurado otra para si.

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[1] El Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP), islamista moderado al estilo de las democracias cristianas europeas. (N. del T.) [2] La ideología kemalista, también conocida como Kemalismo y como Las Seis Flechas, está basado en los seis principios que Atatürk formulados en su movimiento nacionalista. Los principios no fueron definidos como una ideología en vida de Atatürk, sino que fueron instituidos más tarde. La política kemalista es descrita como izquierdista. (N. del A.) [3] La región del Kurdistán es una entidad política autónoma y reconocida federalmente por Irak. Tiene frontera con Irán en el este, con Turquía en el norte y con Siria en el oeste. Su capital es la ciudad de Erbil. Los kurdos se han gobernado de forma autónoma en el norte de Irak desde las resolución de la Guerra del Golfo de 1991, cuando se creó una zona “aérea de seguridad” para proteger a los kurdos de Sadam Hussein. (N. del A.) [4] Ciudad petrolera del norte de Irak (en la región autónoma del Kurdistán). Kirkuk es una ciudad donde habitan diversos pueblos y etnias: kurdos, turcomanos, asirios, caldeos, árabes y armenios. (N. del T.)

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Traducción A. Mourenza

1 comentario:

Peré Juliá dijo...

Tan sólo agradecerte (en nombre de muchos, estoy seguro) la traducción de este gran (en cuanto al tamaño y la calidad) artículo, que desinteresadamente has traducido y publicado en tu blog, estimado Andrés ;), como bien sabes Mavi Boncuk es una de esas perlas preciosas que podemos encontrar en el vasto océano de Internet, y desde que supe de la existencia de dicho cuaderno de bitácora, nunca dejo de leer sus artículos sobre Turquía, su historia y cultura y la actualidad turca, como este, que ya leí el pasado 25 o 26 de julio, si mal no recuerdo. M.A.M, el autor de dicho cuaderno de bitácora, realiza un trabajo excelente en su página.

En cuanto a lo expuesto por el diplomático M.K. Bhadrakumar, tan sólo me gustaría corroborar la capacidad negociadora de los diplomáticos turcos, estoy seguro que Turquía no va a desaprovechar la oportunidad que se le ofrece en este luctuoso conflicto. Y no sólo en cuanto a conversaciones con los EEUU...como bien refleja este artículo, Turquía es el único país aliado de Israel, en el sentido estricto de la palabra, en la zona, y los servicios de inteligencia turcos, MIT, cuyas relaciones con el Mossad israelí han gozado y gozan de gran salud (de hecho, y según muchos el Mossad tan sólo comparte información con el servicio secreto turco) se hallan trabajando a marchas forzadas.

Lo dicho, Andrés, un acierto el que tradujeras el artículo, saludos desde la ciudad del Bósforo, un abrazo «dostum» :)