28 enero 2009

Crónica desde Estambul: Navidad a la turca (El Periódico, 23/12/08)

ANDRÉS Mourenza
Cuando llega un visitante a Estambul invariablemente pregunta si las luces decorativas que cubren la Avenida Istiklal "están ahí aún desde Navidad". No. Están siempre. Todo el año. Son luces patrocinadas por la compañía de teléfonos móviles Türkcell. Aún así, en Turquía también se celebra la Navidad, cada vez más. Y no es que los turcos se estén convirtiendo masivamente al cristianismo, no, hay otras razones.
Al final de Istiklal, un vendedor de lotería anuncia el sorteo de año nuevo vestido de Papá Noel. Está en todo su derecho: Papá Noel es turco. ¿No lo sabían? Nicolás de Myra, conocido como San Nicolás o Santa Claus, nació en el siglo III en la actual Demre (sur de Turquía) y por su bondad y milagros fue reconocido por los cristianos como protector de los niños, patrón de los marinos y de múltiples cofradías. Luego los italianos trasladaron sus reliquias a Bari, llegó la apropiación nórdica y el vestido rojo de Coca-Cola.
En Demre, las autoridades han convertido la basílica de San Nicolás en un objetivo turístico para los 300.000 rusos que la visitan cada año e, incluso, un avezado empresario turco, Muammer Karabulut, instituyó la Fundación Noel Baba junto a un socio para promover las fundaciones a favor del simpático santo alrededor del mundo y otorgar los premios de la Paz Papá Noel en honor a una figura "símbolo de la paz, el amor y la hermandad". Pero en Turquía los niveles de surrealismo son siempre superados por nuevos casos aún más surrealistas y, recientemente, el señor Karabulut fue detenido y acusado por un tribunal estambulí de formar parte de la peligrosa red ultranacionalista Ergenekon, cuyo objetivo era promover un golpe de estado militar.
Sin embargo, los tejemanejes de Papá Noel con el Ejército y la mafia no son rémora para que los habitantes de Estambul coloquen su modelo en chimeneas, tejados y balcones, cual ladrón a punto de asaltar un hogar desprevenido, porque regalos no da el santo barbudo y gordinflón. En Turquía, los presentes no se dan el día 6 de diciembre (día de San Nicolás), ni en Navidad (que solo es festivo para estudiantes y profesores de fe cristiana), sino en Fin de Año, según una nueva costumbre. En realidad, toda esta parafernalia navideña en un país laico pero donde la mayoría de sus habitantes son musulmanes se justifica con la celebración del Año Nuevo, el único día de asueto dentro de lo que sería el calendario navideño en países como España.
La noche del 24 de diciembre, los creyentes de las exiguas minorías cristianas se reunirán en sus iglesias para celebrar en familia y con sentidas misas el nacimiento del que consideran su profeta. Mientras tanto, en el exterior, miles de estambulís disfrutan de las compras, de los adornos y de todo en lo que se ha convertido la Navidad, o el Año Nuevo, en el resto de países europeo.
En una esquina de la plaza de Taksim, una violinista del este de Europa, quizá rusa, toca la música de Jingle Bells y la plaza, con su enorme bandera y pequeños banderines con la media luna y la estrella de la enseña nacional, se cubre de un ambiente extraño. ¿Dónde estamos?

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