03 agosto 2010

El ejemplo kosovar da alas a otros estados no reconocidos (El Periódico)

Andrés Mourenza

El puente sobre el Ingur es mucho más que el paso sobre un río. Sus 870 metros de longitud cubiertos de barricadas y bloques de hormigón dan paso a un Estado no reconocido por la comunidad internacional: Abjasia. A un lado del río vigilan los soldados georgianos, mal equipados pese al suministro de EEUU e Israel. Al otro, están los soldados rusos, mejor armados, para evitar que el Ejército de Georgia intente recuperar su antigua provincia por la fuerza.

Como Abjasia, a lo largo de la geografía exsoviética se extienden otros países que formalmente no existen: Osetia del Sur, también desgajada de Georgia en el 2008; Nagorno Karabaj, independizado de Azerbaiyán en 1994; y Transnistria, separada de Moldavia desde 1992. Son estados de facto; es decir que, a pesar de que la mayoría de miembros de la ONU no admite su soberanía, funcionan como estados independientes. «Estamos viviendo un proceso muy interesante. El surgimiento de Eritrea, Timor Oriental o los estados exyugoslavos nos muestra que es posible reconocer nuevos países», explica Masis Mayilian, exviceministro de Exteriores de Nagorno Karabaj.

LA GUERRA / A nadie se le escapa que el rápido reconocimiento de la independencia de Abjasia por parte de Rusia tras la breve guerra con Georgia de agosto del 2008 tuvo mucho de venganza por la aprobación occidental de la de Kosovo a expensas de Serbia, tradicional aliado de Moscú en los Balcanes. Ahora, el dictamen del Tribunal Internacional de Justicia (TIJ) avalando la independencia de Kosovo ha sido bien recibido por el Gobierno de Sujumi. «Refuerza el derecho de Abjasia y Osetia del Sur a la autodeterminación», dice Nadir Bitiev, asesor presidencial abjasio.

Osetia del Sur está siguiendo un proceso de integración, sobre todo económica, con Osetia del Norte, situada en la Federación Rusa. En cambio, Abjasia, más celosa de su particular identidad, ha preferido forjar lazos más allá de su vecino del norte, por ejemplo con empresarios de Turquía, donde habita una importante comunidad abjasia. Ambos estados, aún habiendo sido reconocidos por Venezuela, Nicaragua y Nauru, funcionan solo gracias a la ayuda de Moscú. La jefa de la diplomacia de la UE, Catherine Asthon, exigió la pasada semana a Rusia que retire sus soldados de las dos provincias que, formalmente, aún pertenecen a Georgia. «Necesitamos esas tropas para defendernos», contestó Bitiev.

Además de servir para los tejemanejes políticos de las grandes potencias, este tipo de estados son también utilizados por algunos vecinos como proxy (representante) de alto valor geoestratégico, como es el caso de Armenia y Nagorno Karabaj. Según relata el analista Sergey Minasyan, parte del sistema de misiles antiaéreos S-300 –de fabricación rusa– que posee la República de Armenia está situada en el Karabaj, más cercano a la enemiga Azerbaiyán.

A pesar de ello, ni siquiera Armenia reconoce al Karabaj. «Pero a partir de ahora los mediadores internacionales deberán tener en cuenta la decisión de Kosovo en el caso del Karabaj», argumenta Masilyan. Por eso la sentencia del TIJ no ha sentado nada bien en Azerbaiyán, que niega que sirva de precedente.

«La decisión del TIJ no debería tener un impacto en los movimientos separatistas de otras partes del mundo ya que solo ha considerado que la declaración de independencia no es ilegal, sin pronunciarse sobre el derecho de un territorio a independizarse», dice Paola Gaeta, profesora de Derecho Internacional de la Universidad de Florencia: «Pero será instrumentalizada, porque los políticos siempre usan los documentos legales para sus propios fines».

Lo cierto es que la decisión sobre Kosovo ha creado un precedente, dando alas a los gobiernos separatistas, tal y como reclama Bitiev: «Abjasia no es un territorio georgiano, nunca lo fue ni lo será jamás».

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