28 mayo 2010

Turquía recuerda con división de opiniones el primer golpe a la democracia (EFE - El Correo)

Andrés Mourenza
Hoy (27 de mayo) se cumplen 50 años del primer golpe de Estado que sacudió a la democracia turca, un acontecimiento cuyos efectos aún son debatidos en un país en el que los encontronazos entre el Gobierno y el Ejército están a la orden del día.
A las 4:36 de la madrugada del 27 de mayo de 1960, el joven coronel Alparslan Türkes radiaba un mensaje a la nación informando de que unidades del Ejército turco se había rebelado contra el Gobierno del conservador Adnan Menderes. Fue el comienzo de una asonada promovida por mandos militares de escala media y baja, en su mayoría acérrimos defensores del laicismo y marcados con una pátina izquierdista, a excepción de Türkes que, con el paso del tiempo, se convertiría en el líder del ultranacionalismo turco.
Los golpistas impusieron una junta militar que cambió la Constitución y devolvieron el poder a los civiles tras 17 meses. El punto más oscuro de esta historia fue el juicio farsa y el posterior ahorcamiento por "traición a la patria" de Menderes y dos colaboradores, en la isla de Imrali donde hoy cumple cadena perpetúa Abdullah Öcalan, fundador del grupo armado kurdo PKK.
Por eso hoy, en el 50 aniversario de la asonada, un centenar de intelectuales, periodistas y familiares de las víctimas, convocados por la organización antimilitarista Jóvenes Civiles viajaron en barco hasta la isla Yassiada, donde se juzgó a Menderes, para celebrar un juicio simbólico a los golpistas. "Instamos al comandante de las Fuerzas Armadas y a todos aquellos políticos, periodistas, intelectuales, famosos, empresarios que calificaron el golpe de 'revolución', a pedir perdón a las víctimas del 27 de mayo y a todos los ciudadanos que pagaron por vivir bajo la custodia de los militares", se exigió en un comunicado.
De hecho, en mayo de 1960 mucha gente tomó las calles de las principales ciudades para festejar la caída del Gobierno democráticamente elegido. "Para entender por qué se produjo tal explosión de júbilo en las calles, hace falta recordar que el Gobierno de Menderes se convirtió en despótico a finales de los años cincuenta", escribió hoy el periodista Can Dundar en las páginas del diario "Milliyet".
Al actual primer ministro, el islamista moderado Recep Tayyip Erdogan, le gusta compararse con los dos grandes políticos liberal-conservadores de la democracia turca: Turgut Özal, que gobernó durante los años 80; y el propio Adnan Menderes. También a los enemigos de Erdogan les agrada esta comparación, pues le acusan de haberse convertido en una suerte de "dictador civil" y algunos incluso sueñan que su Gobierno acabe como el de Menderes.
Diarios de la corriente islamista moderada, como "Zaman", comparan las grandes manifestaciones por el laicismo y contra Erdogan que recorrieron Turquía en 2007 con las que precedieron al golpe de 1960, en las que los manifestantes coreaban el eslogan "Estudiantes y soldados, juntos de la mano". Esas manifestaciones de 1960 estuvieron influidas por los sucesos de Corea del Sur y la caída, en abril de ese mismo año, del autócrata Syngman Rhee, ya que desde la Guerra de Corea (1950-53), en la que participó un contingente de soldados turcos, se habían establecido fuertes lazos entre el país asiático y Turquía.
Ahora, Kemal Kiliçdaroglu, el nuevo líder del opositor Partido Republicano del Pueblo ha modificado la postura de su formación -implicada en el golpe de 1960- y ahora asegura que aquel "putsch" fue "vergonzoso".
Los historiadores y politólogos turcos discuten hoy en las páginas de la prensa los beneficios y perjuicios que trajo el golpe. En 1961, la Junta golpista redactó una nueva Constitución que resultó ser la más moderna y democrática de las que ha gozado Turquía, ya que reconocía el respeto de los derechos humanos, instituía el Tribunal Constitucional y abría la puerta al Estado social, entre otras medidas. Sin embargo, esta Carta Magna fue anulada tras la asonada de 1980 por otra Junta Militar, que redactó la actual Constitución, mucho más conservadora, que aún sigue en vigor y cuya reforma será votada en referéndum el próximo 12 de septiembre.
Los detractores del golpe, en su mayoría liberales e islamistas moderados, alegan que provocó un distanciamiento con Europa, ya que la entonces Comunidad Económica estaba examinando en ese momento la petición de Menderes de que Turquía se uniese al club europeo. De lo que no cabe duda es que el golpe de 1960 abrió la puerta a sucesivas intervenciones militares en la política turca en las siguientes décadas (1971, 1980 y 1997), de las que el país aún no se ha recuperado completamente.

27 mayo 2010

El Cáucaso más kitsch (El Periódico)

ANDRÉS MOURENZA (texto) / ÁLVARO DEPRIT (fotografía)
VANK (ALTO KARABAJ)

El conductor del taxi se agarra con las dos manos al volante y mantiene su viejo rostro pegado al parabrisas. La niebla es tan espesa que no deja ver más allá de dos metros. Transitamos por una mísera carretera del Alto Karabaj, una tierra agreste y salvaje, poblada por armenios, que en la década de los 90 proclamó su independencia tras una cruel guerra, aunque oficialmente aún pertenece a Azerbaiyán. Es, en suma, un agujero negro en los mapas del mundo.

A los lados de la carretera, los huecos en la bruma a veces permiten ver aventurarse en los campos a aldeanos que aún no se han desecho de las casacas de camuflaje militar. El taxista se detiene en la entrada de un pueblo, señala al frente y anuncia: «Vank». Una estatua soviética asoma por entre los rabos de nube; un hombre guía a un burro que carga leña húmeda.

Caminamos unos metros. Un hilo musical instalado en la calle comienza a vomitar música pop rusa. Los muros están decorados de arriba a abajo con matrículas de automóvil. Todo tiene la apariencia de un sueño irreal. Y, de repente, la boira se disipa y aparece un capricho de la mente humana, una bofetada arquitectónica que deja boquiabierto. Allí, en un pueblo habitado aún por la tristeza y el miedo a la guerra, alguien ha plantado un barco de piedra y cemento.

Levon Hayrapetyan ya no vive en Vank, pero su presencia es como un ente sobrenatural. En su juventud marchó del pueblo para hacer dinero. Trabajó en Arabia Saudí, en Las Vegas y en Rusia. Ahora, cuando regresa, lo hace en helicóptero y protegido por guardaespaldas. Según ha dejado dicho, «cada armenio que vive fuera de la madre patria, sin importar en qué campo haya tenido éxito, debe pagar un impuesto genético al pueblo armenio».

Y en eso ha predicado con el ejemplo: la escuela de Vank, la comisaría de policía, la carretera y un pequeño zoo –con un león cojo, cuatro lobos, cuatro jabalís, tres osos, dos linces y un búho que guiña el ojo derecho– han sido construidos por Hayrapetyan. Es evidente, pues las verjas de cada una de sus inversiones están pintadas en verde y amarillo, –«los colores favoritos del señor Levon», explica una de sus empleadas–. El principal proyecto de Hayrapetyan, sin embargo, son los hoteles.

El edificio con forma de barco, junto a una cascada que desemboca en el río Khachen, es el hotel Eclectica. La barra del bar es un gigantesco acuario, las lámparas son timones, las paredes están talladas en forma de algas y la decoración parece haber sido extraída de los todo a cien y los mercados de conchas de medio mundo. En el restaurante, en cuyas paredes cuelgan máscaras de Van Gogh y cuyos techos están sujetos por enormes atlantes, camareras con uniforme de marinero sirven especialidades armenias y chinas.

Ante el éxito del primer albergue, el empresario ha abierto un segundo templo de lo kitsch, el hotel Sea Stone, presidido por estatuas de burros alados y sirenas masculinas. Detrás del edificio sobresale una garra tallada en piedra. Zara, la directora del establecimiento, nos anima a acercarnos y la visión nos deja estupefactos. El arquitecto ha tallado en la roca la cabeza de un león de varios metros de altura.

Por si fuera poco, al aproximarse, las entrañas de la montaña comienzan a rugir como un gran felino. Hayrapetyan pretende así atraer al turismo, alojar a los visitantes del cercano monasterio medieval de Gandzasar y dar trabajo a los vecinos de Vank. «El señor Levon es una gran persona, ha hecho muchas cosas por nosotros», afirma Zara. Y es cierto. En una zona castigada por la guerra, de la que sus habitantes se ven forzados a emigrar a Armenia o Rusia, las inversiones de este visionario de discutible gusto han permitido que Vank mantenga la esperanza.

Ebrios de experiencias surrealistas partimos de Vank al día siguiente. A la salida del pueblo, advertimos la tumba de un héroe local, un fedayin armenio, joven y barbudo, de la guerra del Alto Karabaj. La lápida está decorada al modo caucásico, con una imagen del muerto a cuerpo entero grabada en el mármol. Sostiene un cigarrillo y, a los pies de la tumba, alguien ha depositado flores y una botella de coñac. Sonríe, el maldito. Parece más vivo que nunca.

18 mayo 2010

Crónica desde Atenas: Nada altera el modo de vida mediterráneo (El Periódico)

Andrés Mourenza

Muchos turistas quedan decepcionados al visitar Atenas. La capital de Grecia es una urbe descomunal para el tamaño del país –la zona metropolitana alberga a 4 de los 11 millones de griegos–, sucia y caótica en muchos aspectos.

El Ministerio de Turismo promociona Grecia con el lema 5.000 años de Historia, aunque en el caso de Atenas bien se podría replicar: «¡Y 2.000 de vacaciones!». Entre los monumentales restos arqueológicos de la Grecia clásica y romana y los edificios neoclásicos construidos al ser proclamada Atenas capital de la Grecia independiente en 1834, apenas quedan un par de mojones de la historia. Las pequeñas iglesias bizantinas conservadas parecen más bien obstáculos que han quedado atrapados en medio de modernas avenidas peatonales o incluso bajo los soportales de un edificio de viviendas, como árboles centenarios a los que se les ha perdonado la vida. No es de extrañar, pues durante la edad media y el periodo otomano el centro de la cultura helena se trasladara a Salónica y sobre todo a Constantinopla, hoy Estambul.

El mar, capaz de amainar la psique en las ciudades más ruidosas, queda lejos del centro, obstruido por innumerables urbanizaciones y barrios residenciales. Para acariciar las aguas del Egeo hay que trasladarse hasta el Pireo o Paleo Fáliro, que, aunque no están físicamente separadas de Atenas, son poblaciones distintas, como l’Hospitalet de Llobregat y Barcelona. Otro hecho paradójico para quien visita la ciudad por primera vez, teniendo en cuenta el papel que ha tenido siempre el mar en la historia helena.

Para enamorarse de Atenas hay, pues, que transitarla mucho. Acostumbrarse a sus mercados de aves y fruta en plena calle, al furor de las motocicletas, a su mezcla de edificios de los años 70 y palmeras, que permite imaginar la época en que esta ciudad era un seguro punto de paso entre Europa y los campos de entrenamiento de Oriente Próximo para las organizaciones armadas, desde los grupos palestinos a la RAF alemana, las Brigadas Rojas italianas y el PKK kurdo.

Un acto de reconciliación puede ser observar un atardecer desde el Aréopago, donde según la mitología fue juzgado Orestes por el asesinato de su madre, Clitemnestra, y el amante de esta, Egisto. Aquí los jóvenes se reúnen, armados con latas de cerveza, para ligar y ver cómo el añil se apodera del cielo vespertino sobre una miríada de terrados blancos que ocupan todo el espacio que abarca la vista.

Llenas a todas horas, las terrazas de los cafés, esas modernas ágoras, son el otro pilar del alma ateniense. «Los turistas alemanes ven esto y luego no quieren darnos ayudas para salir de la crisis», bromea el periodista Pandelis Gonos. Sin embargo, el tópico de los griegos vagos es solo una ilusión. Según Eurostat, los griegos trabajan 42 horas por semana, más que nadie en la UE y también que los alemanes (40,8).

«Pase lo que pase, esto no nos lo podrán quitar». La frase de Gonos evoca el grito de guerra de un William Wallace heleno: «Podrán quitarnos los sueldos y las pensiones... lo que jamás podrán arrebatarnos es el modo de vida mediterráneo».

17 mayo 2010

Las lágrimas de Dani Güiza, una relación de amor y odio con la grada turca (EFE - Diario Montañés)

Las lágrimas del delantero español Dani Güiza se han convertido en estampas habituales de la prensa deportiva de los lunes en Turquía. Los ojos húmedos, brillantes, de rabia e impotencia. Dani Güiza se agarra al poste de la portería. Otra ocasión que tampoco ha podido ser. El balón no ha querido entrar, han fallado las piernas, quizás la concentración. Pero, una vez más, el internacional español se ha quedado a las puertas del gol.
"Güizaaaaa... ¡por el amor de Dios!", los seguidores del Fenerbahçe se llevan las manos a la cabeza ante el televisor. El fútbol se vive en Turquía con pasión y la gente se desespera viendo los partidos del Fenerbahçe. Se desespera también el jerezano, pues no consigue hacer lo que mejor sabe: marcar goles.
El equipo no encuentra el modo de jugar; es algo que ocurre desde la marcha de Arthur Antunes Coimbra 'Zico' y que no pudo remediar el ex seleccionador español Luis Aragonés en su año de aventura turca. Esta temporada, con la vuelta del alemán Christoph Daum al club auriazul, los resultados han mejorado ligeramente, aunque no el juego, que continúa siendo bastante decepcionante.
Cuando Güiza llegó al Fenerbahçe, los aficionados llamaban al club "The rising sun over Europe" (El sol que nace sobre Europa) y el jerezano probablemente pensó que venía a un club con gran porvenir, al menos eso indicaban los números del talonario.Pero en sus dos años jugando en Turquía, a los 'canarios' de Estambul se les han escapado dos copas y dos ligas en el último minuto. El único magro consuelo hasta ahora ha sido la Supercopa que consiguieron al inicio de la presente temporada.
Las esperanzas puestas en el equipo gracias a sus estrellas brasileñas, a su millonario presupuesto y a que una vez, hace tres temporadas, el Fenerbahçe llegó a soñar con lo más alto de Europa tras vencer a Inter, CSKA, PSV, Sevilla y Chelsea, se han convertido en frustraciones. Y los aficionados, claro está, las pagan con Güiza, el fichaje más caro de la historia del fútbol turco (17,4 millones de euros), que llegaba con la etiqueta de pichichi de la mejor liga del mundo, la española.
No ha resultado un buen negocio para el Fenerbahçe, opinan los aficionados. "Vosotros los españoles sí que hicisteis un buen negocio vendiéndolo", se queja un taxista, mientras escucha las noticias deportivas en la radio de su vehículo. Las estadísticas goleadoras del antaño astro del Mallorca no han mejorado mucho en su segundo año en el Fenerbahçe: si en el primero marcó 16 goles, en esta ha logrado 18, contando los partidos europeos y los de liga y copa. Es cierto que en esta temporada ha mejorado su juego y, si bien no ha sido un gran anotador, ha ofrecido numerosas asistencias de gol, gracias a que Daum le ha dado pareja en ataque, algo a lo que insistentemente se negaba Aragonés.
Con todo, Güiza se confiesa feliz en Turquía, aunque reconoce que a su llegada esperaba rendir más. Le gusta el ambiente, el público fervoroso (aunque a veces ruja en su contra) y la ciudad. Tampoco hay que negar el bien que le ha hecho la tranquilidad de no tener que aguantar a la prensa rosa española tras su sonado divorcio. En Estambul, una urbe de 12 millones de personas, está a salvo de los paparazzi. "Esta temporada ha sido mejor que la anterior. Dani está en su mejor momento y aún le queda para rato. Incluso se ha barajado ampliar su contrato con el Fenerbahçe", asegura uno de sus representantes, Juan Carlos Cordero.
En el último partido de liga, Güiza anotó y lo primero que hizo fue correr hacia la grada besando el escudo que le da de comer. Los seguidores enloquecieron, era un paso de gigante hacia el título. Entonces sí amaban al español. Pero la grada turca es voluble "qual piuma al vento", como 'la donna' del Rigoletto de Verdi, y minutos después volvía a gritar en su contra por las ocasiones desperdiciadas.
Ahora a Güiza le toca pensar en la lista de convocados para el Mundial y, quizás, en el mercado de fichajes. "Hay equipos interesados, el Valencia es uno de ellos. Hay otros clubes europeos que también lo quieren, por ejemplo, en Inglaterra. Pero quien debe decidir es el presidente del Fenerbahçe", apunta Cordero. Decida lo que decida, de lo que no hay duda es que si sigue en Estambul la temporada que viene, deberá demostrar mucho más a la grada turca. El público volverá a rugir, del español depende que sea a su favor o en su contra.

La crisis logra unir a la patronal laica e islamista de Turquía por primera vez (EFE - La Rioja)

La crisis económica ha conseguido reunir, por primera vez en la historia, a las dos principales patronales laica e islamista de Turquía, que han acordado incrementar la cooperación, informa hoy la prensa turca.
Mientras en la arena política el gobernante Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP, islamista moderado) y la oposición nacionalista laica se hallan en una gresca continua, los empresarios han decidido ser más pragmáticos. De este modo, una delegación de la Asociación de Industriales y Empresarios Independientes (Müsiad), cercana al AKP, visitó ayer la sede de la Asociación de Industriales y Empresarios Turcos (Tüsiad) para visitar al recién elegido consejo directivo.
Fue la primera visita desde que Müsiad fue fundada hace 20 años precisamente en oposición a Tüsiad, a la que acusaba de elitista -pues en ella se dan cita los grandes empresarios del país- y de haber dejado de lado a los pequeños y medianos empresarios de la Anatolia interior.Los empresarios del interior del país, conocidos como "Tigres Anatolios", son además uno de los pilares de apoyo del AKP, el partido que dirige el primer ministro, Recep Tayyip Erdogan.
La reunión entre la presidenta de Tüsiad, Ümit Boyner, y su homólogo de Müsiad, Ömer Cihat Vardan, transcurrió a puerta cerrada, aunque la empresaria turca explicó que se discutieron "posibles pasos en común para contribuir a la solución de ciertos problemas de la economía turca derivados de las turbulencias financieras globales". "Puede que pensemos diferente y puede que nuestras bases sean diferentes. Sin embargo, y aunque sea a través de vías diferentes, ambas (asociaciones) trabajamos por el mismo objetivo: el desarrollo de Turquía", apuntó Vardan.
Las dos patronales alabaron el plan de disciplina fiscal presentado esta semana por el gobierno -y que será votado en junio por el parlamento-, que prevé reducir el déficit fiscal gradualmente del 4,7% al 1,5 por ciento. De este modo, también pretende reducir la deuda pública del actual 45,5 por ciento del PIB al 30 por ciento en 2016.
A pesar de que las agencias de calificación han elevado el grado de la deuda soberana turca en los últimos meses, aún se haya un escalón por debajo del nivel de inversión, entre el BB+ de Fitch y el BB de Standard & Poor.
Turquía ha conseguido salir rápidamente de la recesión con un crecimiento del 6% en el último trimestre de 2009. Entre 2000 y 2001, el país euroasiático sufrió una dura crisis que le obligó a llevar a cabo una reestructuración del sistema financiero y bancario turcos.El gobierno de Ankara pactó entonces un programa de ajuste con el Fondo Monetario Internacional (FMI) que le ayudó a recuperar el crecimiento, aunque con grandes costes sociales, lo que causó el rechazo popular contra este organismo e indujo a Ankara a planear una política de disciplina fiscal sin intromisiones extranjeras. Con todo, el ejecutivo de Erdogan tiene previsto encontrarse con el FMI el próximo 27 de mayo, aunque los objetivos de la reunión no están claros.

12 mayo 2010

Diario de Grecia X: Papandreu, pide apoyo a la oposición y dice que «para cambiar el país, antes había que salvarlo» (El Periódico)

ANDRÉS MOURENZA
Atenas, 11 de abril

Grecia debe dejar atrás la falta de transparencia y de credibilidad. Con este mensaje se presentó ayer el primer ministro, Giorgos Papandreu, para recabar el apoyo de la oposición a las medidas de austeridad impuestas por su gobierno para sobreponerse a la grave crisis económica que atraviesa el país. «Para poder cambiar Grecia, antes había que salvarla», añadió en referencia a la posibilidad de que el país se declare en bancarrota.

Esta reunión extraordinaria fue moderada por el presidente, Carolos Papulias, quien exigió «tolerancia cero» hacia la corrupción, que ha provocado un grave déficit. Las formaciones de izquierda, el Partido Comunista y SYRIZA, boicotearon el encuentro alegando que el paquete de medidas de ahorro propuesto por el Gobierno afecta especialmente a los trabajadores.

«Los miembros del anterior gobierno (Nueva Democracia, conservadores) reconocen haber hecho las cosas mal, pero ninguno ha sido castigado por ello. Lo mismo ocurre con el actual Gobierno, que estaba en el poder antes del 2004», dice Costas, un informático de 28 años. «La situación es tan mala actualmente que no creo que podamos pedir que se echen atrás las medidas de austeridad. Pero debemos exigir que los culpables de la crisis terminen en la cárcel», reivindica este joven.

Según diversas encuestas publicadas durante el fin de semana, los griegos están divididos respecto al plan del Gobierno, necesario para que la Unión Europea (UE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI) concedan a Atenas préstamos por valor de 110.000 millones de euros. Según el diario To Vima, el 55% de la población considera necesario aplicar las recetas de choque, mientras que el 45% se declara contrario a ellas, ya que supondrán reducciones de salario, despidos y aumentos de los impuestos.

Gran parte de los griegos defiende también que continúen las protestas. «Protestar es saludable. Es la única manera de que la voz de la gente llegue a lo alto», afirma Justine, una estudiante de la Universidad Ateniense de Economía y Negocios.

A pesar de que el anuncio de que las ayudas de la UE y el FMI llegarán a tiempo para saldar el vencimiento de deuda el próximo 19 de mayo ha producido cierto alivio en el Gobierno, quienes no prometen dar un respiro a Papandreu son los sindicatos.

Las farmacias se sumaron ayer a las movilizaciones con una huelga de 48 horas para protestar contra la reducción del precio de las medicinas y la liberalización del sector.

El próximo caballo de batalla son las pensiones que, según el plan del Ministerio de Trabajo presentado ayer, se verán reducidas hasta un 26%. Además, a partir del 2015 nadie podrá retirarse antes de los 60 años y se penalizarán las prejubilaciones. «El gasto público debería aumentar el 20% en los próximos años para mantener el sistema de pensiones. Es completamente insostenible, por tanto era solo cuestión de tiempo que estallase», explica el profesor de Economía Apostolis Filippopulos.

«Los últimos 5 años del Gobierno han sido un completo desastre. No hemos recibido inversión extranjera directa desde las Olimpiadas del 2004 –opina el economista Elyas Tzavalis–. Sin embargo, creo que si la UE nos ayuda, con unos años de reformas estructurales, volveremos a recuperarnos».

Para ello, según Apostolis Filippopulos, es necesario que el Gobierno consiga que impere la paz social. Pero esa parece una posibilidad muy remota porque los sindicatos discuten precisamente en las últimas horas la convocatoria de nuevas huelgas y protestas para esta misma semana.

Diario de Grecia IX: Grecia se prepara para el drama (El Periódico)

ANDRÉS MOURENZA
Atenas, 10 de abril

Estos días, en Grecia, cada ciudadano es un economista en potencia. Tanto oír hablar de la crisis, la gente ya maneja los términos económicos como los del tiempo. Y cada cual tiene su teoría. «El problema de nuestro país es la excesiva dependencia del turismo. Hemos acabado con la agricultura y no tenemos industria», opina Thanisis, recepcionista de un hotel. El ágora de Atenas, la capital, ya no está a los pies de la Acrópolis como antaño, sino en las animadas terrazas de los cafés, donde se conversa sobre la situación del país bebiendo frappé, tras las revueltas de los últimos días. Las culpas se reparten: de los políticos a los bancos.

Pero, ¿cómo ha llegado Grecia hasta el borde de la bancarrota? Una de las causas es la política de déficits de un sistema político de cambio de votos por favores. Así, el Ejecutivo de Costas Caramanlis (2004-2009), a pesar de haber prometido a la Unión Europea (UE) reducir el peso del funcionariado, contrató a 55.000. Actualmente, uno de cada cuatro empleados trabaja en el sector público.

Otro de los graves problemas de la economía griega es su escasa competitividad y la falta de variedad productiva. Los bajos intereses en los préstamos han llevado, además, a un endeudamiento general de la sociedad griega. El Gobierno ha tratado de financiar su déficit con bonos, una deuda, degrada por las agencias de rating, que ahora es incapaz de pagar. «En anteriores ocasiones –afirma Giorgos Glynos, del think tank ELIAMEP–, la crisis se hubiese solucionando devaluando la moneda, pero con el euro es imposible».

La única solución que ha encontrado el Gobierno del socialista Giorgos Papandreu ha sido la imposición de draconianas medidas que permitirán ahorrar 30.000 millones de euros a cambio del apoyo de la UE y el Fondo Monetario Internacional (FMI) que, en su mayoría tendrá que devolver con un interés de hasta el 5%. Hoy Papandreu detallará la reforma de las pensiones, uno de los puntos polémicos, que ya ha provocado protestas que la semana pasada se saldaron con tres muertes.

Las medidas de ajuste contraerán la economía y supondrán «miles de dramas individuales», opina un economista. Un profesor de escuela con 30 años de antigüedad, que hasta ahora cobraba 2.100 euros al mes, perderá 300 en cada mensualidad. Los jóvenes griegos de la llamada generación de los 700 euros, el salario que cobran, pasará a ser la de los 540. «Tendremos que acostumbrarnos, no hay otra salida –cuenta Stéfanos resignado–. «Si quiero labrarme un futuro debo irme de aquí, es la única solución». Stéfanos estudia Arquitectura en el Politécnico de Atenas, una de las sedes universitarias que ha centrado las revueltas.

Por su parte, Ilyas, que descansa sobre su taxi en la céntrica plaza de Sintagma sabe que a él le afectan doblemente las medidas del Gobierno: por un lado se liberalizará su sector; por el otro, las manifestaciones en el centro impiden su trabajo: “Claro que apoyo las protestas. La gente tiene razón, hay que protestar contra esos 300 malakas (gilipollas) del Parlamento”.

11 mayo 2010

Diario de Grecia VIII: Velas

Atenas, 9 de mayo

Doscientas personas se han reunido en la Plaza Sintagma. En sus manos la llama de las velas lucha contra el airecillo de la tarde por no apagarse y brillar más que la luz de Atenas. Protestan contra la violencia de las protestas que, el miércoles, acabó con la vida de tres trabajadores de la banca Marfin Egnatia. Unos jóvenes de entre los manifestantes lanzaron un cóctel molotov a la sede bancaria de la calle Stadiu 23 y, atrapados, resultaron asfixiados por el humo.

Se ha discutido largo y tendido sobre los culpables de las muertes mientras la policía aún los busca. Hay quienes denuncian la tolerancia a la violencia que se ha extendido en la sociedad griega durante las protestas de los últimos años. “Los culpables son 20 ó 30 anarquistas descerebrados, el resto de los manifestantes son como tú o como yo”, opina el taxista Elías. Otros señalan a la policía, por no haber detenido a los sospechosos habituales “que todos saben quién son”. Incluso se apunta a los servicios secretos. También están quienes culpan a los manifestantes, por no haber socorrido a los trabajadores atrapados y quienes echan la culpa al banco, por presionar a sus trabajadores para que no se uniesen a la huelga. La cuestión es que tres jóvenes trabajadores, uno de ellos una mujer embarazada de cuatro meses, perdieron la vida.

Dora Bakoyannis, ex ministra de Asuntos Exteriores, descansa en la Plaza Sintagma junto a unas muletas. Extrae un cigarrillo de su pequeño bolso e, inmediatamente, una mujer teñida de rubio de la concentración se acerca a ofrecerle fuego. Los medios de comunicación griegos se preguntan qué planea Bakoyannis. Acaba de ser expulsada del partido conservador, Nueva Democracia, por votar a favor del plan de ajuste propuesto por el gobierno socialista. Ahora se rumorea que fundará su nueva formación, algo entre medio de los dos grandes monstruos políticos que han dominado la política griega desde la vuelta a la democracia en 1974, Nueva Democracia y el PASOK. Bakoyannis pertenece a la familia Mitsotakis, uno de los grandes clanes políticos que han dominado desde hace años la política griega, junto a los Papandreu (PASOK) y Caramanlis (ND) Los manifestantes emprenden la marcha hacia la calle Stadiu y Dora, con sus muletas, continúa su carrera política.

Dejan atrás otra manifestación, unos metros más arriba, frente al parlamento. Éstos, convocados por la asociación ATTAC, protestan contra la corrupción.

Los ramos de flores, las cartas, las velas del altar improvisado en la sede calcinada del Marfin Egnatia han crecido tanto en los últimos días que casi ocupan toda la acera. “Ha llegado la hora de que dejemos de tener miedo -afirma enfadado Yannis, un pensionista conservador-. No podemos quedarnos en casa, hay que hacer algo frente al terrorismo y la violencia”. Grecia es un hervidero político.

09 mayo 2010

Diario de Grecia VII: El termómetro

Atenas, 9 de mayo

Las prostitutas y los drogadictos del centro de Atenas son el termómetro de las revueltas. Si las inmigrantes africanas han salido a la caza de clientes en los alrededores de la Plaza Omonia y los politoxicómanos se pinchan con tranquilidad en Exarhia... es que hoy no hay protestas convocadas.

Diario de Grecia VI: Grecia recupera la calma tras la revuelta contra el plan de ajuste (El Periódico)

ANDRÉS MOURENZA
Atenas, 8 de abril

Grecia intentaba ayer sobrellevar la resaca de una semana de protestas que ha dejado tres muertos, decenas de detenidos, numerosos daños materiales y la aprobación de las draconianas medidas aprobadas por el Gobierno de Giorgos Papandreu para evitar la bancarrota del país. Los negocios del centro de Atenas abrieron; el transporte público funcionaba; los ciudadanos acudieron a sus trabajos e incluso las prostitutas de los alrededores de la plaza Omonia se lanzaron por la mañana a la caza de clientes para compensar las pérdidas de días anteriores.

Sin embargo, era una calma tensa. El plan de ajuste, con recortes de salarios y pensiones y subidas de impuestos, obligará a los griegos a apretarse aún más el cinturón y podría asfixiar la ya de por sí tocada economía helena. Aris y un grupo de compatriotas albaneses observaban con preocupación los titulares de los periódicos colgados de un quiosco. Llegó a Grecia hace 12 años, cuando el elevado consumo griego proveía de empleo a los inmigrantes: «Estoy pensando en volver a Albania. Aunque paguen menos, hay trabajo».

Los bancos abrieron media jornada en protesta por la muerte de tres empleados en un incendio en los disturbios del miércoles. El número 23 de la calle de Stadiou era ayer una esquina triste. Cientos de personas pasaron ante la sede del Marfin Egnatia Bank para ofrecer sus condolencias, flores y mensajes de apoyo, denuncia o remordimiento.

Dimitris Karagianis, del Partido Comunista, alberga dudas sobre lo sucedido el primer día de la huelga general: «Tenemos pruebas de que algunos actos violentos han sido cometidos por provocadores de los servicios secretos», y asegura que su partido luchará contra las medidas de austeridad, impuestas a cambio de un rescate de 110.000 millones de euros ofrecido por la UE y el FMI. «Es un préstamo que va a terminar pagando el pueblo y disfrutarán los grandes empresarios», denuncia.

«La gente está dispuesta a aceptar las medidas de ajuste del Gobierno si es a cambio de justicia. Pero parece muy difícil que los que causaron la crisis que ahora vivimos terminen en la cárcel», afirma el periodista Pantelis Gonos.

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El interés de la deuda pública helena sube hasta el 12,4 % (El Periódico)

A. M.
ATENAS

Los bonos griegos traen de cabeza a los mercados a medida que se acerca el próximo vencimiento de deuda pública. El 19 de mayo, Grecia deberá pagar 9.000 millones de euros de los que no dispone. Ayer, el interés de los títulos a 10 años se disparó hasta el 12,4%. Giorgios Glynos, exmiembro de la Comisión Europea, cree que la ayuda europea llegará a tiempo para cubrir el pago: «Los problemas los veremos en los siguientes vencimientos a lo largo de los próximos dos años».

Este economista considera que las medidas de austeridad impuestas por el Gobierno serán efectivas solo si la sociedad griega lo tolera y la situación internacional no se deteriora: «Si otros países de la eurozona, como España o Portugal, no toman medidas, se producirá un efecto dominó».

La confianza está minada incluso en el propio mercado interno. Stavros, un trabajador de banca en una zona bienestante de Atenas, explica que en los últimos dos meses los clientes han retirado de su oficina ocho millones de euros: «Hablo de hasta 100.000 o 200.000 euros de golpe». «En los últimos días hemos trabajado mucho enviando dinero de nuestros clientes fuera del país: a Chipre, Reino Unido, Suiza o a paraísos fiscales», añade.

Diario de Grecia V: Problem, my friend

Atenas, 6 de mayo

Christo llama por teléfono para conocer la situación del tráfico en el centro. Cuelga con un gesto de desesperación. “Problem, my friend, problem”. Las protestas bloquean el centro de la ciudad. No es posible pasar de Mégaron Musikis “Atenas se va a la mierda, Grecia se va a la mierda... ¡y encima esto!”. A los taxistas les afecta doblemente el paquete de medidas del gobierno. Por un lado liberalizan el sector y, por el otro, las protestas contra el paquete impiden su trabajo.

Cojo el metro. En la estación de Sintagma, los gases lacrimógenos lanzados por la policía llegan hasta los andenes.

Diario de Grecia IV: Café frappé

Aeródromo Demócritos, 6 de mayo

Campos sembrados de trigo aún verde. Modestos encinares sobre la loma de las colinas. Pequeñas granjas.

La carretera es buena, hay pocos automóviles y menos camiones (en las fábricas que pasan por mi ventanilla tampoco se percibe mucho movimiento). El Skoda de Costas Teofanidis deja atrás los kilómetros zumbando. Intentamos comunicarnos por gestos, con cuatro palabras en inglés, otras cuatro en griego y Deportivo La Coruña.

Busca una emisora para mí y encuentra una con canciones dance en inglés, pero después de tres semanas en el Cáucaso escuchando pop ruso hasta la saciedad estoy hasta los cojones de música elecrónica, así que le pido que sintonice música griega. Suenan los instrumentos tradicionales. “Grecia... -comienza Costas Teofanidis haciendo pitos con las manos-, buzuki, fiesta y la economía al carajo”.

Llegamos al aeródromo Demócritos, a las afueras de Alexandrópolis, sobre las 17.00, tras un par de horas de viaje. En el mostrador de Aegean Airlines me explican que, al menos en su compañía, hoy no hay huelga. Podré volar. Lo primero que hago para celebrarlo es pedirme un café frappé, la bebida nacional de Grecia. Lo toman los estudiantes, los llevan los taxistas en el reposavasos y, los manifestantes, lo sujetan con una mano mientras con la otra lanzan piedras a la policía.

Entre los pasajeros que esperan a embarcarse hay una anciana cubierta de negro de la cabeza a los pies, aunque su nívea cara queda al descubierto. Es un vestido cortado a la antigua usanza que sólo había visto en los retratos de Zübeyde Hanim, la madre de Atatürk. En medio de los jóvenes griegos, con camisetas coloridas que imitan la moda italiana, la mirada de años de la anciana parece un rescoldo a punto de apagarse. Es turca.

Una vaharada de olor marino golpea mi cara al salir a la pista de aterrizaje. Llegaré a Atenas.

Diario de Grecia III: En taxi, endaxi?

Kastanies, 6 de mayo

El pueblo de Kastanies está desierto. El policía de la aduana griega, desganado, me ha dicho que siga adelante si quiero encontrar un taxi. Arrastro la maleta bajo el sol de la Tracia, pero no hay signos de vida en esta parte de la frontera.

Continúo caminando y encuentro un supermercado abierto pero completamente vacío. Después de acechar yo un rato en la puerta del supermercado, una señora que parecía escondida tras de una mata de buganvillas, aparece en la lejanía y viene hacia mí gritando: Parakaló?

“Pa la caló, lo mejor la sombra”, pienso yo, y permanezco bajo el toldo del supermercado, esperando a la dueña. Le explico que necesito un taxi para ir a Atenas. “No sé”. Insisto y la buena mujer se queda pensativa... [Estas son las cosas que me joden de la Unión Europea: en Turquía, en el Cáucaso, en Oriente Medio, si no hay taxi alguien se lo inventa. Sabes que jamás te van a dejar tirado] ...cuando termina de pensar, la mujer repara en una pegatina de la cristalera de una tienda vecina. Es un número de taxi. Llama por mí, me dice que espere y desaparece. Kastanies tiene el aspecto de un pueblo andaluz a la hora de la siesta.

* * *

Costas Teofanidis se lleva las manos a la cabeza cuando le digo que quiero llegar hasta Atenas en taxi. “Deka kilometro, deka evro”. Vaya. Hasta la capital son mil euros y yo no llevo suelto.

Nos montamos en el vehículo. “¿De dónde eres?”. “Coruña”. “¿La Coruña? ¿Deportivo La Coruña?”. Los anti-futboleros dirán lo que quieran, pero La Liga española ayuda a romper el hielo y, en ocasiones, San Messi me ha sacado de más de un apuro en los controles policiales y militares.

El taxista, que es de Orestiada, una moderna ciudad situada sobre un asentamiento creado según la leyenda homérica por el héroe mitológico Orestes, me explica la situación en griego gesticulante. De su discurso entiendo aeroplanós, Alexandrópolis y una palma de la mano despegando de la otra. “Pero, ¿las huelgas?”. Ayer los aviones no despegaron a causa de las protestas contra el draconiano plan de austeridad del gobierno Papandreu. Hoy, presumiblemente, continuaban. De otro modo no me hubiera lanzado a esta aventura por tierra.

“Alexandrópolis, aeroplanós”, insiste él y escribe en un papel: “Atenas, 1.000 euros. Thesaloniki, 500 euros. Alexandroupoli: 140-150 euros”. Pues nada, ¡qué se le va a hacer! Vamos para Alexandrópolis.

El hombre se ríe y me da palmadas. Es un cachondo. “¡Deportivo La Coruña! Ja, ja, ja, ja”. Yo creo que quiere decir: No estás tú tonto si pretendes ir hasta Atenas en taxi.

-Endaxi? -pregunta.

-Endaxi

Diario de Grecia II: La frontera

Edirne, 6 de mayo
“Tracia Occidenta: 4 kilómetros”, indica un cartel. Es un eufemismo.
Nos encontramos en la Tracia Oriental, en territorio de Turquía; por tanto, el cartel señala a Grecia, pero, debido a alguna paranoia nacionalista, la autoridad competente ha decidido cambiar el todo por la parte y aludir al país vecino con el nombre de la primera región que se encuentra al cruzar la frontera. Como si todavía fuera parte del Imperio.
Antes de dejar Turquía, otro cartel avisa: “Turquía. Una sola lengua. Una sola bandera. Una sola patria. Una sola nación. Un solo Estado”. Tal sucesión de unos nacionalistas me exaspera.
Afortunadamente, el taxista que me conduce desde la estación de autobuses de Edirne al paso fronterizo, Hakki, es un hombre tranquilo. Viven en una casa de dos plantas junto al río Evros (Meriç, en turco; Maritsa, en búlgaro) que separa Turquía de Grecia. Cuando pasamos por delante, muestra el huerto que la rodea y un bosquecillo de plátanos centenarios. Los alrededores de la capital más occidental -geográficamente- de Turquía están surcados de riachuelos protegidos por choperas, praderas y campos de cereal y se prestan a las barbacoas y a los picnic, a un vaso de raki junto a los amigos. Son gente simpática y tranquila, éstos de Edirne.
Al contrario que Ergün, Hakki cruza la frontera a menudo, comercia con los griegos y se entiende bien con ellos. “¡Grecia está revuelta! ¿Has visto cómo se rebelan? Hacen bien. Si los políticos se tragan el dinero de todos, hay que levantarse. Aquí nos están haciendo lo mismo y nadie responde”.
Un arco cuadrangular de color rojo, guardad por un soldado, es la puerta de salida de Turquía. Enfrente me espera una puerta igual, también guardada por militares, pero pintada de color azul. Cruzo caminando la distancia que separa ambos países. He llegado a Grecia.

06 mayo 2010

Diario de Grecia I: El expulsado

Estambul, 6 de mayo

Ergün se parece a Manuel Manquiña y fuma con boquilla. Si no fuese por esa nariz, abultada como las del Mar Negro, podría haber actuado en Airbag. Además es taxista.

Pero esa nariz no es del Mar Negro. En realidad, Ergün viene de Grecia. Sus abuelos, como tantos otros turcos, fueron expulsados de Iskeçe (hoy Xanthi), en la Tracia griega, durante las Guerras Balcánicas y la Primera Guerra Mundial. Estos turcos deportados, que llegaron a un Estambul en ebullición, fueron quienes dirigieron el Imperio Otomano en decadencia y vigilaron los primeros pasos de la República. No es justificable, pero sabiendo ésto se entienden mejor aberraciones como las deportaciones y matanzas de armenios de 1915 y el intercambio de población entre Grecia y Turquía de 1923. Las órdenes fueron dadas por generales y políticos que habían sido testigos -o incluso la sufrieron en carne propia- de la deportación de cientos de miles de musulmanes de los Balcanes sin que nadie abriese la boca para detenerla.

Los abuelos de Ergün se instalaron en Fener, el antiguo barrio griego. Es una práctica habitual de los refugiados. Pasó en Chipre: los griegos expulsados de Famagusta por el ejército turco, se instalaron en los antiguos hogares de los turcochipriotas de Pafos; ocurrió también en el Cáucaso: los armenios expulsados de Bakú (Azerbaiyán) encontraron refugio en Shusha, cuando otros armenios limpiaron el Nagorno-Karabaj de azerbaiyanos en una sangrienta guerra; y lo mismo hicieron los abuelos de Ergün al encontrar vacíos los hogares de los griegos que escapaban del avance de las tropas de Atatürk.

Hablamos largo y tendido, me ofrece un cigarrillo. Los turcos son buena gente, dice. No tiene la misma opinión de los griegos. Tampoco le voy a culpar por ello, son generaciones y generaciones de historias las que le habrán contado del pérfido vecino. Exactamente las mismas que se oirán en la otra parte. Tamizadas, ambas, por el nacionalismo que destilan los libros de la escuela.

Tiene, también, esa extraña idea de que de España también fueron deportados los turcos que allí vivían. Le contradigo. “Que sí, que sí. Fue hace mucho tiempo”, se emperra él. Confunde a los musulmanes expulsados en 1492 -una pequeña cantidad de los cuales llegó a Estambul y fundó la que ahora llaman Mezquita de los Árabes o Arap Camii- con los turcos otomanos. No es la primera vez que encuentro esa idea flotando por ahí, generalmente entre taxistas o gente de poca instrucción. Creo que tengo que preguntar a alguien de dónde sale.

Llegamos a la estación de autobuses. Un monstruoso complejo de varios niveles y apariencia de un juguete de Lego desgastado. El sol hace brillar los cientos de carteles de colores que anuncian destinos y empresas de autobuses.

Apenas he tenido tiempo de descansar de un viaje agotador de tres semanas por el Cáucaso, y El Periódico me envía nuevamente a cubrir las revueltas griegas. Estoy cansado y tengo la mente embotada (ayer los gitanos de Estambul celebraban la llegada de la primavera, Hidrellez). Voy a Edirne. Desde allí, de algún modo, intentaré llegar a Atenas, efervescente como la Estambul de principios de siglo. Llevo una botella grande de agua y dos chocolatinas.Sopla un viento de primavera. Me encanta este trabajo.

03 mayo 2010

Chipre: La guerra del queso (El Periódico)

ANDRÉS MOURENZA
LARNACA / NICOSIA
El halloumi es puro Chipre. Este queso –de textura elástica como el carácter chipriota, de blancura amarillenta como la luz de la isla y salado como las aguas del Mediterráneo que la bañan– resume la esencia del país, incluso de la división que mantiene separadas a las dos comunidades, griega (al sur) y turca (al norte), desde 1974.
«La palabra halloumi no es turca ni griega, podría ser la única palabra chipriota que tenemos en común», opina Spyros Leventis, un granjero de Larnaca. En una isla que ha sido poseída por griegos, francos, venecianos, otomanos y británicos y sometida a cada una de estas influencias, no resulta banal resaltar un término genuinamente local.
En los últimos años el halloumi se ha convertido en un motivo más de disputa entre greco y turcochipriotas. En 2009, el Gobierno grecochipriota (el único reconocido internacionalmente) solicitó a la Unión Europea la declaración del halloumi como una Denominación de Origen Protegida (DOP) para evitar la competencia desleal de los productores extranjeros, ya que este queso se ha popularizado en Europa occidental. Bruselas aún debe decidir sobre la petición chipriota pero, mientras, los productores de ambos lados de la isla se han enzarzado en varias disputas legales.

«Si Bruselas acepta el registro del halloumi tal y como lo han pedido los grecochipriotas, los productores turcochipriotas se verán afectados», se queja Candan Avunduk, vicepresidente de la Cámara de Industria turcochipriota. Los productores del norte han apelado a la propuesta grecochipriota para que también sea aceptado el nombre turco, hellim, a lo que se opone el sur.

Además, como la parte norte está bajo el control de la República Turca del Norte de Chipre (sin reconocimiento internacional), sus productores no podrían exportar más halloumi a los países árabes, algo que ahora hacen a través de Turquía burlando el embargo internacional. «Antes, los grecochipriotas dominaban el mercado del golfo Pérsico, pero ahora el 80% del hellim que se vende allí es del norte de Chipre», añade Avunduk. La exportación de halloumi es uno de los pilares de la débil economía turcochipriota. «Tenemos el certificado ISO de calidad y el sabor de nuestro halloumi es mejor que en la otra parte . Nos han pedido que enviemos a Inglaterra, pero no podemos a causa del embargo», afirma Hüseyin, gerente de una fábrica turcochipriota.

Esta no es la única polémica que rodea al halloumi ya que los productores del sur de Chipre están enfrentados entre sí sobre qué leche deben utilizar. La fabricación de este queso –que a la parrilla es una de las mayores delicias de la cocina chipriota– se basa en una antigua tradición: se cuece en una salmuera que lo hace resistente al calor, por lo que durante siglos fue el alimento adecuado para trabajar en el campo de sol a sol. Según esta tradición, el halloumi se fabrica con leche de cabra y oveja, pero, debido a la presión de algunos ganaderos, el Gobierno de Nicosia ha pedido a la UE que también se permita su fabricación con leche de vaca.

Los ganaderos vacunos defienden su postura basándose en una carta de un comerciante italiano en la Edad Media en la que explica que el halloumi se fabrica también con leche de vaca. Sin embargo, Spyros Leventis dice que esto no es posible ya que las vacas se introdujeron en Chipre en 1965: «Cuando llegó el turismo a Chipre, la gente pedía más y más halloumi y se empezó a producir con leche de vaca porque tiene un coste menor». Los cabreros arguyen que en la misiva del italiano se dice que los chipriotas son «mentirosos, tramposos y timadores». ¿Cuestión zanjada?