13 diciembre 2009

La ilegalización del principal partido kurdo crispa a Turquía (El Periódico)

ANDRÉS MOURENZA
BARCELONA

«No ha sido una decisión legal, sino política», denunció ayer Ahmet Türk, el presidente del Partido de la Sociedad Democrática (PSD, nacionalista kurdo) ilegalizado el viernes por el Tribunal Constitucional por supuestos vínculos con el grupo armado kurdo PKK. En protesta, los 21 diputados del grupo parlamentario del PSD decicieron abandonar la Gran Asamblea Nacional y boicotear sus sesiones a partir de ahora.

La decisión judicial, que supone un duro golpe al incipiente proceso de resolución del conflicto kurdo, provocó duras protestas en las provincias de mayoría kurda y en los barrios kurdos de Estambul. «A quienes quieren la paz se les etiqueta de terroristas. En ninguno de nuestros discursos podéis encontrar una sola frase en que apoyemos las soluciones violentas», afirmó Turk en su última rueda de prensa, ya que se le ha inhabilitado para ejercer la política durante cinco años.

Sin embargo, el dirigente del PSD explicó que no permitirá que quede un «vacío político» y ya se busca la manera en que los políticos que no han sido condenados por el Constitucional se reorganicen en una nueva formación.

LA ALTERNATIVA /Previsiblemente se tratará del Partido de la Paz y la Democracia, fundado el pasado año por activistas cercanos a los nacionalistas kurdos para tenerlo listo en el caso de que –como ha sucedido–, la justicia decretase el cierre del PSD.

La oposición turca, mayoritariamente nacionalista, aplaudió la decisión judicial y el presidente turco, Abdulá Gul, pidió «respeto» al fallo. Sin embargo, la presidencia de la Unión Europea expresó su preocupación y recordó que la disolución de partidos políticos es «una medida excepcional que debería ser empleada con la mayor moderación». Además, instó al Gobierno a modificar la Constitución para que su legislación sobre partidos políticos se adapte a las disposiciones europeas.

El presidente del Parlamento turco, Mehmet Ali Sahin, reconoció la necesidad de una reforma constitucional, una promesa que el Partido de la Justicia y el Desarrollo, que se enfrentó a un proceso de ilegalización el pasado año, ha mantenido desde su reelección en el 2007, aunque aún no se ha atrevido a llevar a cabo.

El Constitucional turco ilegaliza al mayor partido kurdo (El Periódico)

ANDRÉS MOURENZA
BARCELONA

El Tribunal Constitucional de Turquía decretó ayer la ilegalización del Partido de la Sociedad Democrática (PSD), principal formación política kurda, por su supuesta vinculación al grupo armado Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), considerado terrorista por Turquía, la UE y EEUU. La sentencia tuvo en cuenta la ilegalización de Batasuna por parte de la justicia española y su posterior ratificación en el Tribunal de Estrasburgo, según explicó el presidente del Tribunal turco, Hasim Kiliç.

Aunque el proceso comenzó en el 2007 a instancias de la Fiscalía General de la República, que denunció al PSD por atentar contra «la indivisible unidad del estado y la nación», la ilegalización ha llegado en el peor momento, ya que supone un duro golpe a los esfuerzos emprendidos por el Gobierno turco y el propio PSD a lo largo de este año para resolver el conflicto kurdo de forma pacífica.

INHABILITACIÓN / El Constitucional ordenó además la intervención de todos los bienes del partido y la inhabilitación política por cinco años de 37 miembros del PSD. Entre ellos figuran su presidente, Ahmet Türk, la diputada Aysel Tugluk y la activista Leyla Zana, galardonada en 1995 con el premio Sajárov del Parlamento Europeo por su lucha en defensa de los kurdos, que ya le costó la inhabilitación política en los 90 y una condena a 15 años de cárcel. Türk y Tugluk pueden perder su acta de diputados a pesar de pertenecer al sector más moderado del partido, mientras que a los diputados kurdos más radicales no les ha afectado la decisión del Constitucional.

El presidente del PSD calificó la ilegalización de «desesperanzadora» pero hizo un llamamiento a que continúen «la lucha democrática, el diálogo y el sentido común». «Creo que, por muchos obstáculos que se les ponga, la paz y la democracia triunfarán algún día en Turquía», afirmó. Aún así el proceso de paz parece mortalmente dañado.

Durante la última semana, coincidiendo con la deliberación de los jueces, ha aumentado la tensión en el sureste del país, donde se han producido numerosas concentraciones de los nacionalistas kurdos en defensa del líder histórico del PKK, Abdulá Ocalan, encarcelado de por vida en la isla prisión de Imrali, que se saldaron con la muerte de un manifestante por disparos de la policía.

Además, en la provincia norteña de Tokat el PKK atacó el lunes a una patrulla militar y mató a 7 soldados turcos, poniendo fin a la tregua que había decretado a principios de año. En un comunicado, la organización armada kurda reclamó la autoría del atentado pero explicó que se trató de una acción de represalia tomada por un comando del PKK «sin atender a las instrucciones del Comando Central». Algo que pone de relieve las fuertes tensiones internas en el mismo PKK respecto al proceso de paz. El pasado mes, un miembro del PKK en Irak reconoció a este diario que los dirigentes del grupo tenían dificultades para «contener» a sus comandos dentro de Turquía y obligarles a mantener la tregua, ya que el Ejército turco ha continuado sus operaciones antiterroristas.

ARRASÓ EN LAS ELECCIONES LOCALES

El Partido de la Sociedad Democrática (PSD) tiene el cuarto mayor grupo parlamentario de Turquía, con 21 diputados, y en las elecciones locales de marzo arrasó en la región suroriental, logrando hasta el 60% de los votos en algunas capitales de provincia. Desde su fundación en 1963, el Tribunal Constitucional ha ilegalizado a 25 partidos, la mayoría izquierdistas, prokurdos e islamistas.

El estatus de Kirkuk en Irak tensa la relación entre árabes y kurdos (El Periódico)

ANDRÉS MOURENZA
KIRKUK (IRAK)
ENVIADO ESPECIAL
La aprobación de la ley que regirá las elecciones iraquís del próximo marzo ha abierto la puerta a la solución del problema de Kirkuk, una ciudad petrolera a 250 kilómetros al norte de Bagdad que se disputan el Gobierno Regional del Kurdistán (GRK) y el Gobierno central iraquí. Kirkuk participará por primera vez en unas elecciones legislativas tras el derrocamiento de Sadam Husein, ya que fue excluido de los comicios del 2005 debido al conflicto entre kurdos, árabes y turcomanos.
Cuando EL PERIÓDICO visito Kirkuk hace dos años, se producía casi un atentado al día y los muertos se contaban por centenares. Aunque con menor frecuencia e intensidad, los enfrentamientos interétnicos y los atentados continúan actualmente. Kirkuk está considerada, junto a Bagdad (que el martes registró una ola de atentados con 125 muertos) y Mosul, uno de los puntos calientes de Irak.
El taxi se adentra en el dédalo de callejuelas de la ciudad custodiado por dos todoterrenos repletos de policías bien armados, dejando atrás edificios oficiales protegidos por altos bloques de cemento. Al mismo tiempo, la población llena los abigarrados zocos intentando continuar con su vida diaria. Los peshmerga y otras fuerzas de seguridad kurdas controlan de facto la ciudad desde su toma en el 2003 –a pesar de que oficialmente no forma parte del Kurdistán iraquí–, pero un oficial de policía kurdo nos avisa de que los barrios árabes y turcomanos «no son seguros».
«La gente tiene que entender que nosotros, como kurdos, no vamos a abandonar Kirkuk. No habrá paz en Irak sin acuerdo sobre Kirkuk», advierte Mahmud Ido, exministro del Kurdistán. Los kurdos alegan que la anexión de Kirkuk, que consideran su capital histórica, sería un acto de justicia tras décadas de represión por parte del régimen de Sadam Husein. Sin embargo, a nadie se le escapa que el interés es más profano: se estima que el subsuelo de Kirkuk alberga unos 10.000 barriles de crudo y el Gobierno regional kurdo ha comenzado a firmar lucrativos acuerdos de extracción con compañías extranjeras, lo que según Bagdad supone una violación de la Carta Magna, que estipula que «el petróleo de Irak es de todos los iraquís».

COLONOS ÁRABES / El director del Centro para el Diálogo, el árabe Abu Ibrahim, sale a nuestro encuentro. Su calle está protegida por varias barricadas y mantiene a sus propios servicios de seguridad árabes. Abu Ibrahim explica que ha conseguido el retorno voluntario a sus antiguos hogares de más de 130.000 colonos árabes, pero añade que la solución está todavía lejos. «Los árabes de Kirkuk aún no están preparados para que esto sea el Kurdistán. Hasta que no se nos den las garantías necesarias de que nuestros derechos serán respetados, no queremos referendo de autodeterminación».
La participación de Kirkuk en las elecciones del próximo marzo podría clarificar el futuro de la ciudad, pero las provocaciones de los diversos bandos dificultan la aplicación de los acuerdos. En el 2008, el Gobierno de Nuri al Maliki desplegó la 12ª división del Ejército iraquí, con unos 9.500 soldados, en Kirkuk. Algo a lo que los kurdos respondieron desplegando 3.000 peshmergas. EEUU mandó entonces a sus propias fuerzas para calmar los ánimos pero, según el think tank International Crisis Group, a Washington no le queda tiempo para mediar teniendo en cuenta que Barack Obama ha ordenado la retirada de sus tropas de combate para agosto del 2010. La retirada de EEUU podría precipitar un enfrentamiento militar kurdo-árabe en torno a Kirkuk si no se logra antes un acuerdo sobre el estatus de la ciudad.
UNA HOJA DE RUTA INCUMPLIDA
El cerca del millón de habitantes de Kirkuk se divide entre la mayoría kurda y las minorías árabe, turcomana y cristiana. El artículo 140 de la Constitución iraquí –aprobada en el 2005– exige la elaboración de un censo que determine la composición exacta de la población, ya que algunos de sus habitantes son colonos árabes enviados por Sadam Husein para arabizar el Kurdistán o kurdos cuyo establecimiento ha sido financiado por el Gobierno Regional Kurdo.
Después se debería haber celebrado un referendo de autodeterminación. Los kurdos reclaman la anexión al Kurdistán iraquí, mientras que los árabes quieren la ciudad bajo control de Bagdad y los turcomanos, un estatus especial. La consulta debería haberse celebrado en 2007, pero aún no hay acuerdo al respecto.

17 noviembre 2009

Los Kurdos de Irak exigen solución a problemática ciudad petrolera de Kirkuk (EFE - Público)

La multiétnica ciudad de Kirkuk, con grandes reservas de hidrocarburos, se ha convertido en objeto de disputa entre el gobierno central de Irak y la autonomía del norte del país dirigida por el Gobierno Regional del Kurdistán (KRG).

Los kurdos exigen el cumplimiento del artículo 140 de la Constitución iraquí, que prevé la celebración de un referéndum de autodeterminación para decidir si diversas poblaciones en disputa del norte de Irak -entre las que destaca Kirkuk- se incorporan a la región del Kurdistán iraquí o permanecen bajo el dominio de Bagdad. Aunque el nivel de la violencia interétnica de años pasados ha descendido, la cuestión de Kirkuk sigue produciendo tensiones y enfrentamientos entre kurdos, árabes y turcomanos, pues gran parte de las dos últimas comunidades no acepta que la mayoría kurda fuerce la anexión de la ciudad al KRG.

"Kirkuk para el Kurdistán", clama seguro un transeúnte en uno de los zocos que dominan los kurdos. Los 'peshmerga' (milicianos kurdos), ocuparon esta y otras ciudades del norte de Irak tras la invasión estadounidense de 2003 que acabó con el régimen de Sadam Husein y aún controlan buena parte de Kirkuk, 250 kilómetros al norte de Bagdad, a excepción de algunos barrios de mayoría claramente árabe o turcomana. Kirkuk está prácticamente tomada por los policías y 'peshmerga' kurdos, el ejército iraquí y diversos grupos de seguridad privados, y la mayoría de edificios con un mínimo interés estratégico están protegidos por grandes muros de cemento, barricadas y alambre de espino.

"En 2003 tuvimos la opción de enviar a los 'peshmerga' y echar a los árabes de Kirkuk, pero decidimos que el proceso debía ser democrático", explica Sadi Ahmed Pide, portavoz de la Unión Patriótica del Kurdistán (PUK), uno de los dos grandes partidos kurdos. Se refiere a los colonos árabes llevados a Kirkuk por el régimen de Sadam Husein durante su política de arabización, cuyo objetivo era alterar la demografía del Kurdistán iraquí. Más de 100.000 de estos colonos árabes de Kirkuk han sido ya repatriados al sur, aunque esto no parece suficiente para el KRG.

"Sólo en la provincia de Kirkuk, el régimen de Sadam destruyó 779 pueblos kurdos y en todo el país mató a 182.000 kurdos", recuerda Kemal Kirkuki, presidente del parlamento del Kurdistán iraquí. "No reclamamos las zonas en disputa como kurdas porque sí, sino porque hay documentos de la época otomana que las definen como kurdas. Incluso los geógrafos árabes, desde el siglo XVI, llamaban Kurdistán a estas zonas", añade.

Una de las claves de la disputa -aunque no lo reconozcan las partes- es el rico subsuelo de Kirkuk, del que se extrae un millón de barriles de petróleo diarios. Abu Ibrahim, miembro destacado de la comunidad árabe de Kirkuk, es moderadamente optimista respecto a la solución del problema, ya que considera un "paso positivo" la aprobación el pasado domingo de la ley electoral iraquí, que permitirá a Kirkuk participar en los comicios como el resto del país, algo que no ha ocurrido desde 2005. Aún así, considera que la población árabe de Kirkuk necesita "garantías" de que sus derechos serán respetados por los kurdos.

El presidente del Kurdistán iraquí, Masud Barzani, ha amenazado en repetidas ocasiones con que si no se cumple la Constitución y se celebra el referéndum, el Kurdistán iraquí podría vengarse proclamando la independencia de su territorio.

En este tema los kurdos lo tienen claro. "Nosotros en ningún caso vamos a abandonar nuestros derechos. Intentaremos que la solución sea por la vía pacífica y del diálogo y no seremos los primeros en disparar. Pero en ningún caso vamos a abandonar nuestros derechos", subraya Kirkuki.

15 noviembre 2009

Entrevista al PKK: "España puede ser un modelo para solucionar el conflicto kurdo" (El Periódico)

ANDRÉS MOURENZA
KANDIL (IRAK)
En algún lugar de las montañas Kandil, en territorio iraquí pero cerca de la frontera con Irán y Turquía, EL PERIÓDICO entrevista a dos líderes del grupo armado Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), que desde 1984 se ha enfrentado al Ejército turco en una guerra que ha acabado con la vida de más de 40.000 personas. En estos picos, situados a más de 3.000 metros de altura, el PKK mantiene su base central desde hace años. Los comandantes Bozan Tekin, considerado número 2 de la organización, y Ronahi Serhat, dejan sus armas en la puerta y atienden a las preguntas mientras el resto de la unidad armada patrulla fuera del refugio.
–¿Han merecido la pena tantos años de lucha armada y tantas muertes?
–RONAHI SERHAT: Por supuesto. Nos entristece que haya muerto tanta gente pero si no hubiese habido esa lucha, los kurdos habrían sido asimilados y nadie hablaría de la cuestión kurda. Las políticas de aniquilación del Estado turco habrían triunfado.
–¿Qué opina el PKK de la iniciativa del Gobierno turco para solucionar el conflicto kurdo?
–R. S.: Es importante que, por primera vez, se discuta la cuestión kurda en el Parlamento, pero no vemos pasos concretos. El Gobierno está dispuesto a dar derechos individuales, pero no a reconocer a los kurdos como un pueblo diferente, con su propia lengua, cultura e historia, para lo que necesitaría cambiar la Constitución. Lo único que escuchamos son exigencias de que nos entreguemos, y no una solución político-social al tema kurdo. Por eso no vemos una actitud sincera en el Gobierno de Recep Tayyip Erdogan .
–¿Hay una negociación entre el Gobierno turco y el PKK?
–BOZAN TEKIN: No. El Gobierno aún ve al PKK como una fuerza a destruir, no como un interlocutor y así no se puede negociar. Ankara debe aceptar como interlocutores al PKK y a su líder, el camarada Abdulá Ocalan. Y si no, al menos tienen que establecer un diálogo con los parlamentarios kurdos del Partido de la Sociedad Democrática (PSD). Pero en lugar de eso, desde marzo se ha detenido a más de 400 miembros del PSD. Entonces, ¿con quién va a negociar el Gobierno? Inglaterra veía al IRA como terrorista, pero negoció con el grupo; lo mismo ocurrió en España, en Suráfrica o incluso entre israelís y palestinos.
–¿Ha abandonado el PKK sus demandas independentistas?
–B.T.: El sistema de los estados-nación ha sido superado. Fue un sistema impuesto por Europa a Oriente Próximo, que no ha funcionado porque esta región es un mosaico de culturas. Por eso el PKK está en contra de un estado nacional (para los kurdos). Lo que apoyamos es una solución confederal que nos garantice a vivir de forma libre y democrática. Por ejemplo, la Constitución española de 1978 puede servir de modelo para arreglar el conflicto kurdo [Ronahi Serhat cita de memoria varios artículos de la Constitución española]. También los modelos británico o el canadiense podrían servir de ejemplo.
–¿Qué ha ocurrido con la hoja de ruta de Ocalan?
–B. T.: Por lo que nos han podido explicar los abogados del camarada Ocalan, el plan exige una reforma constitucional y legal para garantizar los derechos del pueblo kurdo, desarrollar un diálogo entre las partes, dar un lugar al PKK para expresarse y levantar los obstáculos que impiden que Ocalan participe y forme parte del proceso. Pero el Gobierno no se ha comportado de una forma seria y ha impedido que se conozca la hoja de ruta.
–¿En qué condiciones estaría dispuesto a abandonar la lucha armada el PKK?
–B.T.: Si se termina con los paramilitares, se establece una comisión de investigación y reconciliación, se levantan todas las prohibiciones sobre la lengua kurda, se otorga plena libertad de organización a los kurdos y se libera a Ocalan, no habrá razón para que sigamos luchando.
R.S.: Nosotros queremos la paz, pero continuaremos nuestra revuelta hasta que a nuestro pueblo se le permita vivir dignamente.

El gobierno turco presenta ante el parlamento su plan para dar más derechos a los kurdos (El Periódico)

ANDRÉS MOURENZA
ESTAMBUL

El Gobierno de Recep Tayyip Erdogan presentó ayer al Parlamento turco su plan para solucionar el conflicto kurdo, que se ha cobrado más de 40.000 vidas desde 1984. Se trata de un plan que pretende ampliar los derechos y las libertades de los kurdos para así poner fin a la lucha armada del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), organización considerada terrorista por Turquía, la UE y EEUU.

«Durante 25 años hemos considerado este problema desde el prisma de la seguridad. Se han bombardeado las montañas (donde se refugia el PKK) y se han realizado operaciones militares. Pero, ¿se ha conseguido algo?», se preguntó el primer ministro turco durante una sesión parlamentaria destinada a valorar la llamada iniciativa kurda del Gobierno.

Desde que la pasada primavera el presidente turco, Abdullah Gül, pidiera a la sociedad que no dejara pasar la oportunidad para resolver el conflicto kurdo y el PKK declarase una tregua, el Ejecutivo de Erdogan ha trabajado en diversas medidas para mejorar la situación de la población kurda de Turquía.

Los diputados kurdos del Partido de la Sociedad Democrática (PSD) acusan al Gobierno de quedarse solo en las palabras y no pasar a la acción. «Si el Gobierno mostrase una verdadera voluntad de solucionar el conflicto, (el PKK) podría entregar las armas en tres meses», aseguró el presidente del PSD, Ahmet Türk.

En el otro lado, los nacionalistas turcos y las asociaciones de víctimas del terrorismo han puesto el grito en el cielo por el plan del Gobierno y acusan a Erdogan de «traidor», de querer «dividir» el país y de «negociar con terroristas».

Para el Gobierno islamista moderado, la solución al problema kurdo no pasa por negociar con el PKK, algo que ha dejado claro, sino por democratizar Turquía y aumentar los derechos individuales.

«La democracia no dividirá este país, sino que reforzará la unidad y la hermandad. La democracia es el mejor antídoto», afirmó Erdogan. Entre las medidas que ayer enumeró el Gobierno para solucionar la cuestión kurda destacan la petición de sustituir la actual Constitución, creada en 1982 por la dictadura militar, y permitir el uso de la lengua kurda en mítines y campañas políticas, donde aún está prohibida.

BATERÍA DE MEDIDAS / Además, anunció que se permitirá reponer los antiguos nombres kurdos a las localidades en que fueron cambiados por la denominación turca, se autorizará la comunicación en kurdo entre los presos y se incrementarán los controles para evitar las torturas en las cárceles. Otra de las propuestas que se barajan es la de revisar los juicios a los presos acusados de terrorismos en los casos en que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos haya presentado quejas.

11 noviembre 2009

Minorías de Irak luchan por sobrevivir al enfrentamiento étnico (EFE- El Vocero Hispano)

Erbil (Irak)
Las pequeñas minorías de Irak luchan por sobrevivir en medio de las luchas políticas y militares entre los grandes grupos étnico-religiosos (árabes suníes, árabes chiíes, kurdos).
Aunque la violencia sectaria en Irak se ha reducido en los últimos años, la vida para las comunidades étnico-religiosas más pequeñas como la turcomana, la cristiana, la yezidí o la shabak no es fácil.
Un informe publicado hoy por Human Rights Watch (HRW) alerta sobre la situación de estas minorías "atrapadas" en territorios disputados entre Bagdad y el Gobierno Regional Kurdo (KRG), que administra tres provincias norteñas de modo casi independiente y exige parte de otras cuatro, formalmente bajo dominio árabe. "Las minorías de Irak se encuentran en una posición cada vez más precaria, mientras el Gobierno central, dominado por árabes, y el KRG compiten por los territorios en disputa. Estos territorios contienen la mayor diversidad étnica, cultural y religiosa del país", explica el informe. La ONG subraya el caso de los ataques a las minorías cristiana, yezidí y shabak de la provincia de Nínive cometidos tanto por grupos extremistas árabes suníes, que las acusan de ser "infieles", como por las fuerzas de seguridad kurdas, empeñadas en anexionar estos territorios al Kurdistán iraquí.
"Todo el mundo ha sufrido estos años en Irak, pero las minorías especialmente. Los cristianos no tenemos un partido político fuerte que nos defienda y los poderes occidentales, sobre todo, Estados Unidos, se han olvidado de nosotros", cuenta el padre Sabri, de la iglesia St. Joseph de Erbil. En 2003, la comunidad cristiana de Irak (mayormente católicos de rito caldeo, siríaco o árabe) contaba con un millón de personas -el 6 por ciento de la población iraquí-, pero durante estos años se ha reducido a la mitad.
"Cientos de miles de cristianos han huido del país. En el sur de Irak, por ejemplo, el cristianismo ha desaparecido, a pesar de llevar siglos arraigado en esta tierra", añade el sacerdote. Los cristianos que han decidido permanecer en Irak han tenido que refugiarse en el norte kurdo, donde existe mayor seguridad. Es el caso de Meryem, una cristiana que tuvo que abandonar su hogar en Bagdad para instalarse en Ankawa, el barrio cristiano de Erbil, la capital del Kurdistán iraquí.
"En los últimos años hemos tenido que cerrar centros importantes para el Cristianismo en Basora, Bagdad, Mosul y Kirkuk. Hemos acogido a más de 50.000 familias aquí en el Kurdistán, porque el ambiente es más democrático y seguro", relata Rayan Panlos Atto, pastor de la iglesia de Mar Qardaj, también en Erbil.
Aún así, no todo el mundo está contento y algunas familias reclaman que el KRG se ha quedado con tierras pertenecientes a los cristianos. "Saddam Hussein nos quitó las tierras de las afueras de Erbil, luego los kurdos nos las devolvieron en 1991; los americanos se las quedaron en 2003 y ahora las ha cogido el gobierno kurdo y ha edificado el aeropuerto sin darnos ninguna compensación", se queja una cristiana.
Mientras que en Bagdad los grandes grupos suní, chií y kurdo debaten sobre el reparto de poderes, las minorías se van quedando cada vez más fuera de juego. Los cristianos continúan su éxodo hacia el norte de Irak o fuera del país. En la iglesia de St. Joseph, un hombre vigila aburrido la puerta del templo con sus manos puestas sobre la culata de un kalashnikov.
Atardece sobre Ankawa y la gente procura continuar su vida aparentando normalidad.

02 noviembre 2009

Cortometraje 'La báscula' ganador del Amal Express en el Festival Amal de Santiago

'La báscula', cortometraje de 5 minutos, realizado por los periodistas españoles Daniel Iriarte, Francisco Martínez y Andrés Mourenza, gana el concurso Amal Express, convocado por la Fundación Araguaney durante el Festival de cine euroárabe Amal, que se realiza cada año en Santiago de Compostela. El concurso exige a sus participantes idear, rodar, montar y enviar en 96 horas un cortometraje de un máximo de 5 minutos de duración, basándose en una palabra determinada. En esta primera edición del concurso, la palabra escogida fue 'esperanza' y fue comunicada el 23 de octubre. El cortometraje se puede ver aquí
Extraído de www.mediterraneosur.es
'La báscula' en la prensa:

Crónica desde Diyarbakir: La lengua kurda ha salido del armario (El Periódico, 28/10/09)

Andrés Mourenza
Diyarbakir

“Cîhaneke din jî pêkan e”, es decir “Otro mundo es posible” en lengua kurda, es el lema que recibe a los visitantes del primer Foro Social de Mesopotamia, organizado entre el 26 y el 29 de septiembre por la alcaldía de Diyarbakir y diversos movimientos sociales. En los jardines del Sümerpark se codean hombres vestidos al estilo de los peshmerga kurdos con militantes izquierdistas europeos y latinoamericanos, niños de la calle que piden limosna, feministas turcas y kurdas, simpatizantes de la causa kurda en general (algún que otro gallego, catalán y vasco) y unos pocos representantes de grupos palestinos pues, aunque el foro sea destinado a los pueblos de estos lares, árabes y kurdos no se llevan precisamente bien.
En una ciudad como Diyarbakir, la capital oficiosa de los kurdos de Turquía, donde el sentimiento de sentirse observado por los múltiples cuarteles del ejército y la Gendarmería es constante, la organización de un Foro Social es un acto de rebeldía de un Ayuntamiento dominado por los nacionalistas kurdos y que recibe desde hace años un apoyo mayoritario de la población. Por toda la ciudad cuelgan pancartas en kurdo, en turco y en inglés con palabras del carismático alcalde de Diyarbakir, Osman Baydemir, dando la bienvenida a los participantes.
Durante muchos años, los nacionalistas turcos se esforzaron por demostrar que el kurdo no era sino un dialecto del turco, lo cual es incorrecto pues proviene de la familia persa, o que los kurdos hablaban así de raro por influencia del sonido de sus pisadas en la nieve. Cualquier excusa era buena para mantener la lengua vetada. Pero a partir del levantamiento de su prohibición, en 1991, y sobre todo, tras el fin de la legislación de emergencia en las provincias kurdas en 2002, la situación se relajó y la lengua kurda experimentó un resurgimiento.
El kurdo salió del armario y hoy, en las calles de las provincias surorientales de Turquía, es la lengua más escuchada, aunque sea, en muchas ocasiones, mezclada con términos turcos pues la falta de una enseñanza reglada en este idioma juega en perjuicio de su corrección. En las tiendas de discos, los apartados dedicados a la música en kurdo son ya mayores que los dedicados a ritmos en otras lenguas, y algo parecido ocurre con el cine. En el segundo mayor festival de cine de Turquía, el de Antalya, competirá este mes la película Min Dit, rodada íntegramente en kurdo y que también participa en San Sebastián. Además, filmes que tratan el conflicto desde el punto de vista de los kurdos como Bahoz (La tormenta) o Günesi Gördüm (He visto el sol) han sido éxitos de taquilla durante el último año, no sólo entre los kurdos sino en todo el país y, de hecho, ésta última cinta ha sido elegida para representar a Turquía en los Oscar.
“Lo hemos pasado muy mal, ha habido torturas y no podíamos vivir nuestra cultura. Ahora, los kurdos, en el este, vivimos tranquilos, pero cuando sales fuera te tratan mal. Yo tenía un profesor que era nacionalista turco y siempre me suspendía”, explica un joven de voz suave. Él tuvo que dejar su región natal no por gusto, sino para esconder su homosexualidad. Después de todo, a pesar de estar experimentando un cambio, la región kurda de Turquía sigue siendo un lugar pobre y atrasado, donde el peso de la tradición no hace de la vida un juego fácil.

28 octubre 2009

Cortometraje 'La Báscula'

Podéis ver el cortometraje escrito y dirigido por Daniel Iriarte, Francisco Martínez y un servidor en este enlace . Ahí mismo se puede votar durante el día de hoy ya que participa en la sección del Festival de cortos exprés del Amal Film Festival.

27 octubre 2009

Andy García, nuevo presidente de Georgia

La explicación aquí.

El líder turco-chipriota confía en que el nuevo Gobierno griego ayudará a reunificar la isla (EFE - TeleCinco)

Dogan Tiliç
El líder turco-chipriota, Mehmet Ali Talat, aseguró en una entrevista a Efe que la elección del socialista Giorgos Papandreu como nuevo primer ministro griego ayudará a la reunificación de la isla mediterránea.

"La elección de Papandreu es una ventaja... Cuando pienso lo que puede hacer, me vuelvo más optimista. Papandreu es un líder importante. Es influyente en la política interna greco-chipriota. Él también declaró que se ocuparía de Chipre", dijo el dirigente turco-chipriota. Talat recalcó que con Barack Obama como presidente de Estados Unidos, Papandreu y Recep Tayyip Erdogan como jefes de Gobierno de Grecia y Turquía; así como el grecochirpiota Demetris Christofias y él como líderes de las comunidades de la isla, todos los políticos implicados están a favor de una solución, algo que no había sucedido hasta ahora.

Talat y Christofias comenzaron en septiembre de 2008 las conversaciones directas para una futura reunificación de la isla, y que el mes pasado entraron en su segunda fase con la discusión de distintos borradores sobre aspectos prácticos como gobernabilidad y división del poder. "En esos documentos hemos dejado escrito lo que hemos acordado y lo que no. Lo que hemos acordado son muchas más cosas, pero en lo que no estamos de acuerdo es más importante", dijo Talat sobre la marcha de las conversaciones. SEGUIR LEYENDO

19 octubre 2009

En busca de la paz kurda (Panorámica sobre el conflicto kurdo)

A continuación podéis leer el artículo publicado ayer en el Cuaderno del Domingo de El Periódico de Catalunya. Incluyo también los enlaces a la serie de artículos que he ido publicando en las últimas semanas tras un viaje de 10 días por el sudeste kurdo de Turquía.
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En busca de la paz kurda (Cuaderno del Domingo - El Periódico)
Andrés Mourenza
Diyarbakir
Lice, un municipio kurdo de unos 10.000 habitantes en el sudeste de Turquía, está prácticamente tomado por el ejército turco. Una tanqueta con ametralladoras vigila la entrada al recinto de las viviendas militares, rodeado completamente de sacos terreros; la siguiente manzana es el cuartel de la Gendarmería, igualmente fortificado, y por todo el pueblo hay barracones e instalaciones militares. Incluso la escuela está cercada con alambre de espino. Los hombres del pueblo beben té con gesto circunspecto en uno de los pocos cafés abiertos del lugar y miran con extrañeza a los escasos forasteros que se acercan: “No, aquí no hay ni hoteles ni pensiones, es mejor que sigáis vuestro camino”.
La elevada presencia militar en Lice se explica porque se trata de un punto estratégico en el paso entre la ciudad de Diyarbakir, la capital oficiosa de los kurdos de Turquía, y las montañas de Genç y Bingöl, donde se refugian militantes del grupo armado Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), en guerra contra el Estado turco desde 1984. Veinticinco años de conflicto que ya se han cobrado más de 40.000 vidas. Una de las últimas fue la de Ceylan, una niña de 15 años, que el pasado 28 de octubre, salió de su aldea, situada entre Genç y Lice, y llevó a pastar un cordero al bosque. Poco después, los aldeanos oyeron una fuerte explosión y corrieron al lugar. Encontraron a Ceylan destrozada por un proyectil de mortero lanzado -según ellos- durante unas maniobras del ejército.
Desde la captura en 1999 del líder histórico del PKK, Abdullah Öcalan, ha disminuido la intensidad del conflicto armado entre las fuerzas de seguridad turcas y la guerrilla kurda. Aún así el goteo de muertes de soldados, militantes del PKK y ciudadanos de a pie continúa como una herida abierta. De ahí que el gobierno de Recep Tayyip Erdogan haya decidido poner en marcha la llamada “iniciativa kurda” o “democrática” y comenzar consultas con partidos políticos, sindicatos y asociaciones de derechos humanos para terminar el conflicto de una vez por todas. “Tenemos una oportunidad histórica, no podemos dejarla pasar”, dijo el presidente turco, Abdullah Gül, en mayo.
“La gente tiene esperanza”, explica Deniz, un joven de Van, ciudad cercana a la frontera de Irán. Sin embargo, todavía son muchos los kurdos que no confían en las buenas palabras del gobierno, especialmente aquellos que son miembros o simpatizan con el Partido de la Sociedad Democrática (DTP), una formación nacionalista kurda que, desde 2007, tiene un grupo propio en el parlamento de Ankara por primera vez en la historia de Turquía. “El pueblo kurdo tiene cierta desconfianza en esta nueva iniciativa, porque han sido muchos los gobiernos que han anunciado medidas para solucionar el conflicto, pero luego no han cumplido su promesa”, explica el alcalde de Karliova (Bingöl), Ferit Çelik, al que el resto de fuerzas políticas boicotean por ser del DTP. “Desde el Estado se ha intentado demonizar al PKK pero sin el PKK no habríamos conseguido nuestros derechos. Por mucho que lo nieguen, el PKK es el representante de los kurdos y debe ser el interlocutor en este proceso”.
Öcalan, encarcelado de por vida en la isla-prisión de Imrali, anunció que en agosto publicaría una hoja de ruta para conseguir que el PKK renunciase a la lucha armada a cambio de mayor autonomía para la región kurda, pero el gobierno rechaza de plano mantener cualquier negociación con un grupo que, igual que la UE y EEUU, considera terrorista.
Algo a lo que también se oponen los kurdos que no comulgan con el DTP, por ejemplo aquellos que participan en la Guardia Rural, un cuerpo de 80.000 paramilitares kurdos leales al gobierno de Ankara que el ejército utiliza en sus operaciones contra el PKK. “Si su objetivo es defender los derechos de los kurdos, ¿por qué matan a kurdos?”, se pregunta Ziya Yener, un guardia rural retirado. Y no le falta razón: la mayoría de las víctimas del PKK son los propios kurdos. Sobre todo durante la década de los 1990, cuando la organización armada juró arrasar todas las aldeas que colaborasen con el gobierno central por “fascistas”.
Uno de los obstáculos más graves para la solución del conflicto es la estructura feudal que impera en la región. En la carretera que comunica Bingöl y el pueblo de Karliova, los verdes prados de las montañas comienzan a amarillear con la llegada del otoño. Unos pastores nómadas del clan Berita descienden de las cimas, donde han pasado el verano con su ganado, e instalan las yurtas -grandes tiendas de campaña- en el valle bajo la atenta mirada del anciano Abdülselam. Aquí, las asambleas de ancianos son quienes dirigen la vida familiar, dan el visto bueno a los matrimonios y hasta deciden sobre la vida o la muerte de los miembros del clan que han cometido una falta, denuncia una feminista de Van.
Abandonada a su suerte durante muchos años y olvidada por las inversiones del Estado, la región permanece inmersa en el conservadurismo y el atraso. “El PKK se queja de que el estado no invierte en la educación pero los kurdos, por una parte, y por otra quema las escuelas, destroza los transportes públicos y mata a profesores.”, denuncia Ziya Sözen, presidente de la asociación de víctimas del terrorismo de Bingöl. Y el problema es que tanto el gobierno de Ankara, como los partidos políticos -incluido el DTP, a pesar de definirse como progresista- sacan provecho de esta situación enfrentando a los clanes pro-PKK con aquellos contrarios o comprando los votos de familias enteras.
Lo cierto es que en los últimos meses se ha instalado un diálogo abierto en torno a la resolución del conflicto gracias a la apertura de TRT6 (un canal de la televisión pública en kurdo), al comienzo de la restitución de los antiguos nombres kurdos a los pueblos del sudeste, a la promesa de abrir la universidad a la enseñanza del kurdo y a la tregua decretada por el PKK, aunque no reconocida por Ankara. Pero todavía queda mucho por hacer. “La gente tiene esperanza en la iniciativa y cree en ella, pero al final el resto de partidos de la oposición (nacionalista turca) no permitirá al gobierno que resuelva el conflicto porque hay mucha gente viviendo de él, también entre los kurdos”, se queja Haci, camarero en un restaurante de carretera: “En el oeste de Turquía ganan 20 euros al día; aquí yo trabajo 12 horas, sin fiestas ni domingos, y cobro 10. Esa es la diferencia”.
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Morir por unos pantalones vaqueros: el drama de los trabajadores afectados por silicosis en Turquía por blanquear pantalones con la técnica del sandblasting. (TASLIÇAY)
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Niños terroristas: la historia de los menores encarcelados por tirar piedras a la policía, corear eslóganes, ondear banderas o hacer el signo de la victoria. Se enfrentan a penas de hasta 30 años de cárcel ya que, en lugar de juzgarlos en tribunales de menores se les aplica la ley antiterrorista. La ONU se ha quejado a Turquía por este tema (DIYARBAKIR)
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Y aquí podéis leer un artículo sobre el mismo tema publicado en 2005 por el periódico Diagonal.

18 octubre 2009

Morir por unos pantalones vaqueros: el drama de la silicosis en Turquía (El Periódico)

ANDRÉS MOURENZA
TASLIÇAY (BINGÖL)

Said camina despacio, a cada paso su respiración suena como un acordeón roto. Sufre silicosis, una enfermedad respiratoria irreversible y en muchos casos mortal. Con gran esfuerzo, escala el murete de piedra y pasa al prado donde se han congregado los hombres de la aldea: casi todos están enfermos.

Tasliçay es un minúsculo pueblo del sureste kurdo de Turquía, apenas un puñado de casas y una pequeña escuela pintada de color rosa. A finales de los 90, forzados por la pobreza, los hombres de Tasliçay comenzaron a emigrar a Estambul para buscarse la vida. Un empresario ofreció a Said y a los suyos trabajo en un sector que despuntaba: el blanqueado de pantalones vaqueros.

Polvo en los pulmones

Actualmente no hay tienda de ropa que se precie sin sus vaqueros desgastados. Pero para adquirir ese aspecto son sometidos a un proceso llamado sandblasting: el tejido es tratado con un chorro de arena a presión que deja esas marcas blancas tan de moda. El problema es que este trabajo se realiza en pequeños talleres sin ventilación y a los obreros no se les ofrece ninguna protección. «Trabajábamos 12 horas al día, seis días a la semana. Ninguno teníamos contrato ni seguro médico», explican.

La arena llenaba los talleres y el polvo de sílice se instaló en los pulmones de los vecinos de Tasliçay que fueron a trabajar a Estambul. «La silicosis se manifiesta normalmente al cabo de 15 o 20 años de haber estado expuesto al sílice. Pero en casos de mucha exposición como estos, se producen fibrosis pulmonares en tres meses», explica el doctor Zeki Kiliçaslan, del Hospital Universitario de Estambul, que ha tratado a muchos de los enfermos.

«Un compañero enfermó y, al principio, los médicos no sabían que era silicosis y le trataron de tuberculosis. Se fue del trabajo y al final murió», relata Said. Era la primera vez que en empleados del sector textil se detectaba la enfermedad, más común entre mineros y obreros metalúrgicos. El resto de los trabajadores, asustados, dejaron sus empleos y regresaron a su tierra natal en torno al 2004. No tardaron en comenzar a sentir los síntomas de la silicosis.

Mahmut, como otros muchos jóvenes lugareños, ha quedado incapacitado: «Intento levantar un peso y no puedo. Entonces me deprimo. Voy a pedir trabajo y en cuanto conocen mi estado de salud me cierran la puerta». «Salimos por la mañana de casa, venimos a la plaza y volvemos a casa. Ese es todo nuestro trabajo y solo tenemos fuerza para eso», explica Said. En Tasliçay, dos de los trabajadores afectados por silicosis han muerto en los últimos años y otros dos aguardan la muerte postrados en sus camas. «¿Cómo es posible que con 25 años necesites una bombona de oxígeno para respirar?», clama Mahmut.

Otro problema es que, debido a que su trabajo se hacía sin contratos ni papeles de por medio (el 50% de la economía en Turquía es sumergida), muy pocos logran demostrar que se trata de una enfermedad laboral y recibir una pensión de invalidez. «Yo tengo a 11 personas a mi cargo y un informe médico que dice que sufro una minusvalía del 80%. Recibo una ayuda de 230 euros cada tres meses. ¿Cómo puedo vivir con eso?», se queja Said.

Cadena de subcontratas

Para más inri, aquellos que se han atrevido a denunciar a sus antiguos patrones no han conseguido nada. «El dueño de la fábrica cambió el registro de la propiedad y su nombre ya no aparece en ningún papel. Así que la sentencia fue contra nosotros por calumnias. Tenemos que pagarle 275 euros y las costas del juicio y no tenemos dinero. Ellos tienen mejores abogados y pueden hacer trampas», se lamenta Mahmut.

En toda Turquía hay unos 3.500 obreros de los talleres de sandblasting aquejados de silicosis, calculan sindicatos y médicos. Cuando la cifra oficial de muertes alcanzó las 40, a principios de este año, el Gobierno se decidió a prohibir el uso de esta técnica de blanqueado, por lo que la mayoría de las fábricas se han trasladado a Irak, Siria, Egipto y Bangladés. «Hay que entender que estos hechos no se producen solo por las malas condiciones laborales de Turquía, sino que se trata de algo ligado a la economía global –opina Kiliçaslan–. Todas las grandes marcas de moda han usado este sistema, aunque lo hacen subcontratando a una empresa, que a su vez subcontrata a otra y esta a pequeños talleres, por lo que es muy difícil pillarlas».

15 octubre 2009

Turquía y Armenia escenifican la reconciliación con un partido de fútbol (El Periódico)

ANDRÉS MOURENZA
ESTAMBUL

Turquía y Armenia disputaron ayer un partido de fútbol previo del Mundial 2010 donde el juego quedó en un segundo plano. Lo más importante sucedió en las gradas y en el palco, donde los presidentes armenio, Serj Sarkisian, y turco, Abdulá Gül, seguían los movimientos de la pelota juntos. Era el símbolo de las nuevas relaciones entre ambos países, cuya primera piedra puso el propio Gül el pasado año al visitar Ereván, la capital armenia, con ocasión del partido de ida entre las selecciones armenia y turca. «No estamos escribiendo la historia, la estamos haciendo», afirmó ayer Gül al anunciarque en el plazo de un año se darán «pasos importantes».

La de ayer fue la primera visita de un presidente de Armenia a Turquía con el objetivo de tratar directamente asuntos bilaterales –hubo otras antes, pero para asistir a reuniones de organismos internacionales–y, sobre todo, fue el primer acto conjunto tras la firma, el pasado sábado en Zúrich, de los protocolos destinados a normalizar las relaciones diplomáticas entre dos países enfrentados desde hace casi un siglo.

La oposición nacionalista turca continúa criticando el deshielo entre Turquía y Armenia, así como Azerbaiyán, aliado de Ankara y enfrentado con el Gobierno de Ereván. Ayer el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, recibió a una delegación de diputados azerís que viajaron a Ankara para protestar contra el acuerdo turco-armenio.

Para evitar incidentes, las autoridades turcas reservaron la mitad de las 18.000 plazas del estadio Atatürk de Bursa a sus propios invitados, y se prohibió introducir pancartas o cualquier bandera que no fuese la de los equipos en juego. Solo unos pocos miles de entradas fueron puestas a la venta en Turquía con el fin de impedir que la peña Texas, formada por seguidores nacionalistas del Bursaspor, el equipo local, copase las gradas.

«COMO TERRORISTAS» / Desde la mañana, numerosos aficionados se congregaron ante el estadio para exigir que se pusiesen a la venta más entradas. «Nos tratan como si fuésemos terroristas y lo único que queremos es ver a la selección», se quejó Can Menekse, nacido en Bursa.

A medida que se acercaba la hora del partido, grupos de jóvenes con banderas de Azerbaiyán se acercaron a los alrededores del estadio en medio de un ambiente tenso por la amplia presencia policial. Para los nacionalistas, Turquía y Azerbaiyán son «dos estados y una sola nación», por lo que el acuerdo con Armenia supone una traición a los hermanos azerís. «Creemos que Turquía está actuando de forma equivocada al establecer relaciones con Armenia sin que se haya resuelto la invasión de Alto Karabaj, por eso protestamos», explicó a este diario Polat, un estudiante azerí en Bursa.

Sin embargo, no todo fueron gestos negativos. Antes del partido se liberaron varias decenas de palomas blancas, símbolo de la paz, y los miembros de Sivil Gençler, una asociación juvenil que promueve la democracia en Turquía, hizo un recordatorio del periodista turco de etnia armenia Hrant Dink, asesinado en 2007 por una banda ultranacionalista. Las principales patronales de Turquía y Armenia se reunieron también ayer y acordaron «impulsar las relaciones económicas» entre los dos países, que aún son escasas debido al cierre de fronteras.

EL PÚBLICO PREFIERE LOS SILBIDOS QUE CANTAR UNA CANCIÓN DE AMOR

Existe una triste canción de amor llamada Sari Gelin –La novia rubia– común a la tradición popular de turcos, armenios y azerís. Era la melodía preferida del periodista de etnia armenia Hrant Dink, asesinado en 2007 en Estambul. El primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, pidió que se convirtiera en el símbolo del partido de ayer. «No importa quien la inventase, lo que importa es que al escucharla a todos nos conmueve», dijo Erdogan. Los deseos de Erdogan no fueron colmados. El ambiente en el partido fue tenso y los seguido prefirieron silbar al equipo armenio y cantar «Turquía, Turquía».